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BARCELONA. E N EL HOSPITAL D E LA CRUZ UN GRUPO DE MTEMP. ROS DEL PRTMFR CONGRESO 1) K I. A CATÓLICO DE BEXRFICKXCTA T. I RRF. N I S) HE! VA ÍFOTO ROJA AL l l! A F TAT! XACIOXAI fióles, l i l área de España se divisa abajo, cuajada de bellas, espléndidas edificaciones. Primero, los ojos atisban las Catedrales; Catedrales inmensas, tan distintas de las severas de otros países; Catedrales pobladas de Santos y de Vírgenes en capillas y altares puestos a! pie de una columna; todo un mundo de capillas con sus verjas, y algunas con primorosos sepulcros de alabastro; capillas que suelen ser tan grandes, algunas, como una pequeña iglesia. Y luego, los claustros, y los patios con sus jardines, en que crecen rosales y se elevan majestuosos los cipreses. Catedrales de Burgos, de Sevilla, de León, de Toledo. Catedrales fortalezas, como las de Sigüenza, Zamora v Avila. Contemplamos desde arriba un momento las Catedrales, y pasamos a las Colegiatas. Cien Colegiatas distribuidas en cuarenta diócesis: todas insigues, menos la de Santos Justo y Pastor, en Alcalá de Henares, que es magistral. Después la mirada recorre las iglesias incontables desparramadas por el suelo de España; iglesias góticas, iglesias grecorromanas, iglesias barrocas. Muchedumbre tle iglesias en las ciudades y en los puebletitos. Iglesias cargadas de riquezas arquitectónicas e iglesias desnudas, limpias, franciscanas. A continuación escudriñamos los conventos con sus templos correspondientes. Conventos como el de Santo Tomás, en el ruedo de A v i l a con el sepulcro del infortunado príncipe D. Juan, el hijo de los Reyes Católicos. Cuando murió este príncipe, cuenta Rodrigo Méndez de Silva, cu su Ca- parecen fríos y compuestos. E l Sr. Huici, iñlogo real, se vistió por primera vez lo ne- en esta simpática apología, no habla por gro como luto. Después de los conventos, la cuenta propia; se limita a citar- -para mamirada, que va recorriendo amorosamente yor imparcialidad- -lo que de nuestra arquitoda España, se detiene en los santuarios y tectura religiosa dicen grandes autoridades en las ermitas. Acaso estos santuarios están extranjeras. España, por ejemplo, ha aboconstruidos en lo que se llama un desierto, vedado sus iglesias dos siglos antes que lugar apartado y esquivo, propio para la vida Francia, y la arquitectura de la Francia contemplativa. Desiertos del Cambrón y el central y meridional en el siglo x i es caRosal, en Cuenca; de Bolarque, en Guada- talana. E l monte Aralar. Bello, sonoro nombre. lajara; de las Palmas, en Valencia; de Cardó, en Tarragona. Los santuarios y las er- E n la cumbre del monte Aralar, en Navamitas, también situados en montañas frago- rra, el santuario de San Miguel de Excelsis. sas, en las cumbres y cejas de los montes. L a subida, nos dice el Sr. H u i c i que es peCuando ¡a mirada acaba de contemplar es- nosa. Cuando llegamos a l a cumbre, lo pritos santuarios, se detiene, por último, en los mero que vemos es la cabecera del santuahumilladeros. L a Creu cubería; la Cruz cu- rio. Y añade el autor: E s t á formada la cabierta, de las tierras valencianas; los humi- becera por los tres ábsides, viéndose en el lladeros y los calvarios; de los calvarios es- central tres ventanas, tímidamente abiertas tábamos a punto de olvidarnos. L a Creu cu- en los muros y una en cada uno de los labería; en un airoso pilar una cruz de for- terales Tres ventanas tímidamente abierjado hierro; cuatro columnas y un tejadillo. tas. E l adverbio tímidamente nos atrae. Las A lo lejos, el pueblo, y antes de entrar en veníanitas tímidas nos miran al vernos apael pueblo un descanso en las gradas de pie- recer en la cumbre, y nuestra mirada no puede separarse de esas veníanitas tímidas. dra en que se asienta el pilar. España posee una riqueza inmensa en edi- Y cuando estamos dentro de este santuario ficios religiosos. España lleva ventaja a las- -que se remonta a! siglo v m- -n o podemos demás naciones de Europa en el carácter de resistir la tentación, rodeados de silencio y sus arquitecturas. E l Sr. H u i c i en las be- de paz, de acercarnos a una de estas veníalias páginas de la introducción al libro de nitas y echar una mirada por el paisaje. que hablamos, estudia este punto de la pri- Como estas ventanas angostas hay machas macía arquitectónica de España en Enrona. en los santuarios e iglesias de España. ¿P o r Cuando se ha gustado nuestro arte, los de- qué causa serán tan estrechas estas veníamás, los de Francia e Italia, por ejemplo. nitas? U n poeta va a decírnoslo; un po ta, A
 // Cambio Nodo4-Sevilla