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iDQDQDDaDDaaoaDDQDDQaDDDaaaDnDaDDaQaDaOoaD S o m b r e r o s fieltro e l e g a n t í s i m o s a. S pesetas. K O N T E X J E O N S 5. primero derecha. -u p JÍL Compañía del Ferrocarril Sanfanisr Mediterráneo m II i S I É G A L O S T niños DE REYES B o l e t í n a recortar. F r a n q u é e s e con 2 cents. SECCIÓN D E CONSTRUCCIÓN H a b i é n d o s e t e r m i n a d o l a m a y o r p a r t e de l a const r u c c i ó n de este f e r r o c a r r i l l a C o m p a ñ í a que antece- de pone en v e n t a u n a g r a n p a r t e de m a t e r i a l e s u s a dos, p r o p i o s p a r a l a c o n s t r u c c i ó n de f e r r o c a r r i l e s y obras p ú b l i c a s en g e n e r a l c o m o s o n Excavadoras mecánicas. Material Decauville. C o m p r e s o r e s de aire. Tractores a gasolina Hormigoneras. Automóviles. M a c h a c a d o r a s de p i e d r a Camionetas. Tableestacados. Camiones. M á q u i n a s fijas de v a p o r Remolques. Calderas. Motocicletas. M o t o r e s aceites pesados. Carros, Motores eléctricos. e t c é t e r a etc. P a r a m á s datos, d i r i g i r s e a l D e p a r t a m e n t o C o m e r c i a l de l a C o m p a ñ í a d i c h a A p a r t a d o n ú m 51, B u r g o s Paseo de Francia. S A N S E B A S T I A N R e m í t a m e c a t á l o g o y c o n d i c i o n e s de Nombre A. poliiüos Profesión C a l l e de Población Provincia núm ¿B. fe fcjfefo i K t ü u r U A r i y remitir este Doietm sen g eeián y ie enteramos el catálogo de l o o o a naasssi 5 ESEsa es ao 5 NO ¡VÍAS C A N A S ni cabellos d é b i l e s A Laboratorio Central e Medicamentos di Sanidad u f e EMBM DQRES, 85 Necesitando este C e n t r o a d q u i r i r X e o s a l v a r s á n se a n u n c i a p a r a g e n e r a l c o n o c i m i e n t o de los que deseen presentar proposiciones, debiendo tenerse p r e sentes las c o n d i c i o n e s que se h a l l a r á n de manifiesto h a s t a las once h o r a s d e l d i a 2.1 del a c t u a l -M a d r i d 8 de n o v i e m b r e de 192 3 -E l director, Antonio Casanovns t u EJ r a i K r s c s B a n p a a a ágaia d Spug ra Depósito: Farmacia Rom á n y Saco, Orense. E n Madrid: Urquiola y farmacia Gajoso. TODOS L O S F A B R I C A N T E S D E MUEIVf. ES E ESPASA les i n t e r e s a vender sus m u e b l e s desde los m á s econ ó m i c o s h a s t a los de m a y o r p r e c i o en el suntuoso h o t e l D E V Y S. de S u á r e z Ser. en lo m á s c é n t r i c o de M a d r i d E n v í e n c a t á l o g o s precios y c o n d i ciones a l H O T E I i IX E V Y S. M a r q u é s de C u b a s 11 MADRID 47 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 49 7 ele padre, procurando reducirla a la comunión católica. Y o no sabía hasta qué punto era para mí terrible la ejecución de este mandato. Y o no sabía que iban a duplicarse mis tormentos, que yo creía ya insuperables. Acudí al superior, le pedí permiso para trasladarme a Corfú como misionero católico, y el superior me concedió el permiso y partí, yendo a hospedarme en el monasterio de frasciscanos que existía en Corfú, no lejos de la casa en que yo había conocido por primera vez a Krasna, en que dos años después l a había asesinado. Cuando mi venganza arrebató sus padres a Zinca, podía decirse que ésta estaba recién nacida. Cuando volví a Corfú, María Zinca Karuk tenía ya ocho años, y estaba tan desarrollada y tan hermosa que parecía una mujer con la frescura y la juventud de una. niña. Y o no podía haber sospechado aquello. o fui a ver a Zinca con eí amor de un padre, y cuando la v i Krasna dejó de ser para mi un fantasma. Krasna se me presentó viva, encantadora, y más pura y más hermosa en su hija Zinca. Entonces me arrepentí de mi confesión al Papa, de mis penitencias, de haber contraído el orden sacerdotal. Ardió e n m i alma la tentación terrible de arrojar lejos de mi los hábitos, de correr al Cauca so, de presentarme en medio de mi tribu a caballo. y armado, y reclamar su obediencia, venir con mis indomables tártaros a Corfú y apoderarme de Zinca. Pero tuve miedo al rayo de Dios. Porque la justicia de Dios es infinita y da siempre un castigo igual a lo horrendo de los crímenes de los. hombres, Pero no pude lanzar de mí el amor maldito que aquella inocente me inspiraba. Y sin embargo, tuve valor para sepultar en e fondo de mi alma aquel amor horrible. Tuve valer para convertirme en padre de Zinca. Para protegerla con el prestigio que me habían dado en la isla de Corfú mi aspecto penitente ascético, lo consolador de mis palabras y la caridad, hipócrita con que acudía a los socorros de los pobres y de los desventurados. Tal variación habían operado en mi ios terribles sufrimientos de nueve años, desde que fui tenido por muerto hasta que volví a Corfú como misionero católico, que, a pesar de haber sido gobernador de la isla, no me reconoció nadie; ni aun el mismo Nossur, que había estado a mi servicio como jefe de ¡a guardia tártara de Krasna, y que era entonces gobernador de la isla a nombre de su señora M a r í a Zinca Karuk. Además de eso, yo había ocultado mi nombre; sólo se me conocía bajo el nombre del padre Giuseppe. De tiempo en tiempo yo volvía a Venecia y a mi convento, llevando a él la noticia de la conversión al catolicismo de algunos griegos cismáticos. Esto aumentaba la veneración con que me miraban los monjes mis compañeros, que propalaban mis triunfos por la fe y aumentaban en Venecia mi loa de santidad. Permanecía en Venecia algunos meses, y luego volvía a Corfú al lado de Zinca. Así pasaron algunos años, hasta que Zinca cumplió quince, creciendo de año en año en hermosura, y creciendo mi infernal pasión por ella; pero siempre oculta, y cuanto más oculta, m á s terrible y más corroedora para mí. Parecía que el cielo daba fuerzas a mi alma y a mi cuerpo para que la locura no se apoderase de la una o el dolor insoportable no destruyese el otro. Parecía imposible que mis sufrimientos creciesen, y crecieron, sin embargo. N o bastaba que yo amase a Krasna muerta en Zinca viva. N o bastaba ¡a rabia de que Zinca fuese hija del hombre amado por Krasna. E r a preciso que yo sufriese en silencio los celos del amor de Zinca a otro hombre. Acababa de cumplir Zinca sus catorce años cuando se presentó una almadía náufraga, arrastrada por las olas en dirección a las rocas de Corfú. Se acudió de tierra a su socorro, y todos corrimos hacia la playa para llegar antes de que la almadía se estrellase en las rocas. L a mar estaba brava y era de temer que no pudiese salvarse a los náufragos. Y o veía con placer aquel buque arrastrado por la furia del mar, impelido por el huracán, que se acercaba rápidamente a las rocas. Y o no siento la caridad, yo no la he sentido nunca. Me impongo su práctica como un tormento como el que, herido de muerte, desesperado, se desgarra las heridas con las manos, pretendiendo morir más pronto. A r r o j é mis hábitos y trepé a ía carrera a lo alto de las rocas. A l llegar yo a la punta saliente de una de ellas, la almadía se estrelló en ios peñascos inferiores. U n golpe de mar arrastró consigo a U tripulación, y yo me arrojé a las olas, así a uno de aquellos náufragos, que sin mi socorro
 // Cambio Nodo4-Sevilla