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MADRID- SEVILLA 16 N Q V I E M B R E D E 1 929. SUELTO NUMERO 10 CTS. P R A D O L E S A N S E B A S T I A N CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO DO. ILUSTRA- AÑO V 1 GÉ- S 1 MOQUINTO N. 8.390 SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, K- imiUQN BIOGRAFÍAS La conciencia Está ahora muy en predicamento lo que se llama oiografía novelesca o anove. ada. ¿Género nuevo? preguntará tal vez el lector. No. querido lector; género viejo, pero que se nos presenta disírazado. L a biografía novelesca es sencillamente la novela his- tonca. Y no lia hab. do en nuestro s. gio mJ género más cultivado, más trillado, más gas tado, que ía novela histórica. Desde Martínez de la Rosa, Larra y Espronceda, se ha ven, do pasando y repasando por esa senda todo a lo largo de ¡a centuria anterior. V si la biografía novelesca se escribe en prosa lírica, entonces nos encontramos con el Ro dngo. del íesuita Pedro Montengon. obra publicada en 1793. Nada hay, pues, nuevi, en el arte? tornará a preguntar el lector Y contestaremos lo que en ciertas posadas o ven as se contesta a los viajeros que preguntan qué es lo que hav de comer. L o qus usté; tra ga. Pues eso es lo nuevo en el arte, lo que usted traiga: es decir, lo que traiga- ada artista; lo que haga cada escritor según su sensibilidad. Lo nuevo es la sen- ilvlitlad de: artista Biografías novelescas. ¿Quién conoce la biografía de Isabel la Catóh ca. escr tn María del Pilar Sinués? Este libro está escrito por una mu ier Ya habíamos puesto el nombre riel atitOT. que es, en efer n muier. Pero en estos tiempos, en que las mujeres tienen miedo de ser mujeres, no buelea a advertencia. ¿U n a biografía d una áe las más grandes mujeres españo a hecha por una mujer? Cosa fina, delicada cosa nue se ve pocas veces. ¡Cuántas nove las v noesías escritas por mujeres, nue Ü recen escritas por toscos v rudos hombres Oué nocas, mujeres se resiírnan ahora a sei simplemente miliares, que es. nah -í lo mejor que mieden ser nara tr unfar esus justas v nobles reivindicaciones feministas Cuando se lee este libro de María de Pilar Sinués. se tiene la sensación de haber encontrado un grato oasis; un oasis tras la lectura de tanto libro en que nos esforzamos ñor captar la realidad v el ensueño con frase viva, exacta, p ntoresca. So mos partidarios decididos de la estética mo cierna nn renesnmos de lo que no podemo renegar de las aportaciones traídas al arte por el natura ismo, por el impresionismo, por el culrsmo, Pero cuando hemos estado batallando con los cubos v los planos, v luchando con el ensueño v la realidad, nos place detenernos un momento en una obra escrita por un temperamento femenino, dulcesuave, apacible. No es eso lo nuestro; pero hacemos un breve alto en este oasis. U n aire de art ficio. de convencional idealismo, nos envuelve, v sentimos el encanto de lo que está dicho ineenuamente v con candor. Tal es esta birgrafía de Isabel la Católica, publicada en 1878. En las primeras páginas, Isabel, niña; Isabelita. en Valladolid. en Arévalo. en Sesrovia. Tsabelita. que va tiene su ímpetu, su decisión, sus arranques imperativos. María del Pilar Simiés describe así a la augusta n i ñ a C o n su lenguaje balbuciente contestaba a todo lo que s le decía e con admirable mesura y exacto juicio, lo que. unido al tono angelical de su voz, formaba el contraste más encantador; sus ojos, claros y serenos, participaban del gris aplomado de i la pizarra y del más hermoso verde que ostenta el mar cuando lo hieren los reflejos de! sol; de la tarde; eran grandes y rasgados, pero un poco rombos, como, según se dice, j o s tenía Cleopatra, la famosa Reina de Egipto, cuya circunstancia daba a su mirada una intensidad extraordinaria, y, para los malos, una severidad irres stible: aquella luz, de un azul condensado, que brotaba de entre largas pestañas de seda, más obscuras que el cabello, hizo palidecer más de una vez a los grandes criminales, y era a la par un manantial de serena e inefable dulzura para los seres a quienes amaba Ahora abramos el libro, de uan Pérez de Moya. Varia historia de sanctas e ¿Ilustres mujeres (Madrid, 1583) v veamos a Isabel la C a t ó l c a en los Consejos de ministros, como si di ¡éramos. Tenía avisado a los de su Consejo- -escribe Pérez de Mova- -que cuando hubiese algún negocio arduo se quedasen allí con ella hasta que el Rev fuese ido. Y les tornaba a decir: Mira aue os encargo las conciencias: que miréis estos negocios como si fuesen propios nvos de mis hijos. S empre la veian inc inada al provecho de los prójimos v del reino El cuidado de la conc encia recomendpba a sus conseieros la eran Reina. Es verdad: tengamos cuidado con la conciencia: nos pedirán cuentas en la otra vida... Y tal vez en ésta. AZORIN E n las múltiples direcciones en que el i n terés por los problemas religiosos ha ¡legado a despertarse en nuestros días hay una especialmente a tono con la cultura de n. oua, más dada a hechos que a ideas y más dispuesta a contemplar curiosamente un uesriie de opiniones que a arrosuai seriamente as exigencias mentales latentes en el tonuo de toda convicción doctrinal; pero, sobre tono, de las, que afectan a los más graves problemas de ía vida: humana, cuaies son os religiosos. Me reñero a la Historia de las Religiones, denominación que en sus dos panes tiene para no poco entusiastas o recelosos ante ta novísima disciplina, ei sabor de un disolvente o corrosivo ue ¡a fe. Subrayar y aun explicar naturalmente ias vicisitudes de esta al tilo del tiempo- -historia- -y la multitud de sus direcciones- -de las religiones- -pese a la única solución que lógicamente habría de entrañar un mismo p, oblema cual es el religioso, i qué desengaño para el ingenuo adepto de una te uetermiuada, llevado en su fervor a profesar su lugma como llovido del cielo, nuevo M e l quisedec, sin padre, ni madre, ni genealogía y, por ende, sin parentesco posible con ios credos disidentes que, como mala hierba, pululan por el mundo para la perdición de qu, enes tuvieran la desgracia o la malicia de hacer de ellos su alimento espiritual! No es temerario suponer que en el ánimo de algunos protagonistas o preconuadores de la flamante historia de las religiones pesara su presunta virtud enervadora de la fe más de lo que debiera esperarse de la por. otra parte también subrayada y aun cacareada imparcialidad y objetividad en la descripción e interpretación de los hechos religiosos. Algo de esto hace sospechar la superficialidad en la descripción y el aprio, risrho en la interpretación con que tanto s autores que alardean de científicos vienen tratando históricamente el intrincado tema e indisponiendo a los sinceros creyentes con una disciplina que, reducida a los términos de una metodología rigurosa, no tiene por qué alarmar a la conciencia más delicada. Y aquí se nos muestra el magno servicio prestado a la cultura católica por el padre La Boullaye, en fecha aún reciente. Su grande obra, en dos tomos, L étude eomparée des Religions (París. Beauche ne, 1925) es, fundamentalmente, eso: una re- visión del problema mismo de la historia de las religiones. no precisamente para utilizarla apologéticamente en favor de la propia, como pudiera sospecharse de la condición sacerdotal ¡leí autor, sino para puntualizar estrictamente sus términos cien: íficos y la manera de abordarlo científicamente, siquiera no quepa inferir de ella un juicio definitivo sobre el valor doctrinal de la religión misma, reservado, por vemura. a disciplinas más altas. Pero no se habrá logrado puco, por lo que se refiere a este mismo valor, con substraerlo a la fala 2 simplicidad de un positivismo estrecho v de un evolucionismo unilateral v arbitrario para encuadrarlo en la trama, compleja e irregular, del; desarrollo histérico- cultural de la Humanidad y brindarla 3 la piedra de toque le una experiencia integral de su vida. Acaso sea la autoridad ganada en poco tiempo por el padre La Boullaye, entre i n crédulos y creyentes, como tratadista de tan difícil materia, la que indujera al llorado- ardenal Dubois a invitar al ilustre jeaaíta ORATORIA E HISTORIA El P Pinard de la Boullaye Pocas tribunas guzun en la oratoria contemporánea dei prestigio deslumbrador que irradia del pulpito üe Nuestra Señora de París. Una verdadera dinastía de proceres, de ía paiabra- -Lacordaire, el padre h é d x monseñor D Hulst, Monsabré, por no citar más que de ios ant, ¿uos- -lo ha ven. do realzando con tal riqueza doctrinal y ta. majestad de expresión en sus lamosas predicaciones cuaresmales que su recuerdo debe, sin duda, de gravitar penosamente sobre e ¡ánimo de los sucesivamente invitados a subir, para sucederles, a cátedra tan alta y resonante. Como tal hubo de ocuparla, en ei curso del presente año, el padre Pinard de la Boullaye, de la Compañía de Jesús, y acaba de salir a la luz pública la primera serie de sus conferencias. No sé que el padre Pinard tuviera reputación de orador, en el sentido retórico que se suele dar a esta palabra. Acaso su nombre, al lado de qu. enes el público sufragio dipute como maestros de la palabra evangélica, que tan brillante galas revistiera en sus labios, hiciera más bien un modesto papel. Quizá su designación come predicador de Notre Dame llegara a sorprender a quienes, seducidos por el fascinador atractivo de la humana elocuencia, la buscara como primera v preferente condición hasta en el Ha mado a dirigirse, desde el primer pulpito de la capital de Francia, a la refinada intelectualidad de la viíle lumiere, que es como decir a la del mundo entero. N o obstante, para los que siguen de cerca el desarrollo de, la- cultura científica en orden a temas religiosos, cualquiera que fuera el campo en que militaren, el padre Pinard de la Boullave estaba lejos de ser un desconocido.
 // Cambio Nodo4-Sevilla