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A B C, S Á B A D O 23 D E N O V I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 7 burguesa v burocrática, en la que aún nos novela ni drama. Ante todo, emoción y caenturbian el entendimiento las telarañas del lor de humanidad. Después... duermevela, y pensemos que, acaso por ser gran madrugador, se le aliviaron los sesos, E l novelista que escribe mal es un heaunque de sublime locura, a D Alonso Cjui- mipléjico de su arte. B i e n pero ¡o es de jano. el Bueno. igual modo el que escribe maravillosamente, Enciendo el portátil de mi mesa, bajo la y no cuenta ni dice nada. L a s palabras sin pantalla azul, sedante d é l o s nervios; apago emoción no llegan al cielo, afirmaba Guilas demás luces, para fingir cu el despacho llermo Shakespeare. una negra noche, y que revolotee a gusto por E n el libro de Giaeser hay un episodio el ambiente el sabio buho de los atenienses, muy significativo. E l niño alemán se despide y empiezo a urgarme ¡a memoria buscando casi llorando de su amiguito, el niño francés, en el parvo caudal de ini léxico las palabras y hablan en c! idioma del segundo. Aquél le más brillantes y sonoras. Esparzo sobre mi alarga la mano, y el franecsito exclama: mesa, en el disco de la zona luminosa, buena C cst defendu, la guerre... La guerre ce porción de ellas, y las cojo una a una con sont nos parents, mon ami... jas pinzas ele mis dedos, sopesándolas, miEl alemáu contesta cu su idioma, y el aurándolas cuidadosamente en el aire, apre- tor escribe: ciando quilates y facetas de sus significados, Gastón 110 podía entender palabra de todo tal un artífice orfebre que examinara unas aquello, pues le hablaba en alemán, pero hapiedras preciosas, y las barajo y ordeno en cía signos de inteligencia y me escuchaba el engarce, corno para hacer una joya del atentamente. Luego me regaló una de sus pobre y humildísimo estambre de mi prosa. 1 elotas más bonitas, y yo le di una navaja De pronto una mano liicre la sombra y la que tenía las cachas de nácar. Se puso en ensangrienta de l u z tres libros caen, pesa- pie. M e dijo adie- u, y me tendió la mano. dos y ruidosos, sobre mi mesa, y la voz ce Y o deduzco: Acaso hablando el mismo mi amigo, m á s clara que la claridad, barre- idioma, aunque los vocablos tienen un signina, burlona, el silencio. ficado exacto, c a m b i a por el matiz el senti ¡Tonto, más que tonto! T ú ahí, expri- do para cada espíritu, y las palabras del miéndote el caletre seco, juntando palabras mismo idioma pueden servir para enredar preciosas, tapones de tus celdillas sin ideas; nuestras relaciones o por ocultar nuestros amasando retórica, y yo aquí te traigo tres pensamientos... Acaso un cha, por virtud de libros, los que más se venden, escritos a ia la emoción, si hay calor cordial en el gesto, edificaremos, sin acudir al esperanto, hablanbuena de Dios y sin literatura. Por toda respuesta recojo el regalo y leo do cada uno su lengua, la Babel ideal en los títulos: Sin novedad en- el frente, de de- donde todos se comprendan. marque; Los que teníamos doce años, de Giaeser, y Siete meses condenado a muc ie, Si quieres ser mi artista de la palabra ende Meuéndez Valdés. Tres aspectos distin- tra en el museo de tu dioma y arranca de tos de, la guerra: como acción cruenta en sus cuadros de c r i s t a l las viejas mariposas los campos de batalla; como sugestión ideo- clavadas por el coselete sobre los letreros clalógica en una ciudad beligerante; a m o sificadores. Merced a tu entusiasmo volverán salpicadura en el ánimo de un neutral. a vivir, y el aire se llenará de colores. Las -Son obras sin literatura, chico- -grita palabras viejas, engarzadas con las nuevas, mi amigo- las que más se venden. ¿N o darán nobleza a tu elocución: tu oración es una lección para los que hacéis arabes- será como una joya antigua y moderna: viecos de prosa estilizada sin emoción y sin jo el oro, nueva la montura, y, junto al rico ideas? ¡L a retórica m u r i ó! camafeo, la luz de unes brillantes sin edad... Y o callo un instante. U n estremecimiento Pero no entres sin llevar por lo menos coparece correr a lo largo de mis volúmenes, bre de ideas para comprar el ore de los vodoctores de vieja literatura, que desde el an- cablos. No entres sin sensaciones. No entres fiteatro de los estantes miran con las le- a buscar ¡Harinosas si y a no tienes un jardín tras doradas de sus lomos a los tres recién en el alma. No pienses por las palabras; llegados, caídos sobre mi mesa. piensa con ellas, y siente E n t e s sin palabras, como en la música pura... Pero, ¿de veras se hallan fuera de la l i teratura estas tres obras? E l libro de M e Hospitalarios, ios doctores de mi estantenéndez Valdés no está, ciertamente, escrito en prosa de escritor; no es, desde luego, la ría les han hecho sitio a los tres libros de mi forma ío que m á s vale en la obra de Re- amigo. Y ahí están; pero no son todo el temarque, si más viva, más dinámica, más soro de la biblioteca. Todavía, los que tesincera que El fuego, de Barbusse, sin nin- nían cuarenta años significan más que los gún valor ideológico, y mucho menos bri- que tenían doce cuando estalló la gran guellante y sólida desde el punto de vista del rra. Estos, y los que pelearon, arrastran el peso de un desengaño sin consuelo, de ur arte, y en el libro de Giaeser, Los que teníamos doce años, de más densa substancia mental, es la retórica- -siempre que aparece como adorno inútil, por inexpresivo e ineficaz, lo que m á s estorba, y la inquietud sensual, no Compañía Española de Turismo experiencia directa, sino influida por ia lecPasajes m a r í t i m o s y aéreos tura de Freud, y la preocupación helénica, Billetes de f e r r o c a r r i l E x c u r mitológica v clásica, de universitario alesiones e n a u t o e a r s y c o c h e s de mán, y el final de antigua novela romántilujo. Viajes c o l e c t i v o s y a f o r tait. Madrid. C a r i n e n 5. Teléca, mañosamente preparado, lo que menos fono 50448. B a r c e l o n a Seviimporta al amor pacifista, noble p r emolla, S a n S e b a s t i á n V a l e n c i a cionado y reflexivo, que emana de sus páAlmería v P a l m a dt M a l l o r c a ginas. No, desde luego, no son tres grandes obras literarias, y... sin embargo... E s que el arte en la composición, el orden arquitectónico de los episodios, la captación del interés, por saber narrar, más difícil que h. accr, según la vieja teoría de OsCIUDAD JARDÍN ear Wilde, no son en un novelista condicioSEVILLA nes, y hasta virtudes de literato? Y a pueden Alojamientos nuevos e Independientes a hablar los deshumqmsadores del arte. Sin 6 PESETAS anécdota, sin episodio, sin hecho, y sin el R E S T A U R A N T E S ECONÓMICOS gusto de la realidad en quien lee, no hay desaliento sin esperanza y de un pesimismo tan profundo, que se dan prisa por vivir sin sentir su vida. U n viejo rencor patea las pelotas de foot- ball; corren hacia la nada i paso de fox, y prefieren que los trompetazos de la jazz ahogue la amargura de su voz interior. Pensar es tau triste... y tan inútil. Pero no es eso todo. L a guerra fué un paréntesis, v no significaría nada sin antes y sin después. FELIPE S A S S O N E CRÓNICAS D E PARÍS En honor de ¡a Reina Antes de partir para Londres S. i U ia Reina y S S A A las infantas, han sido o sequiadas con un banquete en la Embajada de España, al que asistieron algunas ce las personalidades aristocráticas de nuestro país que actualmente se encuentran en esta capital. H e aquí los nombres de los invitados duquesa de San Carlos, condesa dei Puerto, marqués de Bendaña, duquesa de Moutellano, duquesa y duque de Léccra, marquesa y marqués del Mérito, marquesa de Salamanca, señor y señora de Barcenas, marqués y marquesa de la Gándara, marquesas de Nules y de Villatorcas, condena de Villanueva de las Achas. conde de Eida, D Francisco Travesedo, el cónsul de España, Sr. Cubas, y el personal de la Embajada, consejero D Alonso Caro, secretarios Sr. Casulleras y conde de Jiménez de M o f lía y la condesa, D Cristóbal Botella y el agregado militar coronel Seguí. A 5 a comida siguió un briuge, en que tomaron parte la Reina y las infantas, pues, en atención al luto de la Corte, no bulo después la acostumbrada recepción. Los inteligentes y distinguidos colaboradores que tiene el Sr. Quiñones en el personal de la Embajada contribuyeron con su exquisita amabilidad a hacer m á s gratas las horas transcurridas en el antiguo hotel de los príncipes de Wagram. Como de costumbre, el paso de Su M a jestad por P a r í s ha sido un triunfo para ia bella y bondadosa Soberana. He aquí cómo se expresa uno de los m á s populares periódicos, al relatar su visita a uno de los más renombrados modistos de la rué de la P a i x L a Reina de E s p a ñ a ama P a r í s sus modistos y sus almacenes; los parisienses aman a esta Soberana, que sabe ser la más sencilla y la m á s gentil de las parisienses. Ayer, después de un rápido desayuno, Su Majestad ha ido a pasearse por ia calle de la P a i x v por el Faubourg Saint H o n o r é después de haber paseado con un placer extremo, ha hecho algo más importante: ha entrado en casa de su modisto. L a llegada de una Reina a una maison de couture es siempre algo sorprendente: las midinettes aman estos sueños de oro. Apenas Su Majestad había traspuesto los umbrales de la puerta, las innumerables costureras lo sabían; todos los ateliers se pusieron en efervescencia. -Y o quiero ver a la Reina. L a Reina asistió sonriente al desfile de la colección, admiró los trajes largos e hizo algunos encargos. Su salida fué una salida triunfal; dejaba en pos de sí una estela de simpatía... A la hora en que trazo estas líneas el buque que conduce a Su Majestad v a sus augustas hijas a Inglaterra está va cruzando el Canal de la M a n c h a a despedidas acudieron todos los españoles que se encuentran en esta capital. MONTE- CRISTO París, noviembre, I92 g. Exposición h i n- l M i a
 // Cambio Nodo4-Sevilla