Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
iotiaaaDao a a a a a o o a a a p PARA 0 Apellidos Profesión Calla de i Población Provincia REGALOS NIÑOS a fifi Ai Boletín a recortar. S o Pas EO de Francia. SAN SEBASTIAN Remítame catálogo y CRÉDITO S L O I N A Z Franquéese con a a a DEREYES a g ¡o 2 cents. fn Q M p -a s E ÑO R A S Sombreros fieltro elegantísimos, a 8 pesetas. MONTELKON. S 5. primero derecha. CONSULTA ALVAREZ GUTIÉRREZ VÍAS PRECIADOS, URINARIAS, RIÑON, 9. 10- 1 y 7- 9 SECRETAÍJ SB 5 0 0- i Q BE a -SÍRVASE RECORTAR y remitir este boletín con a su dirección y le enviaremos el catálogo de 3 Profesión Casa cine P A T H E BABY i M U E B L E S L A C A expuestacompleta, durante cuatro días. ESPEJO, 9 y 11. Gallar. Teléfono 14020, OPOSITORES HACIENDA wrwvilVllli n W nN H hv Una magnífica biblioteca de las novelas mas grandes y notables del inundo ocupará un testero en su despacho. Suntuosa encuademación de todo lujo. A plazos increíbles y soportables hasta para el más pobre. Le regalamos una famosa Enciclopedia y un inmueble- biblioteca de tres cuerpos. ¡Increíble! ¡Increíble! sí; pero pida detalles y fotografías, y s asombrará. CENTRO LIBRERO H. o A. -CÓRDOBA Señas ¡ASOMBROSO! ¡ASOMBROSO! Mejorareis la puntuación en un 60 por 100 como máximo, aprendiendo Taquigrafía elemental española MIGUEL PÜXOU. Aprendizaje fácil, rapidísimo, sin profesor. LIBRO, TRES PESETAS. Éxito anteriores convocatorias. Dirigirse: MIGUEL PÜYOU, Corredera Baja, 21, Madrid. PERITOS AGRÍCOLAS El 70 por 100 de los ingresados en junio y septiembre han sido preparados en esta Academia. Fernando VI, 19 Hay internado. U F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 15 de Levante, y te entregará un puñal, en cuyo pomo irá tin bolsillo; lleva a ese hombre al palacio Conti, y franquéale el postigo del palacio. ¿Y quién te ha dado las llaves de ese postigo? -En Venecia se encuentra con mucha facilidad una llave maestra que abre todas las puertas. ¿Conoces tú el interior del palacio? -Una noche estuve en él, hace diez años, y tales cosas vi, que. no he podido olvidar el sitio por donde fui y por donde vine. -Pues ábreme, y procura que, una vez dentro, Ue guemos a la habitación de Elena Conti. Nicolino llegó al postigo, le abrió y entró en el palacio con Manuel Karuk, cerrando después el postigo. Apenas el postigo se había cerrado, un bulto se deslizó a lo largo del muro por la parte de afuera, llegó al postigo y se escondió en un hueco. Entre tanto, por la parte de adentro, Nicolino, que había sacado de debajo de sus harapos de mendigo una linterna sorda y la había abierto, alumbrándose con su escasa luz, subía con Manuel Karuk las estrechas escaleras que conducían a las habitaciones superiores: A l entrar en una crujía, alfinde la cual había un opaco farol encendido, Nicolino dijo: -Es- ya inútil que os acompañe, y yo debo esperar fuera; seguid hasta aquel farol, torced a la derecha, y la primera puerta a la izquierda es la de las habitaciones de Elena Conti. -Espera atento, y avísame de lo que suceda- -dijo Manuel Karuk. -Descuidad- -dijo Nicolino. Manuel Karuk adelantó; y Nicolino retrocedió, llegó a las escaleras, bajó por ellas, abrió el postigo, y al abrirle tropezó con el bulto que poco antes se había pegado al hueco. ¿Qué novedad hay? -preguntó a Nicolino en voz muy baja aquel hombre. Lo que has visto- -contestó Nicolino- he entrado con él, y le he dejado en camino de las habitaciones de Elena Conti. -Pues vuelve a entrar- -dijo el bulto- observa y escucha cuanto suceda v cuanto se diga, y sé fiel, si quieres que se te perdone tu pasada traición. Nicolino volvió a entrar y cerró el postigo. E l bulto que había hablado con Nicolino permaneció oculto en el hueco. Manuel Karuk siguió el camino que se le había indicado; torció a la derecha y se detuvo junto a ia mampara de cuero estampado de la primera puerta de la izquierda. Nada se oía en aquella habitación. M a nuel Karuk abrió la mampara, entró v se encontró en un espacio obscuro. Adelantó, y llegó a los tapices de terciopelo de una puerta, entre los cuales penetraba el reflejo de una luz. Más allá de estos tapices, Manuel Karuk se encontró en una magnífica antecámara pintada y dorada, muellemente alfombrada y ricamente amueblada, de cuyo techo pendía una lámpara encendida. A l frente había una gran puerta, cuyas hojas estaban delicadamente labradas e incrustadas en marfil, nácar, cobre y plata; una de aquellas magníficas muestras de la ebanistería del siglo x v i que entonces eran muy comunes en los palacios, y de las que ahora hay rarísimas muestras. Manuel Karuk empujó aquella puerta, que sólo estaba entornada, y se encontró en la misma cámara por una de cuyas ventanas había huido pocos días antes Ahen- Shariar. A l entrar Manuel Karuk en la cámara, por una puerta contraria entró también Elena, ricamente prendida y bellamente ataviada, con un traje de seda completamente blanco, bordado de oro. De sus magníficos cabellos negros pendía un largo y transparente velo, y ceñía su cabeza una corona de flores blancas. Aquel era a todas luces un traje de desposada. Al ver a Manuel Karuk que adelantaba hacia ella, Elena se detuvo; pero no gritó, ni se puso pálida, ni retrocedió. Solamente miró con atención y con una seria fijeza a Manuel Karuk, que seguía adelantando, abarcándola en su mirada, conmovido. Cuando estuvo cerca de ella, Elena le dijo con la mayor naturalidad: -Vos sois de tierra de Levante. -Sí, Elena- -contestó con la voz trémula, a pesar de su valor y de su serenidad, Manuel Karuk- yo soy de la isla de Corfú. De la isla de Corfú? Yo he tenido allí parientes. -Tu madre, María Zinca Karuk, nació en Corfú, como tu abuela Magdalena Krasna Karuk. Quién te ha dicho eso? -respondió Elena, aceptando el tú con que tratan a todo el mundo las gentes de Levante.