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s para adorno de los mis s. i m p o r antes parSisias l i a r (Squiridó a p r e c i o s muy b a r a t o s tes J 4 L 1 M a Por 8,25 Cortos vestidos de l a n a p a r a s e ñ o r a Por í C o r t e s vestidos p o p e l í n n o v e d a d P o r 10.25 Cortes vestidos t r a v e r s i n a n o v e d a d P o r 14,75 Cortes vestidos j o y a J i n a n o v e d a d P o r S 5.75 Cortes vestidos c h a r m o l a m de l a n a P o r 3 50 (fortes vestidos couvereot. ¡a n a y seda. P o r 10,50 Cortes vestidos s a r g a i n g l e s a P o r 20,25 Cortes vestidos de p a ñ o S e d á n P o r 12.75 Cortes vestidos lanas escocesas, f a n t a s í a Por 9.50 C o r t e s vestidos lanas, a listas. P o r 20.25 C o r t e s vestidos p i e l de l a n a P o i 21,23 C o r t e s vestidos de r i c a d u v e t i n a P o r 19,50 C o r t e s vestidos k a s h á n a t u r a l P o r S. 75 C o r t e s vestidos v u e l a s negras f i n í s i m a s A b r i g o s de g a m u z a A u s t r a l i a el corte, p o r 18,25, y de g a m u z a jaspeada, p o r 18,75. P O P 34,75 A b r i g o s d u v e t i n a P a r í s D e g a m u z a k a s h á 18,75, B e p a ñ o s f a n t a s í a p o r 21,50, y de p a ñ o s estiios ingleses, d o b l e faz, or 31,50, etc. etc. P o r 3, í 0 C o m b i n a c i o n e s p u n t o de seda c o n f e c c i o nadas. P 1 10 j f clonar. f tí Terciopelos mitad precio, L i n o l e u m G pts. m 2. S a l i nas, C a r r a n z a 5. T. 32.170 P o r 2,10 P i e l e s c o n f e c c i ó n finas i m i t a c i o n e s P o r 12,50 B a n d a s p i e l m o u i l o n p a r a cuellos y c a r teras, colores n o v e d a d Por 8,90 B a n d a s p i e l p a r a cuello y p u ñ o s finas i m i taciones. Por Por Por Por Por Por Por Por Por Por Aprentía inglés en poco t i e m p o M é t o d o f á c i l É x i t o positivo. P i d a informes h o y Instituto U n i v e r s a l (9 3) 1265 L e xington Ave. N e w Y o r k 8,50 Cuellos p i e l c o l o r o negros. 21 B i c h o s anos, g r a n t a m a ñ o 25,90 B i c h o s r e n a r d o c a s i ó n 8 Stolas, g r a n s u r t i d o -4,90 Cuellos p i e l b l a n c a p a r a n i ñ a s 1,25 V e l o s p a r a l a cabeza, tejidos m a l l a i 1,25 V e l o s de t u l clase p r á c t i c a 0,30 m e t r o colocados 4,25 V e l o s cubiertos, estilo s e v i l l a n o Envíos provincias. A l v a 1 S V e l o s de seda bordados, p a r a desposaaa. res. C n l í 21. T e l 1 SÜ 39. 3,75 Cuellos de encaje, c o n p e c h e r a p a r a señ o r a y guantes extranjeros, p o r 1,95. R e t a l e s c o n corte v e s t i d o de l a n a pesetas 6,25, 1 C Af? f? 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D i r í j a s e a J o s é P de G r a c i a P l y M a r g a l! 8. M A D R I D detono 13914. Bonitos RELfl chapados, 40 r e b a j a L i a u i d a c i ó n urgente. fO j i. eoS FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL fio. -E l sfoberaador tártaro tle Coríú. -M i señor tliierme- -dijo con más blandura la voz que resonaba en las almenas. -N o importa; despiértale, y entre tanto, abre. -Sólo abre las puertas del castillo el señor. -Pues ve y dile que su hijo Manuel Karuk espera. Pe as minutos después se oyó una voz vibrante y que ie; úa algo de sepulcral cu las almenas. Eres tú, hijo mío? -dijo. -Y o soy, mi valiente padre, que vengo a verte con un compañero de combate. -Bien venido sea tu compañero, como siempre eres t ú bien venido a mi castillo. Y poco después se abrió la profunda puerta de hierro y apareció un hombre alto, pálido, demacrado, con un birrete negro en la cabeza, con un ropón negro, que tenía sobre el pecho un águila roja. U n soldado tártaro, armado de todas armas, tenia en la mano una linterna. Manuel Karuk y Aben- Shariar entraron el uno tras el otro v llevando de la mano sus magníficos caballos. José Kaivar estrechó una mano que extendió hacia él Manuel Karuk, y fijó una mirada profundamente investigadora en Aben- Shariar. E l emir africano surtió algo semejante al frío de la muerte ante el aspecto y la mirada de José Kaivar. Aquel hombre era un cadáver, un. ser. que vivía, v en el cual se encontraba toda la palidez, todo el horror del ser muerto. Aben- Shariar se estremeció bajo la influencia de un terror nuevo, de un terror desconocido. -Dejad vuestros caballos, y seguidme -dijo Kaivar. Aben- Shariar y Manuel Karuk entregaron sus caballos a los soldados tártaros la guardia, y siguieron a Kaivar, que marchaba- rnía v rígidamente delante de ellos, acompañado del esclavo que llevaba la linterna. Kaivar pasó deslizándose junto al muro de la torre que se levantaba dentro del recinto murado, llegó a la torrecilla angular del Norte, en l a cual entró, subiendo unas escaleras abiertas al aire. E i soldado que hasta allí les había alumbrado el camino, se volvió. L a torrecilla presentaba un aspecto pobre y descoa! que se había presentado ante mi, había venido solo y cansado; entonces le acompañaban cien tártaros a caballo, armados hasta los dientes, con largas lanzas en las manos, entre las cuales ondeaba una bandera negra con un águila roja. ¿Qué es esto? -le pregunté. -Esto es- -me dijo- -que ya he cumplido mi encargo, que tú eres hombre bravo y que una mujer da cuya tutela estaba encargado no necesita ya de mi tutela. ¿Y qué mujer es esa, padre mío? -le pregunté. -Nada te importa quien esa mujer sea- -me contestó. Y o no insistí ni he vuelto a preguntarle m á s acerca de esto, porque a José Kaivar no puede hacérsele dos veces una pregunta sobre una misma cosa. -M e he cansado de la humildad inútil, (le la penitencia inútil, del convento lóbrego y de la vida solitaria; he ido a mi montaña y lie dicho a los de mi tribu: H e aquí que vuestro antiguo señor no ha muerto y que aún puede blandir la lanza en la batalla que el que hoy se llama vuestro jefe deje da serlo y me reconozca por su señor Los jóvenes de la tribu no me conocían; pero me conocían los hombres provectos y los ancianos. L a tribu estaba a punto de ser absorbida por ¡Os turcos; turco era el jefe de la tribu puesta a su cabeza por la influencia del sultán. Solimán Bey, pariente del sultán, se atrevió a llamarme impostor v quiso hacerme victima de sil cólera- pero, la mitad de la tribu estuvo a mi lado y la otra mitad, con Solimán Bey, fué vencida en un día de batalla. L a cabeza de Solimán y las de cien rebeldes, alzadas en las lanzas de los leales, pusieron otra vez a la tribu bajo la obediencia de su señor. H e aquí que José Kaivar es lo que siempre ha debido ser. Los cuarenta años que han pasado desde el día en que amó a la hija de Cristian Karuk, su compafiero de armas, han sido cuarenta años de un sueño terrible; de un sueño que pesará siempre sobre mi corazón y sobre mi razón, corno pesaría un mar de sangre: he aquí que el dos veces resucitado vuelve a resnc tar, vuelve a ser lo que era antes de su rm; i brío sueño de amor. -Y al abandonar tus montañas- -le dije- temes eme tu tribu vuelva a rebelarse? -Atm asombran a los vivos las iiorriblvs c a b é i s