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DE ANDALUCÍA P A G ta AUTOCRÍTICA Cien comedias y un drama Se ha estrenado en el teatro Reina Victoria la nueva obra de Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, Cien comedias y un drama, cuya autocrítica es como sigue: Pocas líneas, de aclaración más bien que de autocrítica. Las primeras, a propósito del titulo de esta obra, que ha llamado un poco la atención. L o de cien comedias se comprenderá que va dicho a modo ponderativo, de oposición a lo de un drama. N o es que se trate de todo un repertorio. ¡Dios nos l i bre! N i que creamos que un drama vale por cien comedias. N i que la vida por cada cien comedias ofrezca un drama. N o no, nada de eso. Se trata de una comedia de la vida... donde hay cien comedias y un drama. Ella y él Ja mujer y el hombre, una vez más. Ella y el en dos casos, en dos formas distintas; en tres, si se quiere. Mientras la vida y la naturaleza humana no varíen esencialmente, los temas fundamentales del teatro no variarán tampoco. Y éste de ella y él es de los más fecundos y permanentes. Ella y él, en esta comedia, dan de sí cien comedias y un drama. Y se ve también en la obra cómo la vida con su cara dura, descubre una aptitud, un manantial de inspiración que existia dormido, ignorado; y cómo es un drama de la vida, con su misterio, con su intensidad, el que afirma esa vocación, la aviva y la ennoblece. No es que se aspire a demostrar esto- ¡nada de tesis! Las demostraciones, para las matemáticas. Las comedias no demuestran ni deben demostrar, en nuestro sentir, más que ciertas cosas. Verbigracia. si el autor sabe escribirlas o no sabe: si está b en orientado; si se amolda a los sucesivos y muchas veces gradúa es e insensibles cambios de las costumbres v del gusto: si camina a compás de su tiempo. Pero todo ello sin pre ender! o, sin proponérselo como problema; de un modo independiente v ajeno a la creación espontánea de la obra misma. 1 f sido atacado. Después se le hace creer que su causa es la más justa, porque representa los grandes intereses del honor y de la l i bertad. Pero como esas cons. deraciones no bastan siempre para enardecer el ánimo nacional, demasiado influido por todos los egoísmos que crea la paz, entonces se le dice que, si no hace frente al enemigo, con el propósito de vencerle, será indigno de pertenecer ai país que realizó tales o cuales empresas- -enumeración de hechos gloriosos, siempre los mismos, naturalmente- -y que su nombre será el oprobio de la Historia. Todo eso y algo más es menester para que la gente renuncie a su bienestar y se decida a vivir, en una incomodidad y en una angustia de todas las horas, dentro de una trinchera. H a roto con todo; se ha dejado atrás su hogar y sus placeres; ha desoído todas las insidiosas llamadas del nstinto vital, que le ordenaba estarse quieto; se ha vestido de uniforme v se ha puesto de la noche a la mañana a hacer una cosa que no estaba dentro de su vocación: a disparar tiros sobre un enemigo que le es desconocido e i n visible. Esa obra de sugestión colectiva, que altera en horas los polos de la mental dad nacional, es el milagro que operan los oradores y los escritores en momentos críticos. Hay que buscar los filones del heroísmo en la mina insondable del instinto, porque Y esto es todo. Es decir, hay m á s hav a g oue oodria decirse consustancial de h comedia, de toda obra dramática: su vida escénica: la interpretaron que le dan o acto s. T a de Cien comedias y w drama e idmi -Rble. certera, singifar v reveedora M á s nún; soT en lente... en lo nue toca a la de un personaje infantil. Relia i T o m! e- t r benévolo: ír a ver Cien comedias v 1 s 1 p o- r i r V O T V J O rni i -qmos. cn 1- tt- p c Pepitq Díaz, ap aiid réis su fino arte y fS C; fj or) A t n- ric c u C O t t i n a r e O y pr is además una fln- ec lla terrnrana que Segurim n e n rruitivprá. r í: prt n S. y T. A L V A R F Z QUINTERO EL TEATRO FRANCIA EN Un drama sobre la guen- a Como una larga paz, que no es, en el fondo, sino el equilibrio inestable de todos los egoísmos, entumece las almas, en cuanto un país se ve amenazado de una guerra, sus escr. tores se lanzan todos, sin previo? cuerdo. a oreparar el án. ino nacional para el peligro y sus consecuencias. L n eso autores de casos, lo primero que se procura inocular en Los Sres. Vela y Campúa, í! espíritu- le cada pa s es que tiene razón. la letra de ¡P o r s i las moscas! revista, Es e lunu de partida de a Dropagancla Se con músico del maestro Alonso, que ha ie dice, no solamente que tiene razón, sino obtenido tan lison ero éxito en el teatro í í irresponsable del combate, pues lia Romea. 1 el heroísmo es el metal que, confundido con el plomo y con el acero, produce la aleacióa necesaria para que el proyectil destruya y mate... Restablecida a paz por el triunfo de uno de ios adversarios, que es siempre el triunfo de la justic. a, según el criterio del vencedor, es preciso operar en sentido contrario. H a y que desarmar a los espíritus. ¿Cómo? Desacreditando la guerra. Esa operación de desmontar la maquinaria destructora no puede serle confiada más que a los que la montaron: a los oradores y a los escritores. E n ella estamos ahora. El gran viaje, de Camilo F VVyn y de Frank Vernon, es, como alegato contra la guerra, de una fuerza que en vano pediríamos a los discursos de Briand y de Paul Boncour. Pocas veces se ha visto, como en esta obra, el poder de sugestión que tiene el teatro. L a oratoria y la novela se quedan muv atrás como medios de influir sobre nuestra sensibilidad. Se alza el telón y nos descubre uno de los muchos abrigos de guerra que vimos en el frente. U n subterráneo lóbrego e insano, en el cual no se podría pronunciar la pa abra comodidad porque no define nada real v tangible. Humedad, poca luz, el pan tasado, os víveres peco apetitosos, ratones y unas enja mas sobre unas tarimas para descanso del cuerpo. Eso en lo material. E n lo espiritual, tristeza, nostalg a del bien lejano, una desesperación resignada, que sonríe a ratos, v una ansiedad que se concreta en una interrogación: qué va a pasar. E n ese medio, el hombre no tiene más que un amigo piadoso y ú t i l e l a c o h o l que engendra, con la eufor a, el o vido del minuto presente. Es necesario que entre el hombre y su conciencia de lo actual se interponga una nube, v esa nube se forma p o a condensación del a cohol. E s de noche. E n el interior del abrigo conversan dos ofica es. Hardy v Osborne, los cuales no tienen un pasado marcial. E n su tierra vivían de profesiones liberales. Se sirven unos vasos de wh- sky y charlan De qué? Del único tema pos b! e; de la pesadilla de todos: de la guerra. E l enemigo está soterrado a corta distancia. Unos centenares de metros separan las dos trincheras. ¿Cuándo sobrevendrá el ataque? Nadie lo sabe. Sólo un soldado enemigo, capturado oportunamente, podría aclarar ese pavoroso enigma. He dicho pavoroso y no quiero enmendar lo escrito. Unos a flor de alma y otros más dentro, todos aquellos hombres sienten latente la aspiración a la paz. Agredir en frío es de locos o de salvajes. En esto entra en el abrigo un joven, casi un adolescente, vestido ya de uniforme de oficial: es Raleigh. Su verdor pr maveral le ha preservado hasta entonces del horror de la guerra. Viene de la curiad con el cauda de entusiasmo del que cree en la santidad de la causa que va a defender. Es acogido con simpatía, v nadie hace nada por enturb ar aquel romanticismo candido, que es la más noble ofrenda que puede hacer el hombre a su Patria: a la muier amada y a cualqu er i us ón que le embargue e alma Kaieigh se tiene por a tor lunario porque el azar le ha puesto a las órdenes del capitán Starihope su camarada de colegio y novio de su hermana. E l prestigio de Stanhope en su tierra es grande; se le tiene por un héroe, no porque haya realizado grandes y sonadas empresas de heroísmo, s. no porque durante tres años no na abandonado su puesto en el combate. ¿Quién es Stanhope? ¿Qué pasa en el interior de su espíritu? ¿Siente, como le atribuye su leyenda, un animus belh ¡nex ingu b e? Es un león sobre dos pie v sin i melena? X ada ck eso. Así como U- íiorius representa el valor tranquilo como una cuaI lidad congénita, y el teniente líib rt ts r 1 1