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BARRIO D E LA CATEDRAL nio de los A z a g r a reverdeció en estos palacetes del Renaj cimiento. E l siglo x v i fué aquí el de la r e n o v a c i ó n- templos) casas y todo parece como confabulado p a r a barrer todo resabio del arte ojival. Rampas y peldaños se suceden por doquier b a j o e l rústico pavimento de p r i m i tivo empedrado y cuadradas- losas. Y marchando al azar, vagando sin rumbo por aquellas laberínticas vías desiertas, silenciosas y s o m b r í a s de ciudad muerta, no se h a cen esperar gratas sorpresas para e l curioso turista que llegó eri. su busca, compensándole con creces las molestias del viaje. E l castró de Santa María de Oriente y su p r i m i t i v o poblado es de origen visigótico fué plaza fuerte durante la dominación muslímica, y feudo cristiano d e s p u é s S u belicosa historia medieval fué adecuado c o r o l a r i o de su accidentada vida mora, especialmente del azaroso s i glo x i en que Álbarracín pertenecía a los Hucil- henR a z i n y hubo alianza con el Rey moro de Toledo contra el califa cordobés, y l u c h ó contra Sevilla en favor de Valencia, y se alió con Z a ragoza y después con el C i d para sacudir el yugo sarraceno o almorávide, a trueque de quedar A b u M e r v a n dependiente de Valencia (todo ello en la misma centur i a) y viendo el valenciano en peligro a Á l b a r r a c í n confió su gobierno al caudillo cristiano Pedro R u i z de A z a g r a (hijo del barón de Estélla) de quien no pudie 1 re ERTA D E E N T R A D A A LA CIUDAD ron conseguir prestación de homenaje los Monarcas entonces aliados de Castilla y de A r a g ó n solamente vasallo de Santa María consagróle la ciudad de su antigua nombre y la Catedral de su nueva c r e a c i ó n e n aquel siglo x r i E n el señorío de tan arriscado feudo independiente sucedió a don Pedro su hermano D F e r nando y un h i j o de éste, otro D Pedro de A z a g r a t a n apuesto como su tío, pues, auxiliado del rebelde R. L i zandra, acogido suyo, hizo levantar el cerco que puso a Álbarracín el joven M o narca D J a i m e I de A r a gón. Después, en 1237, los de Álbarracín fueron a batir a les moros valencianos en busca de botín. D o n A l varo Fernández de A z a g r a consiguió para Á l b a r r a c í n los fueros de Sepúlveda. E s imposible extractar en breves líneas las vicisitudes de la Álbarracín cristiana en los azarosos siglos X I I I y x i v F u é de Pedro I I I desde 1284 a 1298, en que se emancipó la villa para volver a la Corona dos años después, ya investida con el título de ciudad. Fué refugio de la R e i na doña Leonor, patrimonio del infante D Fernando y objeto de luchas fratricidas entre testas coronadas, que se disputaron a s a n g r e y oro su anhelada p o s e s i ó n Baluarte de moros y judíos, y con la fuerte levadura de la rebeldía feudal, siempre miró con recelo el cobijo de l a Corona v añoró tenazmente su independencia. A fines del siglo x v cuando los Reyes Católicos fulminaron, el