Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EVOCACIÓN DE MIIXET. ACTITUD ÜXIVERSAI, S Í M B O L O DE LA ETERNO D E L A PAREJA HUMANA, Q U E TOMA S U S U S T E N T O TIERRA INMORTAL FR 1 TZ l í e aquí a F r i t z en traje de paisano conduciendo su carro por los campos brumosos y llanos de la Fomerania, donde nació. ¿Donde estaba hace ca- orce años? T a l vez en la tierra húmeda de Flandes, agazapado i las trincheras que circundaban a Iprés o bordeaban el Iser, ya cerca del mar del Norte. O acaso, enflaquecido y Heno de polvo, en ¡as laderas abruptas de los Cárpatos, entre las falanges de Mackensen, que al llegar estos meses de otoño avanzaban por los caminos enlodados de Polonia. Años de miseria que ni la esperanza de la victoria hacía soportables. Kn la fiebre de las marchas v contramarchas per territorios extranjeros, metido en su uniíorme gris, m u chas veces soñó con el retorno al rincón nativo. Y el sabor a tierra que le entraba en la boca en aquella vida de troglodita o a causa de las polvaredas de las explosiones, no hacía sino acrecentar su nostalgia de los verdes y bajos campos familiares. Porque desde tiempo inmemorial sus antepasados fueron campesinos. Cáela paraie de su suelo natal recuerda una batalla. aterras medievales entre los duques y los electores de Brandehurgo. Luchas cen los rusos y con los suecos. Pasaje de las huestes napoleónicas. A menudo- sus abuelos lejanos tuvieron que alistarse en una ti otra legión enemiga. Pero los imperios pasaban y las glorias bélicas se desvanecías mientras que el Oder legendario proseguía su curso lento entre las colinas inmóviles y las campiñas suaves balo la niebla. Y la familia tornaba a reconstituir en el paisaje tradicional su pobre vida cotidiana. E n las veladas de i n vierno el pariente que había guerreado recordaba sus impresiones de Jas tierras por donde a n d u v o países de altas montañas, tan diferentes del propio: comarcas donde cas: 1 SIEMBRA PATATAS volver a su hogar. Probablemente ascendió a suboficial. Quizá fué herido y hospital! -P zado en un tren de los que se quedaban se- i manas y. meses en la vía muerta de una! estación provinciana. Cuando los judíos de Cracovia le veían pasar al frente de su pe- ¡lotón, erguido y autoritario, es: -han lejos! de sospechar el alma bucólica y simple que! se albergaba bajo el uniforme imperial. H a s t a que un día la noticia del armisticio! se propagó rápidamente. -Se ha hecho la paz. -La humillación de l a derrota se atenuaba por la alegría del retorno y la certeza clfc volver a la vida normal, con sus tareas mo- j nótonas y sus horas de reposo en que rn- j miar el dramático recuerdo del tiempo pa- j: sacio. Y Fritz y millares como él regresaron! a Pomerania. U n o s a Steítin- -fábricas, hornos industriales, humaredas tóxicas áé las factorías de productos químicos- y ¡otros, los más. a la campiña ondulada, llena, de casas rústicas, de praderas que recuer- j dar. las de Holanda, surcadas de canales enj ¡que se distribuye el agua del Oder- -pía- teada bajo el cielo gris- -y en las que pas- ji tan apaciblemente las vacas rojas y los ca ballos de. carga. Caminos que pierden en la! lejanía su doble hilera de tilos o de áia- j nos. Grupos de sauces en la ribera del rio. Llanuras solitarias cerca del Báltico. dej las que se extrae la turba bajo el chillido de las gavietas. E n verano verdean los ree- i tángelos, plantados de remolacha, y los jnai- zales verguea sos lanzas empenachadas. que ¡ondulan al viento como Jas de los regimíe- n- j tos en marcha. L o s techos rojos, o negro? J por la humedad, emergen entre el mar de la. j cebada y el centeno. E l lúpulo crece amorosamente cuidado, aroma y alma de la cerveza nacional, jwe Frite echó de menos tan- j siempre hace sol. Evocaciones que en las horas nocturnas de lluvia o de nieve, cerca del fuego doméstico, daban a las almas máv opacas y densas de los oyentes una comezón de alas. Y F r i t z había perdido la esperanza de HE v m AQUÍ LOS A FRITZ CONDUCIENDO BRUMOSOS MKRAN 1 A SU CARRO LA CAMPOS BE