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ABC. JUEVES 14 D E N O V I E M B R E DE 1929. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 rá, de Rusiñol de Iglesias, de Pompeyo Gener, y las Hodernísimas de castellanos y cata anes eminentes sentíase más que nunca el orgullo de ser español, de pertenecer a este gran pueblo una de cuyas glorias y magnificencias es Barcelona. A N T O N I O DE H O Y O S Y V I N E N T Barcelona, noviembre, 1929 hubiera ésta llegado a imponerse. Y cuanta se elogie el devoto trabajo de Underhdi en favor del arte dramático de la España Je hoy en los Estados Unidos siemnre era muy poco. Underhill fué quien abrió las puertas de Norteamérica a los dramaturgos españoles: Echegaray, Quimera, Benavente, los Quintero, Martínez Sierra. Orberá. López Pinillos, no hubieran llegado a estrenar aqui obra alguna en inglés, sin ¡a cooperación, directa o indirecta de John Garrett Underhill. Lástima que Underhill, consagrado ahora a la magna tarea de traducir y publicar todo el teatro de Benavente, no pueda hacer también las otras traducciones, no siempre muy plausibles! Porque Underhill traduce escrupulosamente y con supremo gusto, y es su higlés tan castizo, que hasta en Inglaterra se le reconoció como estilista de los más admirables. K re Más allá, del otro lado del mar Negro, el Asia, con sus milenarias supersticiones, cierva el camino a la comprensión y a la tolerancia. Estas son las avanzadas de una cultura universal. Desde aquí ya puede emprenderse la nueva cruzada de civilizar el Oriente, perezoso y brutal; de extender la c a r a del espíritu. Luego, a Rumania alcanza otra encomienda trascendental Con Ja experienc a viva de su reforma agraria hi: demostrado que puede hacerse la justicia al sin el nesgo de una revolución. Que vengan a estudiarla los economistas ¡os sociólogos. De toda Europa no conozco un país ungido de más espléndido pervenir. Q. S A L D A N A Bucarest, noviembre, 1929. A B C EN NUEVA YORK Una batalla más... QUE DEL FUE EL EN DÍA BAR- LIBRO CELONA Una jornada simpática A l g o admirable, extraordinario, fué la Fiesta dei Libro en Barcelona. No sé qué recepciones, qué veladas o qué ceremonias oficiales señalaron la fecha, n i a decir verdad, me importa gran cosa; me interesa y apasiona la intensidad, la pasión, el calor espiritual que en lo de popular tuvo el festejo. Que SÍ interesen por el libro aquellos que del libro hicieron su oficio y su razón de ser, tiene una importancia muy relativa (y son los que en Academias, Universidades, Institutos o x teneos lo celebraron) que atraiga a la masa culta es ya más sintomático, aunque no realiza un ideal; lo interesante, aquello que merece la atención, que trae consigo un esfuerzo vigilante, una corriente acogedora por unos, de aproximación por los otros, es que el pueblo, el vulgo si se quiere, las gen tes trabajadoras, se acerquen al libro, se preocupen de él, sientan su curiosidad y su de seo, y, lo que aún es más, el respeto del mismo. Y la primera vez que he visto algo que representa a modo de festejo o romería popular atañente al libro ha sido en Barcelona. N o voy a hablar de los esfuerzos de- todos los que del libro se ocupan, desde los mas modestos, los que poseen puestos de periódicos en las Ramblas, que realizaron magnifica ¡abor con venta extraordinaria, bien organizada y encauzada de libros, hasta los grandes libreros. Y el público, el gran público, les secunda, nt sólo acudiendo y comprando, sino en su compostura y cuidado, sin romper, manchar ni maltratar. En los lugares citados de venta veíanse toda clase de libros españoles, desde núes tros clásicos, a los grandes autores cátala nes; desde el Don Quijote, en castellano y er ¡su traducción al catalán, a La Atlántida. Porque cuanto más nos elevamos, cuanto más abarca el punto de visión, más se empequeñecen cuestiones... locales, digámoslo así. E i patriotismo es una cosa, las luchas provincianas de pequeños intereses y pequeñas vanidades, otra. N o basta que un literato catalán se sienta despechado porque cree que en Madrid lo posponen; ni que un fabrican 1. de paños castellanos odie a Barcelona porque su comercio es floreciente; todos y todo caben en la gran nación española. Justamente dos ejemplos admirables se han dado aquí: uno. el Pueblo Español de la E x posición, maravilla de concepción y realiza, ción de una síntesis española; otra, esta Fiesta del Libro, que tan alto habla de la cultura del pueblo barcelonés, del español entero Y en el espectáculo del público, del gran público, que compraba con fervor el Don Quijote, las comed as de Tirso v Moreto, las obras prodigiosas de Verdaguer, de Guime- Palpitante y creciente, en el Lyceum, ei éxito rotundo de A Hitndred Ycars Oíd (El centenario, de Serafín y Joaquín A l varez Quintero) -y a la vez que la Ar ¡entina obtiene, en et Town H a l l un nuevo e ¿Y cuál ha sido ahora la actitud de los insólito triunfo, sin precedentes y de ilimi- críticos ru equinos ante el reestreno de tados horizontes- -en el Hampden se ha ce- The Bonds v ¡nterest? Siendo esos críticos, lebrado el reestreno de The tíonds oj Inte- en su gran mayoría, los mismor de hace d. ez rest (Los intereses creados, de Jacinto Be- años, fácil es de suponer: en general, no ¡es navente) a cuya primera representación, en entusiasmó la obra. S i n embargo, BrooivS ei Garrick y por el Guild Theatre, asisti- Atkinson, en el Times; Gilbert W Gabriel, en el American, y Charles Darnton, en el mos hace ya diez años... Entonces, dicho sea con la franqueza que Evening World, son los que mejor comse debe, no gustó aquí la famosa comedia prendieron, la obra, elogiando su espíritu y benaventina. Pareció infantil, anticuada, su diálogo. Percy Hammond, en el Heraldayuna de originalidad. L o s críticos no en- Tribune; Richard Lockridge, en el Sun. y tendieron su espíritu, que tampoco supieron Robert Littell en el World, consideran, ¡a expresar los interpretes, y que, naturalmen- comedia poco teatral, de excesiva languidez, y estimable, si acaso, como joya literaria te, menos pudo llegar al gran público. en un museo. Robert Garland, en el TelcPasaron algunos años, y representóse en gram, y, especialmente, John Masón Brown, el teatro Judio de Arte. Y buscándose el en el Post, declaran con ingenua franqueza éxito por otro rumbo, se renunció a la in- que se aburrieron, y ni siquiera aceptan la terpretación a la española; poniéndose en es- magistral interpretación que Hampden dio cena como si realmente fuese una comedia al Crispín... de polichinelas; esto es, moviéndose y declamando los actores como simples muñePero no son los críticos quienes han de cos. ¡Pero ni así gustó la bella obra! decir la última palabra sobre esta comedia Ahora la apadrinó Walter Hampden, ilus- de Jacinto Benavente. E s el público el que tre actor de positivo talento y de modernas ha de decirla, y, a juzgar por su actitud en orientaciones. Estudió la comedia con el ma- las primeras representaciones, no sería exyor cariño, desentrañó su significado, com- traño que The Bonds oj Interest sigan poprendió hasta sus más recónditos maticen, niéndose en escena muchas noches. N o y se decidió a representarla íntegramente, llegó al millar The Passion Flower (La malpero con una pequeña modificación: supuesta querida) que tampoco fué, muy recomenda ¡a acción en un lugar imaginario de la Ita- da por estos críticos? Saturdax Night La lia del siglo X V I I a todos los personajes los noche del sábado) tenada por muchos como, vistió con los trajes corrientes en la época, la mejor prodncHón de Benavente, que con y, por lo tanto, desposevó de sus capricho- mejor deseo que inteligencia interpretó Eva sas y convencionales vestiduras a Polichi- L e Galbenne, no le gustó al público... ¿Y nela, Colombina, Arlequín... Así d i o a to- cómo saber, anticipadamente, lo que le gusdos una mayor apariencia de humanidad, ta al público? aunque espiritualmente siguieran siendo muUnderhill cree en Benavente con fe de ñecos movidos por hilos invisibles. L a in- iluminado. Por encima de la de los críticos novación fué muy del agrado del público, y de la del público, puso siempre su propia va aquí muy cansado de la grotesca joroba opinión ¡N o sabe Benavente lo que le debe de Polichinela y los ya tan deslucidos dis- a Underhill! Cada fracaso de Benavente fraces de Colombina y de Arlequín. sólo fué un acicate para U n d e r h i l l sin el E l prólogo, magistralmente recitado por tesón de éste, sin su decisión firmísima de Hampden, se escuchó con deleite y se aplau- imponer al dramaturgo español ante los nordió con suma complacencia. L a sobria e x- teamericanos, sin ese entusiasmo fervoroso posición del primer cuadro produjo todo el que le hizo hasta arriesgar una fortuna por efecto que deseara Benavente, acrecentán- verle triunfar aquí, nuestro máximo humodose los aplausos. E l segundo cuadro man- rista sería un ignorado en los Estados tuvo el interés, emocionando su poética es- Unidos cena final. Y el acto último, ya el público Gracias a Underhill se han publicado v- á dentro de la obra, elevó ésta a las alturas en inglés las pr nc iales obras de Benavendel triunfo, levantándose el telón, una vez te; se han estrenado las mejores, y alguna, acabada aquélla, innumerables veces. N o se que no era la mejor, llegó a ser, sobre a perdió ni una frase, n i una palabra, y la escena norteamericana diez veces centeaguda intención benaventina llegó a todos naria. los espectadores, que la subrayaron con consLos intereses creados, que va en mucho tantes murmullos de grata aprobación. ¿Qué más, pueden llegar a serlo. Aunque yo quiemás pudo desearse? ro creer, ¡y así lo espero con toja mi devoWalter Hampden realizó el milagro de ción artística ouesta en la esperanza que que, ¡al f i n pudieran ser saboreados en in- la obra benaventina, a la que aquí espera la glés Los intereses creados de nuestro glo- consagración augusta, es... Señora ama. rioso Benavente. Pero, justo es proclamarM I G U E L DE Z A R R A G A lo, sin la exquisita labor literaria de John Garrett Underhill, que tradujo la obra, no Nueva Y o r k octubre, 1929,
 // Cambio Nodo4-Sevilla