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debatido decreto de e x p u l sión emigraron de A l b a r r a cín más de cien familias. Pero allá quedó en pie su nombre moro junto a la cruz c a t e d r a l i c i a de no menos agitada historia, a la sombra de los muros, torres y fortaleza que cimentaron al borde de los peñascos. A n tes ue la actual iglesia C a edral se cimentó ei templo monacal de los Dominicos, oetáneo con los sarracenos, que alberga el sepulcro del prelado D Pedro Jaime, enterrado en su muro absidai al alborear el siglo x v l l E l rimer obispo de Albarracín fué D. Martín, en 1172. Esta sede fué substitutiva de l a perdida silla goda segó b r í c e n s e S u restitución a- l a reconquistada Sebóbriga fué causa de ruidosa c u e s t i ó n que se resolvió en 1577 d i v i diendo la histórica diócesis p r i m i t i v a y concediendo a cada ciudad c o n t e n d i e n t e prelado propio. Entonces se edificó en Albarracín la nueva Catedral, pobre en arte y de humildes p r o p o r c i o n e s Siete obispos ciñeron la m i tra de Albarracín hasta su traslado a Segorbe; y después de la restauración, desde 1 578 hasta 1851, en que se suprimió por el concordato, ocuparon su silla 32 prelados. Junto al palacio del ob spo abre puerta la en ver jada escalinata del claustro cerrado de esta Catedral. Son dos edificios vecinos y contemporáneos, que hermanan bien su modestia. S o l a m e n t e l a torre, de mejor robustez que altur da pobre idea de la dignidad mitrada del templo. A éste nada tiene que envidiar cualquier parroquia ciudadana. A l lado opuesto de la plaza, entre tristes callejas, y al final de otra escalinata de rodeno, abre puerta de arco dovelado otro templo renaciente de pretenciosa crucería en sus bóvedas, remedando a las de la humilde ex Catedral: es la antigua parroquia de Santiago. Los cercos de las viejas urbes rómpense al e m p u j e de su crecimiento; pero los límites naturales f o r m a d o s de cerros y abismos, como en Albarracín (o, por el mar, como en Peñíscola) son i n franqueables; y entonces los ensanches, saltando por ellos, cristalizan en barrios modernos algo apartados, y que permiten perdurar intacta, a través de los siglos, la vieja ciudad. P o r eso al asomarnos a una miranda v e m o s allá bajo, en la estrecha cañada del río que descansa en dulce remanso, tras su fatigoso paso, en que besó, h u millado. los pies de A m a r r a ría vemos reclinada entre el Guadalaviar y la sierra la ciudad nueva, blanca y alegre, vigilada desde l a atalaya por la ciudad vieja que le dio el ser. Allá, la alegría y el afán de revivir. Aquí, en 1o alto, la ciudad del p a sado, la que duerme añorando lo que fué; la ciudad de melancolía, de la calma, de l a penumbra y del silencio. CARLOS LA CALLE MAYOR Y PRINCIPAL DE LA CIUDAD SARTHOU CARRERES (Fotos del mismo autor. IZQUIERDA: PUERTA D E L PALACIO EPISCOPAL DERECHA: ENTRE TRISTES CALLEJAS, Y A L FINAL D E UNA ESCALINATA D E RODENO, ABRE PUERTA D E ARCO DO C E L A D O L A A N TIGUA PARROQUIA DE SANTIAGO
 // Cambio Nodo4-Sevilla