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roíesión de zapatero para convgitirse en ipo popular. De ello vive, y con holgara. Sevilla se paga ese lujo. Le ha prestado su ingenio y emplea a Don Julio en su servicio. E s tus Don Julio decimos por alusión a! amigo que se hace el loco D o n julio llamábamos al Niño de la Pahua, por t ¡Ríón a su desgana ante los toros. Don ful: o aquí y Don Ttrlio allá. A todas ias lloras y iodos los días el irascible extremeño está en labios de bromistas, chicos y erandes, hombres y mujeres, ricos y po- loco, me dan para curarme ía locura intermitente del bolsillo. Pero me escaparé de aquí, cerno la oirá vez. Y a lo verán éstos. N o puedo vivir aquí, porque me muero. Cuando saiga, me marchar é a mi tierra, hasta que me olviden en Sevilla. Imposible arrancar a Don Julio un rasgo de humor. L a celda del Manicomio le ha arrebatado su proverbial locura. Ahora -u obsesión es huir, como sea y adonde sea. Su locura no resiste la prueba del encierro; necesita, para su expansión, el libre deambulen por las calles de Sevilla, rodeado de muchachos, requerido por los mozos y por ios señoritos, burlado por las mujeres y con dgunas pesetas en el bolsillo. Hace contiguamente la señal de la cruz para ahuyentar a ios espíritus maléficos que en el Manicomio tienen guarida. Está triste. Acostumbrado a comer suculentamente, el rancho del Manicomio no parece hecho para su paladar, demasiado exquisito. -M e escaparé, me escaparé, si los sevillanos no vienen en mi auxilio. Y me marcharé a mi pueble. T a l es su cantinela. No es posible arrancarle otras palabras. iques nuestro Don Julio- -nuestro, porque Sevilla lo ha creado- -acaba de pasarse una temporadita en el manicomio. L o supimos por un requerimiento angustioso- -S. O. S. -que desde allí nos dirigió: A l pueblo sevillano- -decía- al señor marqués de Nervión, a los socios de la Fiambrera, a los señores... (y aquí una lisia interminable de conocidos casinistas se v ¡llanos) a todos, ruego que me quiten la. locura intermitente del bolsillo y me saquen de aquí v me devuelvan a mi Sevilla. I ué la voz de alarma: ¡Don Julio eii el manicomio! Y nos dimos a recordar ias proezas que toda Sevilla conoce y ha comentado tantas veces: sus reyertas con la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la ancianidad; sus requiebros a las mujeiiN- siempre honestos, ¿eh? porque yo sé cual es mi sitio sus generosos donativos a los pobres; su infatigable deambular por ias calles sevillanas, en el mes de agosto, cu, la capa sobre los hombros, como en enero; en fin, todas esas anécdotas, verdaderas o inventadas, que el pueblo relata. Y nos fuimos a ver a Don Julio. Y Don Julio se ha fugado, en efecto. Con r. H a sido, realmente, una fuga, o -qno se ha curado la intermitente- enajei ación del bolsillo que le hizo maltratar en etiNt de Laianda, a palos, a un taurófilo V- sol? L o cierto es que Don Julio no está en el Manicomio. ¿Y en Sevilla? ¿S e habrá fugado también de Sevilla? Esperemos verlo pronto, armado de su cruz y su cayada, con DON JULIO la capa a cuestas, el sombrero mugriento, re- ¿P e r o qué le pasa, hombre? ¿Q u é hace usted aquí? loco? Lo que yo tengo es una locura inter- partiendo mandobles o lanzando requiebros- ¡Av. qué desgraciad ito! Aquí me tienen iaiteiite, pero de! bolsillo, y nada más que a las chicas guapas, encerrad, como loco. ¿Mire usted que yo úcl bolsillo. Luis C A L V O- Pero cómo ha entrado usted aquí? -Pues muy senciliito. Y o no he entrado; me han metido: que fui a los toros mi domingo, y como se metían con Laianda, que es un gran torero, no me lo niegue usted, y que, descontando al pobrecito D José de mí amia, que en gloria esté, y que nadie ha podido igualar, porque aquél era el único, y Dios le tenga en su seno, a nuestro don Joselito, que era un caballero muy cabal... Bueno, pues yo fui y defendí a Laianda. porque e! toro era muy ma ito y tenia unas intenciones... Bueno, pues yo dije: Bajar ustedes si se creen que es tan fácil Y como había bronca, uno me dio un empellón, y entonces yo cogí mi cayada v la emprendí a palos. T o t a l que me metieron preso, y luego al manicomio. ¿Qué le parece a usted? ¿Pero es que estoy yo loco? f -Y a ha venido usted por aquí otras veees, ¿n o? -Sí que he venido, sí, señor: y por eso quiero marcharme. Oue ios locos no son muy buena compañía. Y yo quiero estar suelto por Sevilla. Dígamelo a mis amigos; que no me dejen abandonadlo; que yo no hago mal a nadie. Y hay por Sevilla muchos que debían estar en mi lugar. ¿E s t á usted o no está usted loco? mm- -e s t o y loco cuando no tengo dine ro. E l bolsillo se pone loco, pero yo, V i r i l gencita de mi vida, yo soy cristianísimo y p devotísimo, y hago obras de caridad. Como ¿l o s señores me regalan toda su ropa, yo la reparto entre los pobres. ¿Q u e alguna vez digo cosas a las chicas? ¡Dios las bendi... g Me lo mandan ios señores, y nunca digo m á s que: ¡B e n d i t a s sean tus hechuras F Y. eso porque son l? s novias de los señores. ¿Y de qué vive usted, Don Julio? -Pues ae hacer recados a los señores, y de lo que cae por ahí. Algunos me dan un duro, otros una peseta, otros nada. Les hago HACE CONTINUAMENTE LA SEÑAL D E LA CRUZ PARA A H U Y E N T A R A LOS ES- PIKITUS MALÉFICOS r 0 í 3 a an v c c r n jj o (c n q CK y CON SU CAPA A CUESTAS, REPARTIENDO MANDOBLES O LANZANDO RKQU) ÜBTÍOS A LAS CHICAS CLARAS, (FOTOS SERRANO)
 // Cambio Nodo4-Sevilla