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ban estragos en las formaciones calizas. Hacía fal a, para que Dios accediese a la total entrega del encantado alcázar subterráneo, que se revelase, el público afán cuidadoso, el respetuoso amor a lo bello y el horror al daño irreparable que un momento de caprichosa veleidad humana hiciese en las fantásticas decoraciones que el agua, labrando su poema entre tinieblas, había hecho en su silenciosa labor milenaria. E l marqués de Aracena, con su dinero y su buen gusto, y unos pocos amigos más, con la cooperación que cada cual aportara, enseñaron a respetar y a querer aquello que estaba señalado para hacer de un pueblo olvidado lo que comienza a ser un alto, indispensable en los caminos sugestivos del turi smo nacional. Hace tres años, la Gruta se ent r e g ó totalmente; es que Aracena estaba ya en condiciones de recibirla, y gozarla, y disfrutar sus beneficios, y preparado también para ofrecerla a la contemplación de los peregrinos que cruzan las- rutas de la tierra en busca de sus maravillad in- E L CERRO QUE SÉ signes. Pero conviene tener presente, además, que Indudablemente, es cierto lo que decía el alcalde de Aracena, en su salutación al Mo- entre Arias Montano y la hora actual hubo, narca; que el espíritu de Arias Montano, lo hay- -está todavía ahí- un procer ilustre, hombre de corazón y de generosidad, el sabio confesor de Felipe II, retirado en que se llama el marqués de Aracena. Para esta comarca aracenesa, infiltró a Aracena la cultura necesaria, que se ha sostenido él fueron las primeras palabras del Rey a través del tiempo, para que la ciudad al llegar, porque el Rey conoce muy bien alcanzase a saber cuidar y amar su Gruta. y sabe dónde están los patriotas, aunque las circunstancias les obliguen a permanecer invisibles. La Gruta de las Maravillas tiene su leyenda. Nogales, el insigne aracenés inolvidable, la recogió del fondo de las ingenuas tradiciones populares de su pueblo en un bello libro. íulianita, la linda molinera, que al ir y volver del. molino se miraba y remiraba con graciosa coquetería en el espejo líquido de una fuente de la vereda, sintióse subyugada por las travesuras de un duendecillo, que asomaba la cabeza por entre los berros y limos del claro manantial cuando la moza se asomaba para ver reflejada su cara en el cristal del agua, y se dejó- llevar al palacio subterráneo, donde quedó encantada y dueña de las AUzA SOBRE LA CIUDAD D E ARACENA GUARDA LAS MARAVILLAS venturas prometidas, D E LA GRUTA ANÍBAL GONZÁLEZ DEJO, DONDEQUIERA O U E SE DETUVO. LA SEÑAL SOBERANA D E SU A R T E H E AQUÍ E L ACCESO A LA GRUTA, LABRADO POR E L INSIGNE ARQUITECTO, A L MODO TÍPICO SERRANO
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