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MADRID- SEVILLA 12 N O V I E M B R E D E 1929. NUMERO 10 CTS. SUELTO DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGÉS I M O QU IN T O N. 8.386 S REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, CERCANA A T E T U A N SEVILLA Le- han dado los hombres, retrayéndose cada vez m á s del matrimonio, que, a pesar de otorgarles por ley y por costumbre el papel de dueño y señor, se les ha hecho i n soportable mucho antes que a las hembras. ¡L o s hombres no se casan! ¡N o EJ egoísmo familiar Lá antigua organización familiar, hecha hay modo de pescar a un hombre para made actividad masculina y de sujeción fe- r i d o! Este lamento de la m a m á con niñas menina, ha podido subsistir mientras la mu- casaderas viene alimentando con situaciones jer ha creído que le traía cuenta, es decir, cómicas el teatro de hace ya casi dos geque v. alía la pe a de enajenar su libertad neraciones. L i varón no se quiere casar. H a y a cambio de la seguridad de la existen- que obligarle A matrimonio con todos los cia que le proporcionaba el trabajo, la pro- señuelos, artificios, estímulos y cebos de la tección y el dominio de un hombre. L o s sensualidad, del sentimentalismo, del honor tiémpps han cambiado: la mujer se ha des- empeñado, de la conciencia comprometida... cubierto a sí misma y ha constatado en si Y ellas, que van a la humillada esclavitud, energías, capacidades y posibilidades que son las que hasta ahora mismo han seguido antes no sospechaba y que han desperta- obstinándose en conservar la forma de unión do en ella el deseo y la voluntad de bas- tradicional. ¿Q u é quiere decir esto? Protarse a sí misma, de hacer su propia vida, bablemente que, a pesar de todos los pesade proteger a su vez, dé probar sus fuerzas res, hay en el matrimonio algo que es caren la batalla por sus ambiciones. Y na- ga formidable para el hombre e indudable turalmente, en el mismo instante en que se descanso para la mujer. Y este algo misha creído y sentido capaz de andar sin mu- terioso es, como ya hemos dicho, la resletas, le han molestado insoportablemente ponsabilidad. Aunque no siempre se den ni los andadores. L a obediencia ha desapare- uno m otro cuenta clara y exacta de sus cido del campo de sus virtudes y la sumi- propios móviles, la mujer se quiere casar sión ya no ¡e parece poética, sino humillan- para descargar en hombros ajenos el peso te. A mujer que gana su vida, no la suje- de la responsabilidad de su existencia, no ta a la tradicional esclavitud del matri- sólo en el sentido material de asegurar los monio sino el engaño mágico de un gran medios de subsistir, sino en el moral de deamor, enamorada, sigue jugando a esclava, cidir el camino y resolver el orden de la como juega a esclavo el hombre qu. ama. vida. Y el hombre rehuye el matrimonio Pero ese período de amor renunciante es porque le abruma de antemano el peso de breve calentura tanto en el varón como en otras vidas que ha de gravar la suya y ha de la hembra, y pasada la crisis, aunque per- cortar las alas a su aspiración, empequeñedure un gran cariño, no puede conseryar- ciendo (al menos él Jo cree así) sus mejores se sin envilecimiento el ansia de humilla- sueños, rebajando el nivel de sus ideales, ción e inmolación. U n hombre bueno y una sujetando a la tierra, con el plomo de las mujer n ble, que se han amado y que sinecesidades ajenas, harto m á s dolorosas y guen queriéndose, se sienten perfectamente iguales, y aunque es m á s que posible que urgentes que las propias, todos los geneles plazca ir de. la mano por toda la vida, rosos impulsos hacia las locuras desintereya no experimentan la absurda delirante sadas. Hasta cierto punto tiene el hombre razón. necesidad de arrodillarse el uno ante el otro. E n la forma tradicional del matrimonio, la L a mujer, en función de esposa y madre, ha mujer, por lo general, sigue creyéndose sido hasta hoy, desde luego, heroica, abneobligada, por la necesidad material (el hom- gada, capaz de incomprensibles e incompabre gana el pan que ella, por ignorancia, o rables sacrificios... pero por los suyos... por pereza, es incapaz de proporcionarse y Su heroísmo, hasta la hora presente, no ha por la gratitud a representar el papel de solido traspasar las fronteras de su propio amante sierva. Pero es una comedia llena de hogar. Su virtud conservadora no se na derebeldías v de tiranteces, tan humillante; tan tenido, su conciencia no ha solido alarmarse envilecedora, que en no pocos casos llega ante ningún crimen social si redundaba en a trocar el mutuo amor pasado en ló qué beneficio de su hogar, de sus hijos, de ella bien pudiéramos llamar aborrecimiento cor- misma, en definitiva, puesto que del hogar y dial. L a mujer que puede y quiere bastar- de, los hijos había hecho la razón de su se materialmente á sí misma, tarde o tem- existir. Pocas esposas se han parado hasta prano rompe la cadena... hasta ahora con hoy a considerar el origen del bienestar dodolor, porque el caso es nuevo, la tradi- méstico logrado por el hombre, y casi toción fuerte, y porque la lucha y la compe- das han tenido por irreprochable al esposo tencia por las profesiones y puestos lucra- que ha sabido rodearlas de holgura y contivos aún no han perdido el carácter l e de- sideración social. Los grandes crímenes ecosafio por parte de ellas, de concesión forzó nómicos, que son la llaga de que se muere sa y forzada por parte de ellos. Pero ya está nuestra civilización, no hubieran podido peraquí el día en que la vieja relación conyugal. petrarse si las mujeres no hubieran acogique va no es sino forma externa y vacía. do con aceptación, no sólo absolutoria, sino se ha de transformar en una unión de igua- santificadora, todo billete de Banco que enles, de por vida o de por tiempo (eso de- traba por mano del marido en la caja de penderá de creencias y conveniencias que caudales doméstica... L a mujer ha refinado en nada han de afectar a la igualdad en de- v magnificado. el tremendo egoísmo familiar; recho de los esposos) con muchas conce- no le ha bastado, por lo genera! el pan siones, desde luego- ¿qué humana relación de cada día, lo necesario cotidiano; ha neno las exige si quiere perdurar? pero con- cesitado y queiido acumular hasta lo susentidas por ambas partes con l i b e l a d aria- períluo futuro, y ha dado a este vicio de loga. Esto podrá agradar o no agradar urraca denominaciones tan respetables y ellos y a ellas, pero es inevitable. Y no son l conmovedoras de amor maternal, previsión las mujeres ias crae han dado el primer paso y cordura, que hasta a sí misma se ha llepara esta modificación de la relación mutua. gado a engañar, y se tiene por santa, partiendo entre sus hijos el botín del bando- N U E V A S CARTAS A LAS MUÍ ERES lerismo a la moderna que practica su adorado esposo en la gran industria, en la alta, baja o media política, en el sacrosanto comercio, en la eminentísima finaliza. E l hombre siente, unas veces clara, otras confusamente, todo esto, y aunque de hecho entra en el círculo moral- familiar de la mujer y procura con todo su esfuerzo ponerse a nivel de la exigencia femenina, le duelen en el fondo las concesiones (así las llama él pudorosamente) coi. que sacrifica un ideal m á s alto de justicia. N o es que él sea santo de. nacimiento en el orden económico; pero su espíritu es curiosa mezcla de individualismo exacerbado y humanismo irreprimible. Dicho de otro modo: el hombre es egoísta en la voluntad y altruista en la acción. O de otro modo a u n le gusta hacer en toda ocasión lo que le da la realísima gana; pero lo que le da la rca! ís; ma gana de hacer suele ser generoso y esencialmente justo. A la mujer, por el contrario, suele importarle poco sacrificar la satisfacción exterior de la voluntad con tal de conseguir el fin que se ha propuesto. E l hombre da, la mujer compra. E l precio de las cosas no le interesa y no suele contar, a no ser obligado por la necesidad extrema, ni el dinero, que gana ni el que gasta. P o r eso le indignan, por mezquinas, las economías familiares, y le aterran, por incomprensibles, los gastos domésticos. Uno de los agravios fundamentales de la esposa, uno de los primeros problemas que ha pue to sobre el tapete el feminismo de Norteamérica, país, sin embargo, en que los hombres ganan con abundancia y tienen a orgullo sostener fastuosamente a la mujer, ha sido precisamente la avaricia para el gasto casero del hombre, que, fuera de casa, gasta generosa y aún fantásticamente. L a raíz de este conflicto, que envenena la vida de infinitas parejas, está en que a hombre- -ser social- -le duele consagrar todc el fruto de su actividad al reduci círculo que forma su hogar. Sin tener siempn plena conciencia de ello, y errando no pocas veces en la distribución, quisiera qw lamies de su vida, sirviera para fin má? amplio que el de alimentar una incubadora. G. M A R T Í N E Z SIERRA SANTUARIO S España E l libro es de gran tamaño, anchuroso. E n la blanca, brillante portada pone; H ¡santuario de- San Miguel de Excelsis (Navarra) y su retablo esmaltado. Los nombres de los autores: S. Huici y V Juaristi. Y a continuación esta advertencia; Estudio comparativo entre los esmaltes de San Miguel y los más importantes que existen en España y en el extranjero E l Sr. H u i c i es autor del texto- -texto erudito, fervoroso- y el Sr. juaristi se ha encargado de las muchas e interesantes ilustraciones. Desde esta página anchurosa, brillante, de la portada, como de un aeródromo, la imaginación resbala poco a poco, cual un aerop ano, 3 se eleva en la atmósfera de España. De la amada España. Y a en la altura, la mirada va escudriñando lentamente, con viva delectación, todo el tesoro arquitectónico de la Patria. Maravilla de diversidad y de riqueza, ésta de los monumentos religiosos espa- f