Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. MIÉRCOLES 13 D E N O V I E M B R E D E ig 29. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 22. y a la persecución del octogenario apóstol del Apocalipsis. Se hace una señal por el Editor de la fiesta, y la multitud grita: ¡Los cristianos, los cristianos! Desde el Spoliatorium llega hasta el circo el eco melodioso de un himno en que los condenados a las fieras invocan al Salvador. Es la etírofa de la libertad que, oprimida por el dolor, presiente ¡a gloria; es la arenga de la muerte: confesar a Cristo. Hace un mes ha tenido un niño en la misma cárcel del Anfiteatro. ¡Pobre madrecita! -dice Casio con lágrimas en los ojos. De repente, por un sistema de trampas ingeniosamente construidas, aparece en la arena un hermoso leopardo. E l animal está hambriento, y a poco de ver la luz del circo busca con cautela a Myriam. La multitud, admirada de la belleza de la esclava, ve con emoción singular el traidor acecho que el felino prepara. Se produce en Tú eres el Buen Pastor, la multitud un silencio dramático. en el supremo instante En el Spoliatorium suena entonces el llévame a Tí, Señor... llanto de un niño pequeño. Myriam abre los ojos, cuajados de lágrimas. Como el Antonio y Casio se conmueven. E l Emniño llora desesperadamente y el silencio es perador tiene una sonrisa forzada, y un profundo, la voz de la criatura se oye en poeta cortesano dice: César, no me gusta que esta gente todo el circo. ¡Es su hijo! -dice, conmovida, una muera cantando! -Las fieras le quitarán la música- -dice matrona romana que está en el cnbículum con Domiciano. E l Emperador sigue impael Emperador. sible. Casio no puede contenerse, y exclama en voz alta: Allá arriba, en la última grada, le grita- -Las fieras no pueden hacer nada en la una voz enérgica: armonía de los corazones... F i e r a, acuérdate de tu hermano Tito! La arena se llena rápidamente de serviE l corazón de la multitud se divide en dores del circo que siembran de cruces el dos bandos: uno, quiere salvar a la esclasue. o. Es un bosque de palos donde van a va por su belleza; otro, quiere seguir la colgar a las víctimas. Tiene cada cruz la trágica aventura. altura de un hombre. La multitud mira con avidez aquellos preE l leopardo, que está encogido como un parativos siniestros. Suenan tres golpes sogato enorme, resuelve la cuestión lanzánbre un escudo y aparecen dos hombres emdose de un salto contra el cuerpo estatuario pujando a una joven desnuda, a la que de Myriam. La zarpa del africano pone en amarran con cuerdas a una cruz. L a cruel pecho de la hebrea la gran banda roja de cificada alcanza con los pies a la arena. la legión de Cristo. La púrpura mártir coEs bellísima, y el pudor le hace cerrar los rre por la nieve del busto. E l hocico, nerojos... vioso, bebe sangré. E l pecho de la víctima palpita moribundo, y el animal, guiado por Antonip habla con su compañero, y le una fuerza misteriosa, huye al otro extremo cuenta que aquella pobre víctima es M ydel anfiteatro, donde se enrosca en el suelo. riam la hebrea, que va a morir ahora por A Myriam le resplandece en su agonía Iá moribunda frente. ¿Qué ve la mártir sobre la luz del sol que se filtra por el velarimnf Ve una legión angélica que trae una corona de rosas inmortales. Jesús tiene los brazos abiertos con una ternura infinita de amor. De pronto, por la puerta de las víctimas, sale un cristiano con un niño en brazos, y sin que pueda evitarlo nadie pone la cara del pequeño en los labios de la madrecita, que se. muere en la emoción de aquel último beso. Casio, transfigurado, radiante de fe y de indignación, grita: -Domiciano, mira bien el rostro de Myriam, para que lo conozcas luego delante de Dios. Domiciano alza los hombros con indiferencia. Una multitud de mártires invade la arena para morir en las cruces, cantando: Tú eres el Buen Pastor, en el supremo instante... E l poeta de las adulaciones imperiales grita: ¡Eh, maestro lanista, que no cante esa gente, que no cante! ¡Me hace daño! Y el himno seguía tan grande, tan robusto, que a mí me despertó de mi sueño, trayéndome a la realidad de las piedras rotas de ahora, que son como un testimonio de lo que tiene que sufrir la humanidad para perfumarse un poco con el santo perfume de Dios. E l acto, lleno de brillantez y de emoción, constituyó por la ternura de su contenido espiritual- -de que tan legítimamente orgullosas pueden estar las damas ilustres que lo organizaron- -uno de los episodios más, simpáticos y aleccionadores entre los sugeridos al calor de esta obra imperecedera de la E x posición Iberoamericana. Representante en España: Antonio Paig, Barcelona, Valencia, 293.
 // Cambio Nodo4-Sevilla