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A B C. M A R T E S 26 D E N O V I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N Dii ANDALUCÍA. PAG. 7 Nación no es ya objeto de la divinización pagana, que a tantos espíritus arrastró, desde la Revolución francesa, que significa la cuna del principio ae las nacionalidades, hasta la Guerra Grande, que ha señalado su sangrienta agonía A l g o hay en el aire que nos muestra hoy a las organizaciones nacionales en situación análoga a la que las organizaciones feudales conocieron a fines de la Edad Media; cuando iban a desaparecer, para dar paso a formas políticas más amplias. L a unidad de la Cultura a través del tiempo, la unidad de la Cultura a través del espacio, complétanse con su unidad interior, superadora de la diversificación en clases sociales. Aquí lo aristocrático se define por razón de servicio; lo democrático no es puramente cuantitativo ni excluye la calidad. Aristocracia y democracia, tesis y antítesis, reúnense, dentro de la Cultura, en el concepto sintético de función. Una vez más. U N I D A D D E U N I D A D E S -H e m o s de encontramos a la totalidad, allí donde e abreviar el desarrollo teórico que, a partir fantasma de la parcialidad nos aparecía como de eso. se estructuraba en esta española con- un obstáculo. tribución. Nuestros lectores han encontrado ya, por otra parte, o han de encontrar, traíLO Q U E SIGNIFICA, COMO CONdas a las Glosas, muchas de las ideas que ja- C E P C I Ó N D E C U L T U R A N U E S T R A lonaban tal desarrollo... L a concepción de la C O L O N I Z A C I Ó N D E I N D I A S -Y ahoCultura como una unidad, por encima de la ra viene lo de la razón, no ya extrínseca, pluralidad aparente de siglos y de genera- sino intima y fundamental, que permite- -sin ciones, deducíase inmediatamente del hecho nacionalismo alguno, es claro- -llamar a esde la existencia de aquellas constantes En tas ideas, ideas españolas el fondo, allí donde hay espíritu, hay siemCuando el ppncipe tíe Rohan vino a M a pre fijeza. N o nos bañamos dos veces en un mismo río, aseveraba el viejo filósofo... drid, para hablat por primera vez de su Quizá. Ello es quizá verdad, en tanto que nrovecto de Asamblea, la organización de la se trata de un nosotros, de un yo físicos, misma presentábase determinada por el procompuestos de materia que se renueva como pósito de que, en sus debates, se afrontaran se destruye, que muere a cada instante y serenamente tres concepciones de la Cultupasa, en tanto que se trata de un río físico, ra, a las cuales, por modo aproximado, se que pasa también y fluye y corre y se va Pero, inmediatamente que pensamos en un yo moral, en un yo- conciencia, este objeto permanece; y lo mismo cuando pensamos en un río. que ya es un objeto de Cultura, siquiera porque tiene un nombre. Así que (trata de un nosotros de conciencia, de ur río que tiene un nombre, nosotros, en reali datí. nos bañamos dos veces- -nos bañamo, posiblemente veces infinitas- -en un mismo r i o D e n t í f r i c o s Agua de Üeion i- elementos de permanencia, de constantes solución ciertamente ya prejuzgada en el solo hecho de que se intentase aplicar a la Cu tura un examen científico; puesto que no hay ciencia de lo mudab e y accidental, sino tan sólo de ¡o substancial y permanente. E n el legado de la religión de los griegos a las u teriores civilizaciones- -proponía la disertación, en guisa de ejemplo- puédese distinguir dos factores distintos: una creencia que desapareció, al desaparecer ellos, que no podía subsistir desde el Cristianismo; y una mitología, que no sucumbió ni podía sucumbir, que se quedó incorporada a! acervo universal y todavía rige en él, traducida, no sólo a la erudición, sino a lo más vivaz de la palabra humana v de las artes... Pues bien, el primer factor constituye, con toda claridad, un objeto histórico: E l segundo no es un objeto histórico, sino un objeto de Cultura. podía atribuir la tonalidad antonomásica de tres pueblos diversos. L a concepción aristocrática de la Cu tura parecía mantenerse ea el mundo, sobre todo, por obra de la educación, de las costumbres, de la, organización inglesas; la opuesta concepción democrática llevaba, indudablemente, el sello de lo francés. Había lugar, frente a ellas, para una tercera posición, que se decía alemana, de carácter estatal, de atribución de a Cultura al Estado... Pero otras modalidades, otras atribuciones, no parecían posibles. En la reunión iban, pues, a llevar la voz cantante los representantes autorizados de A emania, Francia e Inglaterra. Alguien opuso entonces: A l lado de ¡a concepción aristocrática, de la áemoerá ca, de la estatal de la Cultura, ¿n o se. ha dado ya, en la historia, ia aplicación practica de una concepción total, de una definición de la Cultura como totalidad... Y o creo que sí, y que es cabalmente España quien la ha dado. España, sobre todo en su gesta esencial de colonización de las Indias; donde el criterio aplicado fué el de la incorporación incondicional a la Cultura- -doblemente representada por el Lenguaje y por la C r u z de las mismas razas inferiores; criterio antagónico al aristocrático, empleado por colonización inglesa en el Norte, con su exclusión, asepsia y destrucción de dichas razas. Nosotros llevamos la incorporación hasta el mestizaje; ellos, la diferenciación hasta el exterminio. Y adviértase que yo no digo ahora cuál de los dos criterios es mejor, ni cuál ha resultado más útil; ni siquiera prejuzgo cuál haya de parecer moralmente m á s digno: lo que sí digo es que se trata de dos concepciones diferentes, ninguna cíe las cuales debe ser excluida en un acto sintético do iñte ectual revisión... Esta voz fué escachada, y ello decidió la estructura de la reunión de Barcelona. Que ha tenido, para los no puestos a! corriente, tres sorpresas: ésta, de la beligerancia de las ideas españolas; la otra sorpresa, de la abstención británica en lo de sostener el idea! a r s o c r á t i c o v una tercera sorpresa, qu: la concepción estatal no resultase defendida, orecisamente, por Alemania: sin por esta Ita ia joven, que, en más de un aspecto, se nos antoja una Prusia rediviva, EUGENIO D ORS Esta unidad en el tiempo, a pesar del tiem- Ron de Quina, Pob ss ríe Bsüaza po, propia de la Cultura, se completa por l a De venta en dmsriiiTias lernimerias unidad en el espacio, a pesar de la pluralidad aparente de pueblos y naciones. A s i que se llega a la entraña social profunda, se descubre esta universalidad y se ve cuan superficial es, en la Cultura, cuan extraño a ella en rigor, lo atribuíble a las caracteri- D i s p o n e m o s m a g n í f i c a s o p e r a c i o n e s en 1. y zaciones nacionales, al particularismo pinto- 2. h i p o t e c a C r é d i t o s h i p o t e c a r i o s A v e n i d a resco... U n error romántico, muy difundiE d u a r d o D a t o 6. Seis a ocho. do durante el siglo x i x trajo la confusión entre lo popular y lo nacional, suponiendo que entre el pueblo es donde se dan las diTRACTORES DE ACEITES PESADOS ferencias locales más irreducibles. Ello no es cierto. Una mejor reflexión, una información más auténtica, nos inducen, al conC HERRERA. Barquillo, 18, Madrid. I trario a ver, en la estructura cultural de la sociedad, tres niveles: uno, el superior, en donde domina el sentido de lo universal; otro, el más hondo, donde el sentido de lo universal vive también; otro, el intermedio, que es donde se dan, si acaso, los particuFrancisco Aívarez. -ÍVuisfantina. larismos, los exclusivismos, los antagonismos nacionales. Por esto, todo nacionalismo es siempre un fenómeno de clases medias... Pero ya nadie quiere pertenecer a la clase El público debe leer diariamente media y. objetivamente, ésta va desapareciendo. E l nacionalismo no es un senti- nuestra sección de anuncios por miento actual. Todo nos lleva hoy a creer que los días de las naciones están contados. Forma histórica, la Nación- -y, dentro de lo palabras clasificados en secciones. histórico, reciente- forma que dejará de existir, como ha empezado a existir; objeto En ellos encontrará constantemende historia, así las creencias de los griegos, no objeto de Cultura, así su mitología, la te asuntos que pueden interesarle CAPITALISTAS A BC EN FRONTERAS ESLAVAS Parlamentarios Ignacio Daszynski, compañero, amigo, colaborador del mariscal Piisudski hasta hace poco, estuvo bien deíend. endo los fueros del Parlamento cuando penetraron en él, para dar guardia de honor al mariscal Pilsud. iki, más de noventa oficiales armados, y ha hablado con cruda sinceridad rencorosa en un documento que a estas fechas amigos v enemigos saben de. memoria. A la proposición hecha por el jefe del Estado de recib. r a los dos mariscales- -el militar y el parlamentario- a fin de: aclarar ante el P o cr moderador lo ocurrido en el Seym, Daszynski contestó que no quería encontrarse con Pilsudski, y solicitaba ser recibido solo. Accedió el presidente de la República, y Daszynski pone en conocimiento púb! co lo dicho en esa audiencia. He aquí algo: E n el Zamek dije al presidente que et país exige, ante todo, tranquilidad v ordea interior, tanto m á s necesarios dado el c r í- MUNICTeilS
 // Cambio Nodo4-Sevilla