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LA CASA DORADA hernia, y mortal enemigo del cisne Toledano, aquel amargado Cristóbal de Castillejo... Pero esta tumba, que no guarda ningunos restos, es bien digna denlas más glo- riosas cenizas imperiales. N i San Esteban o la iglesia de los Capuchinos, en V i e n a ni E l Escorial, en M a d r i d ni Saint Denis o los Inválidos, de París; ni Westminster, en Londres, nos muestran un sepulcro de la magnificencia de éste de M a x i m i l i a n o en la iglesia Imperial de Innsbruck. A p e n a si la iglesia es algo más, aparte del sepulcro; parece el estuche que se confeccionó exclusivamente para encerrar una joya. E n el centro del templo, frente al a l tar mayor, se eleva la estatua orante del E m perador sobre una deliciosa filigrana labrada en mármoles y forjada en hierros, y a sus lados, como eterna guardia de honor, se alzan las veintitrés efigies de ios príncipes de su C a s a damas en dulce actitud contrita, como esta hermana del Emperador, la archiduquesa Cunegunda; obispos de férreo manto labrado con figuras místicas, y fieros guerreros de armadura y corazón de hierro. E n un rincón está el monumento a los que murieron por la independencia del T i rol en las luchas contra los Ejércitos de Bonapart e pero es más humilde, para que conmemore humildemente a los que no intentaron añadir nuevas tierras a su Patria, como el glorioso M a x i m i l i a n o sino que se contentaron con no querer que se les llevaran las que heredaron de sus padres. Innsbruck, según indica su nombre, debió de ser en un principio sólo un puente sobre el Inn; pero a un lado y otro del puente empezarían a alzarse esas casas sencillas, de balconaje de madera 3 tejado verde, que se confunde con el verdor de los olmos y de los tilos. IHacia el Sur de Innsbruck hay una colina que domina el valle; desde su cima se ve el curso del Inn, que cruza zigzagueante la ciudad y la divide en dos; en ta orilla izquierda está la parte monumental, con sus iglesias y palacios, y las plazas adornadas de ventanas ojivales o barrocas y estatuas de poderosos señores, cuino aquellas de la casa dorada y del Kasiuo. o esta del Emperador Leopoldo I E l Inn sigue su curso y corta el valle también, y es también a su izquierda donde emcrgeit