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Ideas y costumbres de otros países. E L AFGANISTÁN, Q U E EN N U E V E MESES HA T E N I D O CINCO REYES CABUL. MINISTERIO D E NEGOCIOS EXTRANJEROS (Conversación, tomada taquigráficamente, entre un europeo y un afgano. E L EUROFEO. -Francamente, no me entra en ia cabeza cómo han podido sublevarse ustedes en armas y exponer a su país a una terrible guerra civil, por el mero deseo de abolir las reformas políticas, sociales y religiosas del Rey Amarrallah. E L AFGANO. -Pues lo comprendería usted si se despojara por un momento de su propia mentalidad de occidental y se colocara- -como también aquí se dice vulgarmente- -en el pellejo de un afgano. No olvide usted que en el Oriente el sentimiento religioso es, generalmente, más fuerte que el sentimiento nacional, y el amor a la tribu más poderoso que el amor a la Patria. En ese sentido vivimos en el mismo estado que las tribus del Rif. Repito que en todo el mundo musulmán es así, pero en nuestro país aún más. En efecto, hace relativamente poco que existe una nación afgana; nuestra existencia nacional data apenas de un siglo. Antes pertenecíamos a la India, Persia y Bokhara. Además, no existe una nación afgana homogénea, en el sentido occidental de la palabra. Somos un conglomerado de tribus turcomanas, persas y afganas, con mezcla de sangre semítica. Los afganos propiamente dichos forman una minoría entre los diez TIPO AFGANO millones de habitantes del país, y el idioma oficial sigue siendo el persa. -Todo esto es muy interesante; pero no ha contestado usted todavía a mi pregunta. -A eso voy. Sin embargo, para contestarle tuve que exponer algunas particularidades de nuestra vida nacional. Pero, en el fondo, ¿qué le sorprende tanto en el levantamiento contra Amanullah? Hombre, ¿cómo es posible sublevarse contra un Monarca, inteligente y moderno, que quiere quitar él velo a la mujer y emanciparla? -Y o personalmente, no soy adversario de la modernización de nuestro país, y ni siquiera me asustaría un nuevo Mustaíá ¡vernal. Pero piense usted en la mentalidad ele nuestros aldeanos y pastores, que consideran que fuera de las prescripciones religiosas todo es pecado mortal. Quitar el velo a la mujer es para el musulmán fanático tan inmoral como sería para un occidental descubrir públicamente el busto de su esposa. Y siendo así, puede usted figurarse la indignación que se apoderó de mis compatriotas al enterarse, por noticias y fotografías, que en su largo viaje por Europa la Reina Suraya hizo admirar su belleza opulenta llevando trajes muy descolados y faldas cortas, que apenas- cubrían sus rodillas. Nuestra mentalidad no admite que un