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NUMEROEXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOfeg g g QUINTO, ABC Las grandes ciudades de E u r o p a NUMEROEXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGESIMO g) g QU 1 NTO. 1 LA Y LA CIUDAD CAPITAL D E L TI R O L DE MAXIMILIANO 1 INNSBRUCK. SEPULCRO D E MAXIMILIANO I T o d o en esta ciudad está lleno de su recuerdo, y si venís a dar en las manos de un guía, sólo os hablará de las hazañas de aquel buen Emperador, que administraba justicia, según su claro criterio; vencía a forzudos adversarios en singular combate, escalaba las más altas cumbres de los Alpes, componía sesudos libros y declaraba la guerra a u n R e y que le había quitado la novia. F i g u r a singular la suya en u n tiempo en que Jas molicies del renacimiento ablandaban poco a poco la dureza de la voluntad y l a arrogancia de la actitud; más hermana de l a de los caballeros de la tabla redonda que de la de aquellos que escuchaban las trovas del divino Tasso con la cabeza reclinada en un regazo de mujer. Mientras M a x i m i l i a n o defiende su Imperio de las i n vasiones de húngaros y turcos, blandiendo el pesado mandoble, el otro César, B o r g i a quiere tejer el manto Imperial para sus honi- bros con un puñal, una cuerda y una sonrisa... Pero V i H o c h está muy lejos de Sinagaglia. A n d u v o en lucha contra todos, más veces vencido que afortunado, pero jamás descorazonado y nunca con el deseo de reposarse en las blanduras del ocio. V i v i ó con sencillez, y a su estrado llegaba con iguales derechos el noble que el v i l l a n o gustó de ios manjares delicados, dé la alegría honesta y de la elegancia en los terciopelos, en los encajes y en las maneras. Federico de Sajonia le llamó el más cortés de los hombres, y la condesa Palatina el más encantador de los huéspedes. Fué no muy agraciado de rostro, pero bien proporcionado y robusto. A s í lo describe un autor veneciano de su época, y así lo pintó su gran amigo A l b e r to Durero en este retrato, orgullo del M u seo Imperial de V i e n a la nariz aguile- ña, el rictus enérgico y l a mirada recogida, como puesta sólo en las imágenes de su pensamiento. Así lo han grabado en este frontispicio de su tumba de Innsbruck, donde se ve a M a x i m i l i a n o mancebo en ceremonia de nupcias con María de B o r g o ña. E! príncipe toma en su mano la mano de la dama y. parece que la otra la tiende hacia esa pingüe dote que l a novia le aporta. Ricas tierras de Flandes, más bajas que el mar, y que luego habrían de inundarse menos veces con las aguas del Océano que con sangre de venas españolas. E l guía os llevará, indefectiblemente a ver el sepulcro de M a x i m i l i a n o y será algo que, una vez entre ciento, tendréis que agradecer a un guía. Aquí está su tumba, pero no sus despojos; las cenizas del E m p e r a dor descansan en una abadía de Wienerneustad, muy cerca de donde reposa el que fué secretario de su nieto, Fernando de Bo-