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Motocicletas. Calderas. Carros, Motores aceites pesados. etcétera, etc. Motores eléctricos. Para más datos, dirigirse al Departamento Comer cial de la Compañía dicha, Apartado núm. 51, Burgos, PARTICULAR D E enfermedades de la piel, del pelo, secretas, vías urinarias, debilidad e insensibilidad sexual etc. en casa del médico director de la Consulta de San Juan de Dios. De 3 a 6. Cañizares, 1, pral. esquina calle Atocha, 28. De provincias, por carta. CASA SOTOCA MUEBLES OE LUJO Y E S T I C O Qconómicos y de Alcjullcr. i EchC GT SJ, 8. Madrid. 488 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ; E l i PASTELERO D E MADRIGAL 1 483 cerrado; pero, ¿por qué no me revelas el misterio quq encuentro en tu conducta? -E l destino me arrastra a ser l a esposa de S a l vator Conti. Y Zinca se obstinó en no aclarar el doble sentido de estas palabras, tras de las cuales yo veía revolverss una solución obscura, que no me presentaba ningún punto seguro de partida. Y sin embargo, fué necesario resignarse; porque, lo repito: para con Zinca, mi terrible firmeza se deshacía cuando hablaba con ella era débil y cobarde. Zinca partió al día siguiente, embarcándose en la terrible almadía corsaria de Kraus, que le acompañ a b a tranquilo y jovial y parecía, el mejor hombre del mundo. Hasta la playa la acompañamos Nossur, sus leales soldados tártaros, sus esclavos, que se despidieron llorando de ella, y yo, que la veía alejarse en el esquife con un terror instintivo. Ninguno de nosotros se separó de la playa hasta que l a almadía se perdió en el horizonte. Entonces nos volvimos hacia la casa, que tal vez para siempre había abandonado Zinca, y que tenía para mí tan lúgubre 3 j ¡tan sombríos recuerdos. -Esto es terrible- -decía Nossur- la raza de los K a r u k se extingue; en mal hora vino hace algunos meses con ese infame de Kraus el señor veneciano con quien va a casarse Zinc a. ¿C u á n t o tiempo hace que vino a l a isla Salvator. Conti? -pregunté a Nossur. -Hace cerca de un año, y desde entonces Zinca está triste, pensativa, completamente transformada. -E s extraño- -dije- yo creía que Zinca amaba a Esteban Zante, el n á u f r a g o que yo salvé. -Esteban Zante no ha vuelto a C o r f ú poco después de su partida. vino a la isla el magnate veneciano. Y o acabé de embrollarme; es verdad que yo había: visto entrar de noc íe un hombre en la habitación de Z i n c a que había creído que aquel hombre era Esteban Zante, porque sabía que Zinca y él se amaban. Pero estos antecedentes podían haberme engañado, podían, haberme hecho creer que aquel hombre, a quien Zinca recibía de noche, era Esteban Zante. Pero yo nunca le había visto de cerca. Podía ser muy bien que aquel hombre hubiese sido Salvator Conti, que el hijo el mal. Parecía que un poder superior se había propuesto reducirme a l a impotencia. E l día siguiente y los días después me v i obligado a guardar el lecho en el convento de franciscanos. L a s duras agitaciones que había sufrido me habían causado una fiebre terrible. A l cuarto día. pude levantarme, y fui a ver a Zinca. Estaba llorosa, pálida, acongojada; pero ni me reveló su secreto ni nada le pregunté yo. Algunos días después Zinca me dijo: -V o y a hacer un viaje; el primer viaje de mi vida, ¿Y adonde vas? -la pregunté. -A Venecia- -me contestó. ¡A Venecia! -exclamé admirado. -Sí- -me contestó con acento sombrío- la raza e los K a r u k se extingue; voy a ser la esposa de 3 úrí patricio veneciano. ¡De un patricio veneciano! -exclamé. -Sí, de Salvator Conti- -me respondió Zinca Con. acento sombrío. ¿T e ama? -Sí. ¡Te conoce? -Sí. Y cómo te conoce? T u no has estado en V e necia. -E l ha venido a Corfú. ¡Y t ú consientes en ser su esposa! -exclamé con asombro. -Sí- -me contestó fríamente Z i n c a- dicen que Venecia es magnifica, que las patricias gozan allí mucho yo quiero gozar; estoy cansada de la soledad de esta ¿asa, en donde todos los días son iguales, donde el tiempo se desliza siempre con la misma lentitud. -T ú me engañas; en tu resolución hay un misterio- -la dije. -Ninguno- -me contestó- me caso con Salvator IConti porque le amo. -M e revelas tu amor a ese hombre de una m a nera muy sombría y muy lúgubre. -E s que para ser esposa de Conti me veo obligada a alejarme tal vez para siempre de la tierra donde he nacido, en la que reposan las cenizas de. mis desgraciados padres, de mi hermosa Grecia. -Que hace poco encontrabas triste, incomparable con ¡a rica y bulliciosa Venecia,
 // Cambio Nodo4-Sevilla