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EL GENERAL MARTÍNEZ C A M P O S CON OTROS G E N E R A L E S Y J E F E S D E S U E S T A D O M A Y O R POCO T I E M P O LA P R E S I D E N C I A D E L CONSEJO D E M I N I S T R O S DESPUÉS D E O C U P A R imprescindible para el prestigio de las armas retardar la intervención, rehuirla hasta el minuto último, sin desdeñar una rendij a ¡para la paz; pero, en la necesidad de emplearlas, esgrimirlas con rigor. E i criterio se refería, dicho se está, al instante bélico o al instante de alarma social; no luego, porque Martínez Campos era asequible a la clemencia y al perdón; su fondo generoso y magnánimo no conocía el rencor. ¡Cuántas veces tendió su mano leal pa- a estrechar manos aleves... aun sospechando la reincidencia! A los dieciséis años Martínez Campos tenía ya hecha l a preparación para el ingreso en l a Escuela especial de Estado M a y o r pero era preciso ser oficial para el ingreso, v a petición del padre, coronel del Cuerpo y brigadier de Caballería, le fué conferido a l joven Arsenio la gracia del empleo de alférez por supuesto, sin nómina. Pocos días después alcanzaba en los exámenes el número i entre los 2 2 aprobados. Y he aquí ¡en plena adolescenc a, casi un niño, al futuro caud llo, que manteniéndose al frente de su promoción, con sostenidas muestras de u n j u i c i o maduro E n l a Escuela, como en todas partes, el y reflexivo, superior a sus años. Se revelaba mantenimiento de la subordinación y de la la condición del futuro general. E l fruto de unidad era ante todo. Y a se verá en líneas estos estudios fué parte muy esencial en su adelante hasta dónde llevó muchos años descarrera: l o que habrá de extrañar- -dice una- pués sus convicciones sobre el quebranto dp de las biografías, quizá l a más completa- lo la disciplina. que habrá de extrañar a muchas gentes que Comandante en 1858, sus compañeros de consideraron sin fundamento al caudillo ge- profesorado le retenían en l a E s c u e l a pero, n i a l de las últimas campañas como a un co- iniciada la campaña de Á f r i c a corrió a unirrazón hectóreo apenas regulado por las d i- se a los Cuerpos combatientes. Allí alcanzó, rectivas que siempre trazan en el espíritu entre otros galardones, el grado de coronel el estudio, la cultura y el raciocinio %l a c r u z de S a n Fernando. Herido graveSeis años después Arsenio Martínez C a r a- mente en 11 brazo, permaneció en su puesto pos, ascendido a capitán de Estado Üvíayor, definía su estructura moral retirándose a su casa para no tomar parte en el alzamiento iniciado en Valencia, a cuya guarnición estaba destinado. Acontecía ello en julio de 1854; Martínez Campos, nacido en 183.1, tenía, pues, veintitrés años; pues medio año después, llamado o propuesto por la Junta de profesores, el capitán D Arsenio Martínez Campos recibía un Real despacho nombrándole profesor de la Escuela de Estado M a yor. Es decir, que todavía en los años mozos su figura destacaba en el Cuerpo como uno de los oficiales más preparados y se le consagraba en la jerarquía técnica y científica. Allí sazonó su entendimiento y pudo nutrirse en una de las mejores bibliotecas que a l a sazón había en España. S u carácter fogoso se frenaba en el estudio y el apartamiento pero tenía explosiones detonantes en los momentos precisos. T a l ocurrió en las revueltas del 56. P o r huirlas y condenarlas pidió puesto en l a columna de Dulce, que bloqueó a Zaragoza, y hasta liquidada la resistencia de Falcón con la fuga, Martínez Campos no volvió a la Escuela. y puso toda su energía y resistencia para ser dado de alta semanas después, enardecido con la perspectiva de la batalla de Tetuán, a la que al fin asistió. Los movimientos de la campaña pusiéronle en contacto con P r i m y P r i m advertido de su valer, le distinguió al punto con su afecto. Correspondióle íealmen- e Martínez Campos, tejiéndose un lazo de mutua y franca estimación. C o n P r i m fué a Méjico, participando en todos les movimientos y operaciones, y apenas disuelto el Cuerpo expedicionario, tornó de nuevo a su cátedra de la Escuela. N o fué ello obstáculo para q te prosiguiera una estrecha y cordial amistar! con P r i m Creía P r i m contar con él, y contaba... para cuanto no fuera sublevarse. P o r lo cual todo ei poder de fascinación, de efecto sugestivo con que P r i m seducía a cuantos le rodeaban falló al requerirle para los dos movimientos del 66 (enero y junio) A l otro año Martínez Campos pasaba a la plantilla de duba, donde veinticuatro meses después habia de ceñirse la faja de brigadier. Se había jurado, y lo cumplía, un apartamiento absoluto de la política. A l frente de la Comandancia del departamento oriental vivía por entíro consagrado a su mando día v noche, apenas con descanso suficiente, prodigándose los episodios y anécdotas reveladoras de su ct ácter entero. Acataba las reprensiones, pe o se las tenía tiesas a sus superiores en punto a laxitudes y soberanías para que cada cual hiciese su voluntad. N o había en sus partes y escritos insolencia; mas sí una tenacidad invariable para sostener lo verdadero y rechazar convencionalismos y paños calientes. E s curioso leer partes y oficios. E n uno de ellos le replica a un ge-
 // Cambio Nodo4-Sevilla