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A B C. S Á B A D O 23 D E N O V I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G so Basta leer con atención la comsdia para comprobarlo. Don Juan no se detiene jamás en nada; pero menos que en nada, ni un instante sólo, en la complacencia amorosa de los sentidos o el sentimiento; no es un voluptuoso sensual ni sentimental; pasa por el amor como sobre ascuas; no parece como si el no rechazarlo del todo sea por sú afán de dejarlo burlado y birlado cumplidamente. Jugando estás, y si quieres s a n a r luego, baz s i e m p r e p o r q u e en el juego quien m á s hace g a n a m á s engendrarse racionalmente de una sola vez, L O S T I E M P O S Q U E C O- de un solo ímpetu. Las personas dramáticas son siempre engendradas, hechas R R E N E N E L T E A T R O gendradas racionalmente, o de este y no enmodo: Genio yfigurade Don Juan i r u í de ser c o n o c i d o t T i r s o B u r l a d o r III. Los tiempos que corren en el teatro, y no para el teatro; ios tiempos corren con las cosas y 110 para ellas, con nosotros y no para nosotros; los tiempos que corremos son, en el teatro, su función; función de teatro, la función dramática de un dinámico impulso poético en el espacio imaginativo de lo teatral; espacio de tres dimensiones, según los griegos: las tres unidades, y al que el teatro católico español del x v i l aña: íió una cuarta dimensión figurativa: la de la multiplicidad temporal. Del acto dramático se pasó a la jornada; del acto único, a la jornada múltiple. Por eso, el correr de los tiempos en nuestro teatro del x v i r impulsado por Lope, acelerado en Tirso, precipitado luminosamente en Calderón; ese correr de los tiempos que Meredith escuchaba en nuestro teatro como un galopar de caballos, sin entenderlo, tiene en la prodigiosa floración de figuraciones dramáticas, que pueblan su espacio poético como el de un sueño, la justa medida de su ímpetu, la determinación exacta de su curso, que define ei teatro católico español del x v n poéticamente puro comcj, el griego, como una nueva dimensión figurativa del pensar mismo; llege diría; como una especificación cada z- cs más determinada del pensamiento; como una verdadera actividad espiritual. Y en ninguna de estas figuraciones dramáticas encontraremos tan claramente la definición misma de esc dramatismo, que es su contenido, como en la admirable comedia que hizo Tirso, del Burlador; comedia católica genuina (geno- típica iba a decir) porque es mucho más honda y duradera la universalidad de esta construcción figurativa perfecta, que la que ha pretendido atribuírsele como germen dramático del cacareado donjuanismo literario internacional o cosmopolita. L a comedia del Burlador tiene más profundo y trascendente interés; como su forma, parcial y totalmente, más esmero y lograda ejecución que la descuidada y desigual que se le ha supuesto generalmente, desatendiendo a l a unidad poética que la constituye; como si, desatendiendo a esta unidad, pudiera siquiera tener sentido ni valor cualquier obra poética que lo sea. Así lo entendía, justamente, Poe en lo lírico; y así es en lo dramático, como en toda construcción imaginativa, poética, o pictórica, o musical. (Justo es recordar que esta unidad o coherencia poética del Burlador fué primeramente notada, de un modo expreso, por Américo Castro, al que debemos la mejor edición crítica de la comedia: su mejor edición y su mejor crítica. Los tiempos que corren en el teatro, los tiempos dramáticos pueden medirse con la figura poética del burlador tan exactamente, que toda la mecánica teatral española del x v n se esclarece por el sentido, o contrasentido, de su dramática personalidad. L a persona o figura dramática del burlador, por mal nombre Don Juan Tenorio en la comedia de Tirso de Molina, la persona dramática, figurativa, imaginativa, y no psicológica ni fisiológica, de Don Juan, se define, efectivamente, a sí misma, con una evidencia matemática de definición, engendradoTM, corno la de un impetuoso intempestivo, la de un genio contrario al imperativo del tiempo que dramáticamente le determina. ¡Tan larqo me lo fiáis! es el grito de desafío a la temporalidad dramática de su ser, que le impulsa a determinarse, a 1 cuando son personas dramáticas verdaderas, figuras o imágenes de verdad, no de vida; cuando tienen, como tiene el burlador de Tirso, razón dramática de ser: de ser figuración dramática. L a comedia- -afirmaba Tirso- -es imagen y representación de su argumento Una seudocrítica positivista ha considerado legítimo interpretar la figura o imagen verdadera, es decir, poética, la persona dramática de Don Juan de modo muy distinto: de un modo psicológico o fisiológico. Todavía se insiste en aquello de la psicología de los personajes en el teatro, como si los personajes de teatro, las personas dramáticas o figurativas pudieran tener psicología ni fisiología. Este error, o serie de errores sucesivos, ha formado el tópico semirroniántico y naturalístico de Don Juan, interpretado con mucha seriedad por comentadores literarios o seudofilosóücos, y hasta médicos, psicológica o fisiológicamente. Y es claro que hubo que eludir, para esto, al verdadero Don Juan Tenorio, el burlador de la comedia de Tirso, tan claro, y, sobre todo, tan distinto, tan lógicamente (y no psico ógica o fisiológicamente) tan dramáticamente verdadero. Hubieron de acudir, en cambio, los donjuanistas o antidoujuanistas, sus osícofísicos interpretadores a buscar un Don Juan desviado y deformado sentimentalmente, desfigurado por cualquier lirismo antidramático del x i x desde el m á s poderoso v vehemente de Bvron hasta el más raquítico y mamarrachesco de Zorrilla. Pero el Don Tuan o burlador de Tirso, figura y representa, como su autor quiere, un argumento, precisamente un argumento que no es el de enamorarse ni el de enamorar; los cuatro episodios de la comedia, en paralela simetría, con monótona semejanza escénica, repiten la misma actitud burlesca de lo temporal con que afirma su dramatismo este Don Juan impetuosamente duradero; son accidentes que le verifican para venir a argumentar que, en definitiva, lo único que al burlador le importa de las mujeres, como de todo, es no perder el tiempo, ni ganarlo: es no atemperarse ni contemporizar; por eso es tan pronto en el engaño, para poder desengañar en seguida y es tan rápido, que. con tal de cumplir la burla se contenta que lo parezca; con una apariencia que la manifieste y publique, prescindiendo, cuando llega el caso, hasta de su realización material. Porque una vez lograda la burla, mejor si es graciosa y sucinta, sí lo rechaza, el amor sensual y sentimental, con la casta afirmación rotunda del más puro noli me tatifjcre intelectivo. L o que burla y birla el burlador en- su juego, no son sentimientos n i pasiones, sino un concepto moral: el honor, la honra, sin que la sensualidad o los sentimientos hayan intervenido, como si no tuviera sentimientos ni sensualidad o solamente en lo imprescindible para hacer su juego o para que se lo hagan los demás. Las engañadas por el burlador lo son como suelen serlo los timados, porque ellas iban a e n g a ñ a r pierden porque estaban dentro del juego. Y no h a y nue olvidar la integridad poética de la burla; que el Don Juan Tenorio de la comedia de Tirso de Molina, como personalidad dramática que es. como imagen y representación verdadera que transparenta su argumento, su asunto, su negocio: la dramática temporalidad no tiene, insisto, fisiología ni psicología; esto es, no tiene cuerpo n i carácter, sino figura v genio o génesis figurativa, Ímpetu y dramática temporalidad (y eso que Tirso goza fama infeliz de gran psicólogo: por aquello de confesor) Esta genial o genuina figuración dramática, este genio y figura de Don Tuan es lo que le lleva hasta ¡a sepultura precisamente, para verificarle de una vez, de una vez para siempre, de una sola vez definitiva; cumple su aplazamiento, paga su deuda lógica y no cronológicamente, al fin que es juez fuerte- -Dios en la muerte Y este es el principio del fin, del último fin; lo que es acabar por el principio o empezar por el final; generarse dramáticamente, como todo hombre, por el límite de su propia determinación. Esta es la génesis figurativa del pensamiento, de la burla; el genio e figura del burlador: el hombre y no el nombre, la cuna y la sepultura de Don Juan. Y este es el argumento que se figura y representa ¿Y es ese el enamorado o enamorador en la comedia del teólogo Tirso de Molina. de sus comentadores? Esto daría, por el contrario, al aspecto fisiológico o psicológico JÓSE B E R G A M I K de Don Juan una fisonomía absolutamente opuesta al del lujurioso o libidinoso senAUTOCRÍTICA sual o sentimental que gratuitamente se le atribuye. Don Juan juega limpio, tan limpio, Hoy, s á b a d o por la noche, se que todo en sus accidentes amorosos parece e s t r e n a r á en el teatro A l k á z a r de Madrid, la comedia, de los señores regirse por el viril y noble arranque de la Bengoa y S u á r e z de Deza, Nadie castidad, de una castidad relativa, afirmas a b í a quien era cuya a u t o c r í t i c a tiva, como es natural; castidad de varón, no es como sigue de eunuco. De aquí la inmejorable presencia de su figura, oue hace confesar, aun a Nadie sabía quien era es una pieza muy los burlados que ¡o fueron gallardamente, con española arrogancia. ¡T e n g o brío- -gri- esquemática, de tono fuerte y acción rápida, ta el burlador- -y corazón en la- s carnes! que ofrece dos aspectos fundamentalmente opuestos, pero complementarios, sin embargo. Plantea un. inquietante problema de educación y de moral. Muestra un caso, y con ello no afirma ni niega nada. Sin duda alguna su mayor relieve artístico está en la oportunidad, verdaderamente Francisco Alvarra. -Constnntinn. feliz, de poder ofrecer a Margarita Robles- -para quien ha sido escrita la comedia- un tipo de mujer que, por la diversidad de C a l e f a c c i ó n c e n t r a l 3 c u a r t o s de b a ñ o 20 h a- matices, permite a la intérprete lucir su bitaciones. R e n t a 11.500 ptas. V e l á z q u e z 24, talento de actriz. A 1I S SAI ISIDRO SE ALQUILAN CUARTOS