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neral acusándole de haber escrito inexactitudes X o creo- -añade- -que sean intencionadas; pero no dejan de ser inexactitudes. Y a otro que le reprende y le recomienda que medite en la sucesivo la redacción de sus comunicaciones le contesta acatando la indicación, pero insistiendo en que responda a lo que le ha preguntado, porque no quita lo uno a lo otro. No había manera de reducirlo a caminar desviándose de la recta. En r 858 embarca Martínez Campos, destinado al Gobierno militar de Gerona. Formalizadas importantes operaciones contra lo? carlistas, el Gobierno tropieza, acá y allá, con focos de indisciplina en las tropas liberales. No puede caer con más oportunidad el brigadier Martínez Campos. Con dos batallones bate a ios facciosos en numerosos puntos. A l llegar a Ripoll le enteran de un acto de indisciplina cometido por el batallón de Toledo; sale al punto con su ayudante y unos ordenanzas montados; atraviesa temerariamente por varias guardias carlistas, alcanza a las fuerzas de Toledo, las castiga duramente y destituye al coronel. Algún superviviente del batallón, muchos años después, comentando el episodio, aseguraba que las compañías de Toledo no se rehicieron bajo los sablazos del brigadier, porque suponían que le escoltaba una columna de Caballería. ¡No pudieron imaginar siquiera que Martínez Campos, con sólo cinco jinetes, les diera una carga tan furiosa hasta reducirlos! Creyó en algún momento que no contaba con todo el apoyo de arriba, y dimitió airadamente no podía, ni. quería, mandar sobre jefes y oficiales insubordinados. L a dimisión es una carta digna de figurar en el ar- chivo de un estadista. Está dirigida al mi embarcado para Mallorca. L a intercesión del nistro de la Guerra, y termina con esta frase marqués del Duero hace breve el destierro, i Que las nuevas generaciones aprendan es y Alartínez Campos vuelve destinado al tas lecciones en bien del país y de la fuerza Ejército del Norte... pública! No seguimos paso a paso- -sería intermiCuatro años transcurren. Martínez Cam nable- -toda la hoja de servicios. Hay otros pos, digno y circunspecto, nada solicita. A l muchos que omitimos. Y saltamos a una efecabo, le confían el mismo cargo en Valen mérides culminante, en que fulgura y es cia. Allí también le espera un estado de re decisiva la espada de Martínez Campos; la lajáción, de inobediencia. Pero también allí restauración de la Monarquía. la reduce con dureza. Está dispuesto a fusiLos ímpetus y corazonadas de Martínez lar sin contemplaciones, y cobra el mando Campos solían dar una falsa apariencia de con augusta seguridad, de. la que es- -natural- improvisación. En verdad, no había nada mente- -primer factor su espíritu justiciero en él de inconsciente ni de repentista, sino y su prestigio. Tocio el mundo sabe cómo en el modo de accionar; no en el concepto. castigará la defección; pero saben también Su paso fué siempre reflexivo y de contodos cómo sabrá destacar y defender al vencimiento. Tenía siempre su tesis. Bien bueno frente a los Poderes más altos. Con estudiada cualesquiera de sus múltiples anécesa doble fuerza moral y con la exigua de dotas- -permitir a unos carlistas entrar en la 1.200 hombres, sitia a Cartagena; pero le plaza, entregar un fusil al mambís altanero enteran de la amenaza de bombardeo sobre y valiente, poniéndole en franquía- se deAlicante, y vuela a llevar auxilio. No ha duce que no son genialidades; son recursos ¡legado casi cuando olfatea unas humillan de ocasión para efectos o sugerimientos. E l tes negociaciones del Gobierno con los can- golpe de Sagunto tampoco fué un arrebatonales. Protesta v dimite por esa vergüenza to. ¡N i mucho menos! -Aunque no existiera en una carta... de las suyas. Y queda sin copiosa prueba documental, bastaría lo que mando hasta que otro Gobierno le enco- nos relatan muchos hombres de aquellos mienda el de Cataluña. Allí tampoco ha de días. Es que vio mejor que nadie la hora y conservarlo muchos meses. Pavía ha disuel- no la dejó pasar. Dos. cuatro, diez meses to las Cortes; se va a fornar un Gabinete más tarde, avanzada la descomposición nanacional. Martínez Campos observa y calla. cional, ¿se hubiera obtenido el triunfo? CáPero no hay tal Gobierno nacional, y don novas se equivocaba al oponerse, y compartían civiles Arsenio acusa el engaño, dimite y se pre- tares el ierror otros personajes Campos y mili Por eso Martínez persosenta en Madrid. Esta vez la epístola la cues- nifica él solo la Restauración. ta la prisión y el destierro. Detenido en Prisiones militares, pasa la noche pensando en fugarse. E l Gobierno, más que receloso, (1) Hay una versión que supone a don dispone que a! siguiente día sea conducido Fernando Primo de Rivera previamente hasta Alicante por la Guardia civil, y allí acorde con Martínez Campos. No la hemos comprobado en nuestras lecturas, bL GENERA! MAH 1I NKZ CAMPOS (i j E. SU CAMPAMENTO D E J 1 ELIIXA, CON M E N C U E T A (2) MORÓTE (3) Y OTROS PERIODISTAS I E MADRID, E N 1893. (FOTO COMPAÑY)
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