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PESCA D E LAS OSTRAS CRIADAS E N E L PARQUE Falso! ¡Viles calumnias de gambas y- -Bien, señorita; pero esa superioridad percebes, envidiosos de un prestigio y de de que usted alardea... -Indiscutible, caballero. Yo parezco un una aristocracia que no pueden igualar. E l molusco, y a veces resulto una perla de be- virus de esas enfermedades viene del agua llísimo oriente, y en cambio ellos figuran impura en que me tienen, de los fondos superlas y sólo son moluscos... Yo no tengo cios en que me almacenan... Y o soy absolucabeza ni cerebro, pero ellos tampoco; yo no veo, ni oigo, ni huelo, pero ellos ni ven, ni oyen, ni entienden, que es peor. En cambio, yo tengo corazón, que muchas ostras humanas no lo tienen. -Señorita, por Dios, no se meta en honduras... -Y también tengo fósforo, y ellos no. -Señorita, ¿también, chistes... -Y, lo más agradable en mí, según los gastrónomos, es la bilis; ¡a ver quién se atreve a probarle el hígado a cualquiera de esos. -Señorita, ¿también ironías sangrientas... -Además, puedo alegar mis valiosos servicios en favor del género humano. En esto np hay ser creado, animal o cosa, que me aventaje Puesta en el caso dé darm yo llego al summum de la abnegación y me doy toda, sin reserva alguna, sin él menor desperdicio. Me hago totalmente asimilable, y el hombre se apodera de mí, aprovechándome por entero para su economía. Ya ves: aunque cuesto cara, soy lo mejor para la economía. -Sí, eso dicen pero en cambio es usted vehículo de terribles enfermedades, como C O M O S E A T R A C A E S T E T E R R 1 I S L E H E L I O GÁBALO. (FOTOS KEYSTONE) ef tifus, y el cólera... tamente inofensiva, inocua y bondadosa. Ni muerdo, ni araño, ni succiono nada del hombre. N i me rebelo, ni huyo, ni enturbio el agua como el calamar, ni lanzo descargas eléctricas como el pez- torpedo, ni muerdo como el cangrejo, ni llevo tizona como el pez- espada para atravesar a ia gente. Y o vivo apaciblemente dentro de mis pliegues y repliegues, bolsas y lóbulos, entregada a la meditación y al nirvana, modelo dé perfectos filósofos y académicos. Y estas bondades me las paga el hombre persiguiéndome sin tregua y atracándose como se atraca ese horrible Heliogábalo de la fotografía. ¡Heliogábalo, que se comía veinte docenas en cada comida... ¡Y esos viejos sibaritas de los hoteles modernos, que no conciben cita de amor o de amistad sin el sacrificio de mis cuatro branquias y de mis cuatro piltrafas entre sus voraces dientes! Av. infeliz de m í! ¡Ay, infeliz de la que nace hermosa... ¡P o r Dios, señorita, usted se adula... ¿Q u é ¿Porque soy fea... ¡Ah Hasta en eso sois injustos conmigo. Yo no soy como esas eateriormente lozanas podridas al interior yo soy, por el contrario, culminación de vuestro viejo refrán: Debajo de una mala capa... Y yo que alimento, y yo que tonifico, y yo que doy fósforo y que me dejo asimilar completamente en holocausto, hermoseo también a vuestras bellas, y hagx la red de perlas que formaba la túnica de Cleopatra, y soy la desesperación de mis falsificadores, los chinos. Doy el nácar suave como carne de niño y guardo entre mis valvas el prodigio del iris, la canción de los colores m á s puros de la alborada. Soy sencilla y magnífica, soy modesta y sublime, doy- alimento al cuerpo y al espíritu, soy la obra más perfecta del Creador... -Señorita... ¡Caballero... ¿P e r o es que habla usted en serie. -M á s en serio que un filósofo alemán. Entonces, a la vista de tan desesperada vanidad y soberbia en animal tan pequeño, sacudí con Ja mano mis rodillas y condené a la ostra al ostracismo Y me vine de Arcachón para contárselo a ustedes. Luego, reflexionando sobre la vanidad de la Óstrea edulis, he pensado que en lo de creerse la obra m á s perfecta del Creador, alia se van ostras y hombres. ÍÜLIO CARMONA ESTE MORO D ETEJAS ESTA DESTINADO A DETENER ¡EN S U M A R C H A LOSHUEVECILLOS D E L A S OSTRAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla