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Muertos ilustres contemporáneos. M A R T Í N E Z C A M P O S L A ESPADA D E L A R E S T A U R A CIÓN, S O L D A D O M O D E L O ESPEJO D E C A B A L L E R O S H e aquí los apelativos, burdos, con que densa y ejemplar- -cuya trayectoria podría lástima el e x t r a v í o de una parte interesantíla injusticia de unas gentes y la ignoran- representarse por una línea invariablemente sima, confiada por l a cortesía del m a r q u é s íe cia de otras empequeñecen al general M a r- limpia y recta- es i o cierto que a l a gene- la Viesca a un ilustre historiador ya difuntínez Campos cuando l a palabra o la efigie r a c i ó n de hay, en l a referencia de una cita to! Porque todas esas cartas, escritas en esy e n l a plasticidad m á s o menos monumen- tilo claro y correcto, cuya propiedad y fluievocan su memoria: tal de la escultura, no llega l a imagen ver- dez acusa al verdadero militar y político, fil vulgo llano: ¡Un soldadote! d u e ñ o del modo de expreK l vulgo a d i n e r a d o q t í e sión, certero y sólido en los ama a la Guardia civil en- c o n c e p t o s son páginas de relación con el goce de la singular aprecio para la hisrenta: Un espadón enértoria descubierta de nuestras gico! luchas, para l a crónica de P o r igual, unos y otros sucesos cuya raíz oculta toultrajan l a grandeza de aquel d a v í a está por alumbrar y hombre insigne. Desconocen para los anales de sublevalo excelso y cabal de sus v i r ciones y de intrigas en un tudes se confunden el v i t u e j é r c i t o constantemente soperio y el elogio en una mislicitado por l a ambición, por ma injuria a l atribuirle l a l a s e d de a v e n t u r a s o p o r d o m i n a n t e exclusividad de m á s torpes y apasionados esuna grosera y adusta aspetímulos. E n esas cartas está reza. Aunque no se pronuntambién, como nuestros huecie, se adivina l a coincidente sos en la positiva r a d i o g r á calificación. Q u i é r e s e d e c i r fica, el esqueleto de M a r t í que fué iletrado y tosco, de nez Campos, definido en una pobre mollera y mando arbiciega abnegación por la glotrario, como el de cartucheria y disciplina del E j é r c i ra en el c a ñ ó n E n crudo: to y el servicio del R e y y un militarote L o s coetá de la P a t r i a sin una perpleneos de su intimidad, los que jidad, sin un titubeo, arrocalaron hasta su espíritu y jado siempre a l mayor pelipudieron advertir l a exquisig r o con una indiferencia del ta percepción de su entendipropio, que es l a gallardía semiento y el sólido pilar de rena y majestuosa del cauuna cultura muy superior a dillo y acaso l a fe en su l u la primera fila de los m i l i cero; pero no el desprecio tares de su época, sabían que jactancioso y teatral, n i el su retraimiento o su parquea r r a n q u e desesperado del dad para los t e m a s de u n que busca el desenlace de ía diálogo trascendente, y aun muerte. para la crítica de l a conversación social, no eran temor Tantas veces como M a r de incompetencia, sino r e tínez Campos, desde oficial serva de modestia y de hua jefe de los E j é r c i t o s desmildad, y u n austero sentinuda s u acero v a a triunfar, do de repugnancia a persoconfía en t r i u n f a r p e r o nifkar censuras y ataques. s i e m p r e t a m b i é n lleva en T e m í a a la locuacidad como punta de vanguardia l a i n a un vicio funesto, y no se vitación a la paz, l a posibipermitía m á s que los inocenlidad d e c o r o s a de q u e se tes de la tagarnina y del treabran sus filas a l a bandera s i l l o tan sólo perdonaba la blanca del emisario, Compeamplitud a los a u t é n t i c o s lido á l a lucha, llega a l exoradores. Carecía él de ese terminio; pero en pleno fradon para producirse en p ú gor del encuentro su corablico, y, como odiaba el arzón está pronto a u n eco tificio y la mentira, prefería para quienes pidan cuartel. acogerse al silencio, temeroN o se doblega, pero escuso ele incurrir en l a i m p r u c h a no vacila, pero no se d e n c i a E l laconismo y l a precipita, y así, cuando emc i r c u n s p e c c i ó n fueron una prende una operación, e s t á de las disciplinas que se i m seguro de haber agotado topuso a sí mismo, con l a dudos los recursos para evitar reza y el tesón de todas sus l a sangre. ¿Y es éste el solactitudes y resoluciones, así dadote, el espadón duro y caen la vida pública como en si cruel? L o s mismos que le ¡a privada, no t r a t á n d o s e de motejan de pastelero cuando la expansión familiar, q u e DON ARSENIO MARTÍNEZ CAMPOS, CUANDO F U E E L E V A D O A LA MAS ALTA en una sabia y sutil manioentonces abría su pecho, no- JERARQUÍA D E L EJERCITO Y SE L E CONFIO E L MANDO D E LA CAMPAÑA bra v a a ponerse al habla ble y poderoso, con las l o con el caudillo m á s experto Y E L GOBIERNO POLÍTICO EN L A GRAN AN TILLA. (FOTO PIEIJ 3 NER) cuciones m á s c o r d i a l e s y de l a insurrección cubana, le pintorescas. Desbordaban, sobre todo, en el dadera del gran soldado y del g r a n caba- inculpan de implacable en l a represión de amor para los n i ñ o s buena prueba de su llero sino en l a síntesis escurrida del episo- sublevaciones y resistencias armadas. L o s alteza y de su h o m b r í a que son los hombres dio político o en el símbolo imaginado y mismos que le discuten l a oportunidad de u n m á s fuertes y de m á s honda vida los que e r r ó n e o de l a espada de hierro (i) Y ¡q u é pacto que cierre la s a n g r í a de E s p a ñ a y congustan y adoran con mayor intensidad, en lástima el que. n ó se haya difundido y co- tenga l a anemia del Tesoro, le discuten el el remanso de una hora de quietud, el atrac- mentado el epistolario puesto a salvo por l a golpe masculino de caer con u n a escolta m i tivo inefable de l a inocencia. c a r i ñ o s a solicitud familiar! ¡Que doble núscula sobre unos batallones sublevados y ...Pero casi todos los colaboradores y adichacer una carnicería que los d o m e ñ a tos han ido, como él, desapareciendo, y L a contradicción e s t á en el comentario, (1) No aludimos en lo escultórico al lasi alguna devoción posterior de la sangre o mentable monumento del algarroberal de no en l a conducta. M a r t í n e z Campos l a de l a amistad recogió en papel impreso una Sagunto. Hay cosas que no son ni para re- mantuvo indeclinablemente. E s que s c o l parte, sólo parte, de aquella existencia tan cordadas. vida lo absoluto de su criterio, saludable e v