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L L A N E S U N P U E B L O Q U E VIVIÓ M U C H A S C E N T U RIAS D E L P R O D U C T O D E L A PESCA D E B A L L E N A S A orillas del Cantábrico, en cuyos acantilados se esconden tantos pueblos encanto de turistas, hay una villa que destaca sus costumbres envueltas en el rancio olor de la tradición; muy conocida por la idiosincrasia de sus hijos, por el esplendor de sus fiestas, estuche en que guarda las canciones y bailes típicos con la justeza de antaño y el clásico traje regional, que exhibe ante la admiración de forasteros y veraneantes. Esa villa es Llanes, que con la suntuosidad de sus casas que bordean las asfaltadas calles, da impresión de ciudad moderna; pero que esconde en sus recónditos rincones recuerdos atrayentes del pasado, dignos ae ser conocidos. E l viajero que pasa no tiene tiempo para enterarse de que en su archivo guarda los interesantes pergaminos de su fuero, copia del de Benavente, lo que acrecienta su mérito, pues éste no ha llegado a nuestros días. N i- puede contemplar su torre medieval, escondida por el moderno edificio del Casino. Menos revisar el documento en que Enrique I V nombra su alcaide a Fernando Duque de Estrada. N i visitar las casas antañonas de Juan Pariente, en que posara Carlos V el Emperador, ni el sitio donde el recién desembarcado Monarca viera la primera corrida de toros al pisar tierra española, y que detalladamente describe su cronista Laurent. N i las ruinas del palacio de Vega de Sella, descendiente del contador de Juan II, otro Juan Pariente. N i las de Rivero, más antiguas que las murallas de la villa, hoy de los Gastañaga. N i ver el pequeño puerto, ante cuyas diminutas dimensiones parece cuento la verdad de la Historia, que documentalmente nos prueba cómo en él se albergaban aquellos intrépidos pescadores que figuraron en nuestras gloriosas expediciones y en las adversas, cual La Invencible, con barcos fletados por su Cabildo. Esos marinos fueron el alma de Llanes. Sus quiñones constituyeron durante muchos siglos el único recurso financiero que soportó las cargas de la vida concejil. Los productos de la pesca de la ballena, su mayor fuente de ingresos. Y con ellos no sólo vivieron, sino que se defendieron contra el señor y contra el detentador de sus libertades. Con tales recursos obtuvieron del obispo de Salamanca D. Pedro Junco de Posada los cientos de ducados con que redimieron sus oficios, cuando la debilidad real los subastara y cediera a los nobles. Cuando aquel prelado quiso, aprovechando esas cordiales relaciones, obtener- -y consiguió- -de los Rexidores el derecho de enterramiento en la nave central de la iglesia parroquial, opúsose el pueblo; remató sus derechos de la ballena y de la alcabala por tres años, y gastóse en pleitear, hasta imponerse, lo que sacara de la subasta. Y con sus propios medios pagó siempre el pueblo- -desde el siglo xv, por lo menos, pues así consta en los libros de cuentas- cirujano, saludador, médico y maestro, a quien pagaba un tanto por cada niño que enseñaba a leer, y otro mayor cuando supiera escribir. De tales tiempos quedan como recuerdos vivientes la antigua casa del Gr. emio, con su capilla dedicada a Santa Ana, San N i colás y San Telmo, en que hasta hace poro pendían de la bóveda las embarcaciones en miniatura, procedentes de los exvotos de los marinos. L a casa de la ballena donde se beneficiaba el cetáceo En sus muros aún se descubren trozos de osamenta de aquel mamífero. L a ventana de las Sirenas en que el buril cinceló y plasmó la tradición de aquellas engañosas habitantes de los mares. Los capiteles, restos de las columnas románicas de ía primitiva parroquia. Y los libros del Ayuntamiento, donde constaban con signos antiguos el importe de los quiñones de los pataches, L A VENTANA D E LAS SIRENAS EN OUE E L BURIL CINCELO Y PLASMO LA TRADIC I Ó N (POTO ROZAS) LLANES. ESTADO ACTUAL D E L PUERTO. (FOTO ROZAS)