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Intervíús extraordinarias. EN ARCACHÓN, CON UNA OSTRA DEL GÉNERO CHICO -No sé por q u é tenerme tanta lástima. N o contáis entre vosotros ostras académicas, profesores ostras, ostras comediógrafas, novios ostras, conferenciantes ostras y ostras de la Casa de la Villa, Vuestros pollos peras ¿n o están frecuentemente en plan ostra... Pues yo soy superior a toda esta gentualla. ¡Señora... ¡Señorita... Y o soy todavía una ostra infantil, arrancada de su vivero prematuramente. Y o debería estar sobre las tejas un año. Luego, ese hombre de los pantalones remangados y las abarcas de madera me llevaría al parque ostrícola, donde me haría adulta y donde a poco me convertiría en señora, dedicándome a velar por la conservación de la especie. A los dos años de llenar esta dulce misión, yo estaría suficientemente desarrollada, y entonces vendría ése hombre de la jábega y del bote, haciéndome creer que íbamos a dar un paseo por el mar... ¡Horrible e n g a ñ o! Sería para entregarme indefensa a ese monstruo del plato y del cuchillo, que ha devorado ya a tantas hermanas. mías, y que no se cansa t 2 de pedir docenas y docenas, ya de Marennes, ya de Ostende, ya del Cantábrico... ¡Terrible, terrible porvenir! E L CULTIVO D E L PARQUE Es decir, del género Ostrea edtdis, que es el género tipo de las ostras. Este verano pasado estuve en Arcachón, porque me lo permitió la salud de mi pesela. que no es tan mala como dicen. E n A r cachón, después de merendar en el restaurante de la playa y de visitar la isla des Oisseaux, ¿qué iba a hacer... ¡Aburrirme como una ostra! Esta reflexión me puso en camino de cumplir una de las imperiosas exigencias que tiene el periodismo contemporáneo: la información extraordinaria. E n Arcachón todo es ordinario, incluso las ostras. Sólo hay algo que puede ser extraordinario, y es hablar con una ostra. Heme, pues, en requisitoria para ello. Y satisfice mi deseo en uno de esos pares pow i ostreiculture, o elevage des httitres, que abundan en dicha gascona playa. Véase la foto. He aquí el pare, o criadero, que decimos nosotros, los de la caile Alcalá. Ese muro de tejas, sujeto por esos troncos de árboles, está achinado a detener en su marcha los huevecillos fecundados de las ostras. Tales huevecillos están dotados de la propiedad de agarrarse al primer obstáculo que encuentran en su camino, para allí crecer y desarrollarse. Ese buen matrimonio está lavando las tejas para librarlas de otros moluscos pegajosos que también se plantan encima e impiden que las ostras crezcan y fructifiquen a su sabor. Naturalmente, a su buen sabor. Pero no adelantemos los sucesos. F u é al varón de ese matrimonio al que abordé yo inmediatamente después de sorprenderle con e! objetivo. -Necesito una ostra de regular educación y cultura, para que pueda contestarme a unas preguntas. Sonrieron los dos cónyuges, mirándose. Después, la mujer introdujo una mano en el agua y! a sacó con una ostra verdecita, blanda, oliendo a marisco. N o le faltó m á s que acompañarla de una copita de Sauternes. Orgulloso con mi adquisición, fui a sentarme en la arena de la playa, junto a la desembocadura del rumoroso Leyre... E l ancho mar, el esplendente sol... Frente a estas grandes maravillas de la Naturaleza, un pobre ser, sobre mis rodillas, indigente, rudimentario, casi protoplásmico. Una voz misteriosa con rumores de caracol marino vino a rectificar estas filosofías. EL MATRIMONIO L A V A L S TEJAS PARA LIBRARLAS D E OTROS MOLUSCOS.
 // Cambio Nodo4-Sevilla