Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
obra mural del siglo x i v llevándonos a esa aseveración los recuerdos del estilo románico que en ella se nos ofrecen. H a y quien se inclina a creer que hubiera sido pintada en tiempos de los godos; pero ese criterio no puede admitirse, por cuanto estaba p r o hibido por el Concilio Iberiano, al que asistió el arzobispo de Sevilla, el pintar imágenes en Jos muros. U n autor se muestra partidario de la creencia de que tan hermosa pintura fué ejecutada dominando los árabes. A este efecto, d i c e H a y en la V i r g e n de la A n t i g u a muchos rasgos bizantinos en el aspecto total, en la forma de las manos, en la rigidez de los paños y paralelismo de los pliegues, en la forma de los ángeles y en el fondo dorado sobre que destaca la composición; pero miramos la cabeza de la imagen y nada tiene de bizantino; es delicada, sentida, expresiva, y señala un tipo puramente sevillano por su gracia y d u l z u r a así como debe notarse también el manto corto que viste y con el que se cubre la cabeza, que, según un autor, es el traje que usaban en ei siglo x v i las cautivas cristianas cuando v o l vían rescatadas a Sevilla. Estos datos nos inclinan a pensar que esta pintura se hizo durante la dominación morisca en Sevilla, y, atendiendo al carácter de la cabeza y a d i ferentes detalles, nos parece que ha de c o rresponder al siglo x i o x i i D e todos m o dos- -concluye el referido escritor- esta pintura es interesante, y es un recuerdo del estado del arte en Sevilla en aquel remoto período. E n el Atlas Marianas del padre G u i l l e r mo Gumpenberg, se asegura, refiriéndose a esta meritísima obra de arte, que es la p i n tura mural más antigua de la que hay memor i a plausible en toda la cristiandad Y el padre jesuíta. Tuan Bernal narra que, cuando penetró en Sevilla el Rey G u n derico, arruinando todo cuanto se oponía a su paso, se vio precisado a volver atrás, porque la V i r g e n de la A n t i g u a rodeada de angélicas falanges, torna sus resplandores en rayos iracundos, y ordena a Luzbel P U E R T A L A T E R A L D E L A C A P I L L A D E N U E S T R A SEÑORA D E L A A N T I G U A que, a las puertas de la Catedral, y a vista de sus tropas, lo despedace, lo aue ál punto en su capilla de la Catedral sevillana, una blanco por el célebre M i g u e l Florentín, al üe las más visitadas y ricas. estilo plateresco. D e igual traza y materia cumplió el príncipe de las tinieblas E l cardenal D Diego H u r t a d o de M e n es el otro sepulcro que existe al lado del Resplandece gloriosa la milagrosa imagen doza la escogió y la mandó labrar para su Evangelio, obra del ya mentado Duque C o r sepultura, haciéndola de tan amplias pro nejo. E n él se guardan las cenizas del porciones, que se hizo necesaria la varia arzobispo Salcedo y A z c o n a ción de la antigua planta del templo. E n este mismo lado se abre la puerta de Las obras, que comenzaron en mil cua- la capilla que da a la llamada de los Infantrocientos noventa y tantos, tuvieron su con- tes, y está contigua al monumento de Méliclusión en los primeros años del siglo x v i da, guardador de los restos del inmortal desE n 1407 fueron librados 30.000 marave- cubridor del Nuevo Mundo. dises p a r a cumplimiento e acabamiento del C o m o antes se dijo, es de piedra, que se tabernáculo de la Señora de la A n t i g u a trajo de U t r e r a y está esculpida al estilo Y en dos ocasiones, entre los años de 1510 plateresco. y 1533, se ordenó la traída de piedra de P o r último, calcúlase que la grandiosa U t r e r a para construir la puerta lateral de verja que da paso por el frente de la capilla la capilla. se debe a los planos de fray Salamanca, a u L a bóveda de ésta está sostenida por ner- tor de las renombradas que rodean al altar vadura según el estilo ojival terciario, y los mayor de la Basílica. Su remate es un primor de arte y de bemuros aparecen cubiertos de magníficos cuadros al óleo, que pintó el sevillano Diego lleza. Martínez. Rodea a la capilla un soberbio A la ceremonia de la coronación de la pezócalo de mármoles de colores. regrina V i r g e n quiere dársele una solemniE n 1734, el arzobispo D L u i s de Salcedo dad inusitada, para que la ostentación y el y A z c o n a ordenó la construcción de un nue- brillo que en ella se derrochen sean semejanvo retablo para la V i r g e n con materiales tes al entusiasmo y al fervor que han de de ricos mármoles y exornos de plata y de animarla y presidirla. bronce, todo al gusto barroco. P a r a mayor esplendor, se hallarán presenAdemás de la pintura mural de la V i r- tes en el inefable momento las banderas de gen de la Antigua, existen en el cuerpo p r i n- las veinte Repúblicas hijas de España, docipal del retablo las esculturas en mármol nadas por la devoción de sus fieles v entreádas, como viene ocurriendo, por insignes de San Toaquín, Santa A n a y dos ángeles, y en el segundo cuerpo, las del Salvador, San Embajadas venidas a dicho fin desde aqueJuan Bautista y San Juan Evangelista. T o- llos apartados lugares de América. das ellas se deben al genio del famoso i m a T o d o sea por la gloria y en alabanza de ginero Duque Cornejo. L a s pequeñas puer- esa excelsa V i r g e n de la A n t i g u a que quiso tas que dan al presbiterio son de ébano, ca- encender en los corazones de nuestros i n rey y bronce, y de plata, la verj? que sepa- trépidos navegantes las llamas más resplanra a aquél del resto de la capilla. ¡decientes de la esperanza y del heroísmo, q u e N U E S T R A SEÑORA D E L A A N T I G U A O L E O A l lado de la Epístola se encuentra el ¡son como un fuego sagrado. E X I S T E N T E E N E L C O N V E N T O D E L A A N U N- magnífico sepulcro del cardenal 1) Diego I Hurtado de Mendoza, labrado en mármol J. MUÑOZ S A N ROMÁN CIACIÓN, D E S E V I L L A