Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 15 N O V I E M B R E D E 1929. NUMERO S U E L T O JO C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉS 1 MOQU 1 NTO N. 8.389 é OLIVE, REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONESY ANUNCIOS: MUÑOZ RELIEVES D E ACCIÓN CATÓLICA El Primer Congreso Nacional Ofrécenos el ejercicio del celo contemporáneo un cuadro luminoso e interesante de lo que son y pueden las milicias católicas, cuando el espíritu de Dios las agita y briosas se lanzan a la pelea, enardecidas con el entusiasmo y iuego de apóstoles y firmes en la disciplina, que es guión del buen soldado. P a r a la restauración de todas las cosas en Cristo, que esto es, en resumen, la A c ción Católica, no hay sino acercarse a E l empleando convenientemente aquellos medios que, facilitando la aproximación, producen una resultante de mejoramiento individual y colectivo. Acción Católica equivale, en sentir del Pontífice, a vida católica. A l intento de que de ella se penetre el organismo social, de todos sus componentes, encamínase el Congreso inaugurado anteayer. Homenaje al Sumo Pontífice en el glorioso a ñ o de su jubileo sacerdotal, propaganda y divulgación de los nuevos procedimientos cristianizantes, intensificación de las obras de celo; ninguno de los fieles puede sentirse sordo ni ajeno a la llamada que en memorable documento hizo no ha muchos días él cardenal primado, iniciador de la empresa, ya que la Acción Católica es, según definición pontificia, l a participación de los seglares en el apostolado jerárquico de ¿a Iglesia N o será el Congreso presente un sínodo ni un concilio, en cuyas sesiones haya de deliberarse sobre temas que principalmente tocan a ¡a competencia y autoridad de la je r a r q u í a directiva; será m á s bien una Asamblea de carácter práctico, en la que trate de afianzarse la idea cristiana en el corazón dei pueblo, como base inexcusable para llegar a la solución de los grandes problemas de la hora. Cuestiones de educación y de enseñanza, de libertad religiosa, de Prensa, sociales y obreras; organización de los núcleos combatientes, formación de los grupos de selección y vanguardia. E n este sentido conserva el natural parentesco con los Congresos nacionales anteriormente celebrados en Madrid, en Zaragoza, en Sevilla, en Santiago, en Tarragona y en Burgos, pero tiene además la fisonomía propia que lo caracteriza, situándolo en una zona peculiar y distinta. Todo el empeño y preocupación del Pontífice reinante parece concentrado con una dirección, que es como la gran síntesis de su pensamiento y de su actividad: inscribir al pueblo y a los seglares todos como militantes activos de las legiones escogidas. Adviértese en todas partes el hecho de ser insuficiente la clerecía para acometer, y concluir la obra de reconquista cristiana que la sociedad exige v demanda con voces de dolor y de angustia. Los obispos de Francia, de Alemania, del Canadá, de Inglaterra, de Bélgica, del mundo entero, insisten a diario en el mismo menester, proclamando cara el remedio la necesidad de organizaciones laicas, agrupadas en torno a las banderas de Cristo, dirigidas por la autoridad eclesiástica. N o s hallamos hoy- -dice el padre L e cler, en su libro Uessai sur l action catholique- -en la cuarta época del cristianismo, acaso la más difícil, porque la visión del triunfo definitivo próximo enfurece al adversario. Caracterizase la primera época, seg ú n el insigne escritor, por la unanimidad y concordia de dirigentes y dirigidos. Clero y fieles eran un corazón y un alma sola. Destellaba sobre las frentes la luminosa señal que había grabado Cristo. E r a el período de propaganda, al que sucedió el d ¡e organización; se modelaba el estado cristiano; ciudadanía y creencia eran aglutinantes que reunían a los fieles en Corporaciones y H e r mandades, donde con igual solicitud se procuraba atender al espíritu que a la materia, a proporción de sus necesidades. Vivía feliz el pueblo en su Occidente limitado sin conocer la inmensidad del mundo m á s que por fantásticas referencias L a súbita aparición de nuevos continentes produjo un saludable y vasto movimiento misional, pero acarreó también síntomas de disgregaciones; Clero y fieles empezaron a situarse en órbitas harto alejadas una de otra; la estructura cristiana comenzó a resentirse, y ya por losiglos x v m y x i x la atmósfera social íbase incesantemente contaminando de un nuevo paganismo, m á s peligroso que el antiguo. Quizá tanto como defender la inteligencia importa ahora sanar el corazón. H a v un problema misional de penetración y conquista, pero junto a éste hav otro de restauración y reconquista de aquellos que piensan y obran como si la fe hubiese muerto en su alma. Podrá decirse que en ciertos aspectos encuéntranse algunos países en la situación del cristianismo primitivo? Es, por consiguiente, fundamental, no sólo mantener una posición de defensa, sino organizar la ofensiva católica. H e aquí el verdadero fin del Primer Congreso Nacional. M á s autorizadamente que con las mías, comprenderáse el propósito con las mismas palabras del cardenal primado: formar en los católicos la conciencia del deber que tienen como tales, de cooperar con sus personas, con sus energías y hasta con sus sacrificios, al triunfo de los santos ideales que han asignado a la Acción Católica los vicarios de Jesucristo Organización diocesana, nacional, internacional una armada que ocupa el mundo entero, con Cristo- Rev a la cabeza, v por supremo capitán el Papa, para cristianizar a la sociedad, salvándola de esta crisis, en que sufre, de una parte, las dulces atracciones del espiritualismo católico, y de otra, los embates e incitaciones de la corriente neopagana, y por lo que especialmente refiérese a nuestra nación española, para rehacer su vieja y gloriosa personalidad, encarnada en el triple lema Religión, Patria v Familia T. P O L O B E N I T O T AL K 1 E S Mis hermanos, los monederos falsos N o tenía cigarros, y pedí uno en el restaurante. Por de pronto, hube de resignarme a no disponer sino de una sola marca, y de las en descrédito. Luego resultó que el tabaco por mí elegido estaba hueco o podrido, con que no ardía, y el fuego y la ceniza semejaban imitados en madera. Cuando trajeron la ota, ostensiblemente, al lado de unas monedas en curso, coloqué dos pesetas falsificadas en una pieza de plomo. E l cobrador no se explicaba tamaño alarde, hasta que yo le saqué de dudas, advirtiéndole: -E l pesetón falso por el puro... Sucedió esto en el expreso en que regresaba de Barcelona, y en que, igual que en los demás trenes, el servicio de comedor es a un tiempo irritante y divertido, un ¿hantage de metior cuantía. E l inolvidable M a riano de Cavia tradujo chantage con la frase hacer la forzosa. Queda justificada la calificación de chantajista a la empresa cocineril de los ferrocarriles, ya que en mitad del desierto nos obliga a consumir y pagar lamentables despojos de comidas. Sí, diríase que se aprovechan las sobras de anteriores mesas, y aún se nos regatea tanta mezquindad. ¿N o habéis observado la parsimonia del camarero, que, habiendo depositado en vuestro plato un trozo de carne con su veta nervuda y su orla de grasa, y unas patatas o un poco de repollo, y no decidiéndose a l despilfarro ni tampoco a la sinceridad, acentúa la reverencia clásica en su oficio, y así encorvado golpea la fuente con la cuchara del reparto, como si se esmerase en colmar la ración, pero en realidad esperando que el viajero se oponga con negligencia a que aumenten las generosidades en su provecho? Sutiles psicólogos los directores de esa institución de los restaurantes circulantes, quienes han comprendido que entre nosotros el coche comedor se considera cosa de lujo, una especie de cabaret, donde las buenas gentes no quisieran parecer lugareñas, y no se atreven a satisfacer su apetito. Les basta con leer los anuncios de los Palaces de E l Cairo o Niza, y aquellos avisos en tres lenguas, y con la contemplación de una extranjera con unos atavíos raros, y con sentirse a la vez contemplados desde el andén con acacias rizadas, aborregadas, por unos tíos cuajados en su cetrinismo y envueltos en la manta yescosa. Y pasan hambre, y han de fumar una vitola sin prestigio, y para colmo representada por cigarros como ese que yo pretendía pagar con dos pesetas falsas. Por casualidad llevaba esta moneda, ya que tengo la mala costumbre de inutilizar la no legítima que entra en mi bolsillo, y digo mala costumbre, porque las piezas ilegales deben utilizarse en casos como el que acabo de relatar, y en otros muchos, de idéntica o parecida índole. Propongo la creación de la L i g a de los monederos falsos, cuya actividad mejoraría, verbigracia, los hoteles. E l baño que no está caliente, el retraso en la entrega de la ropa dada a lavar, los extravíos de pañuelos y camisas, el sabotage de la plancha, las visitas escamoteadas, y tantos y tantos abusos que todos hemos padecido, habría que ir registrándolos en las mismas hojas en que firmamos con el lápiz del garqon? l pedir una botella de agua m i neral, un té, un aperitivo, y tasarlos y deducir de la cuente la cantidad que sumasen ias indemnizaciones. Naturalmente, caso de no disponer de dinero malo, que entonces ya sería bueno, admitiriase no abonar por completo la cuenta, en justa reciprocidad a un hospedaje también inacibado. Se impone la necesidad de la revancha, y es inexplicable cómo el público que er un teatro, sólo porque paga, y no dándosele ardite de consideraciones espirituales, se