Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Sombreros üaitro e l e g a n t í s i m o s a 8 pesetas. M O N T E L E O N 35, primero derecha, Madrid. O R A S los D E L A B O L A D E N I E V E E X P O N E N DIARIAM E N T E INFINIDAD D E ARTÍCULOS D E PUNTO, TEJIDOS, MANTAS Y B U F A N D A S FANTASÍA A PRECIOS BARATÍSIMOS. ¡S I E M P R E N O V E D A D E S! V É A N L O S P L A Z A D E L Á N G E L 9, Y E N L A S U C U R S A L C A L L E A T O C H A 30, M A D R I D L A B O L A DE NIEVE ESCAPARATES a aaDaaQaaaomQBQaaoi a sesQoaHaaann ÜEüALOS D E Ü E Y E S F r a n q u é e s e con 2 cents. NIÑOS s a a B o l e t í u a recortar. C R É D I T O S. LOEMAZ I? a E S V Paseo de Francia. S A N S E B A S T I A N R e m í t a m e c a t á l o g o y condiciones de Nombre Apellidos Profesión Calle de Población Provincia FaSsri aii! de a it de uva ¡M S SUERO! Los orujos de aceituna, trabajados frescos en el A U T O- E X T R A C T O R P. de Gracia dan aceites iguales a los elaborados por p r e s i ó n J o s é P. de Gracia, Pi y Margall, 9, M A D R I D 5 S fc AB nüm C. -27- 11- 29. RVASE RECOSTAR y remitir este boletín con B D DDaaDOODQDD: a a iNSTALACIOMES DE RIEGO Bombas c e n t r í f u g a s y p i s t ó n Instalaciones completas. Motores. Tractores. Contado, plazos. C O M P A Ñ Í A H E R R E R A B A R Q U I L L O 18, M A D R I D u su direQOión y le eraremos el catálogo de O cine P A T H E B A B Y a a a OPOSICIONES A CORREOS, TELÉGRAFOS Y RADIOTELEGRAFÍA M á s de 200 plazas. Para el programa oficial, contestaciones completas y p r e p a r a c i ó n en las clases o por correspondencia, el INST I T U T O R E U S P R E C I A D O S 23, M A D R I D Regalamos programa y prospecto. Tenemos internado. E. itos: E n las de Correos (a ñ o 1927 ingresaron todos nuestros alumnos; en las de T e l é g r a f o s obtuvimos las plazas n ú m s 3, 11. 22, 54, 90, 97, 101, 102, 109, 111 y 159, y en Radio obtuvimos dos veces el n ú m e r o 1 y 19 plazas, cuyos nombres y apellidos figuran en el prospecto que regalamos. S 2 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L PASTELERO D E MADRIGAL 1 2 ¿Q u i é n es ese hombre? ¿Q u é hace aquí? -Ese hombre- -contestó K a i v a r antes que pudiese responder Elena- -es mi buen hijo, el jefe t á r t a r o Manuel Karuk, gobernador de Corfú, que ha venido precediéndome y que se encuentra aquí cumpliendo lealmente con su encargo. -Bien venido sea a Venecia el hijo adoptivo de la República, el bravo caudillo de la tribu Karuk- -dijo Barbarigo adelantando y dando la mano al t á r taro, que la estrechó con efusión. -Es para mí una grande alegría y una grande honra, monseñor- -contestó coa respeto Manuel K a ruk- -el estrechar mi mano con la del ilustre héroe de Venecia. -Abreviemos las cortesías- -dijo modestamente Barbarigo- y tú, Elena, llévanos al lugar donde tienes aposentados al cardenal romano y al fraile portugués. Elena, precedida por sus criados, que llevaban candelabros encendidos en las manos, se encaminó a la escalera principal y subió por ella. A su lado y a su derecha iba Giacomo Barbarigo; detrás, Rugiero Maffei: algo m á s a t r á s José K a i v a r a la derecha, Manuel K a r u k a la izquierda. Después de haber subido las escaleras y de haber recorrido dos lados de la magnífica galería sobre el patio, Elena abrió con un llavín una mampara y se apartó para que pasase Barbarigo. -No, hija mía. no- -dijo el anciano- precédeme tú para anunciar le presencia del Estado a esos señores. Elena pasó, y tras ella pasaron Barbarigo y R u giero Maffei. -Entrad vosotros también, mis buenos t á r t a r o s- -dijo Barbarigo deteniéndose y dirigiendo la palabra a Kaivar y a K a r u k que pasaron. Entre tanto Elena había abierto una segunda mampara, y había dicho al cardenal y al fraile agustino, que habían salido cuidadosos a su encuentro: -Señores, la Inquisición de Venecia os busca. E l cardenal romano y el agustino portugués se pusieron muy pálidos y el terror no les dejó contestar una sola palabra. E n aquel momento entraron. Barbarigo, Maffei, Kaivar y K a r u k 7 Barbarigo se volvió hacia un ostentoso altar que se veía al fondo de la cámara, cubierto de candeleros dorados con velas que a ú n no se habían encendido. ¿P a r a qué se ha levantado aquel altar, monseñ o r? -d i j o Barbarigo al cardenal Montalto- Espero que me responderéis la verdad, porque no creo posible una mentira en la boca de un príncipe de la Iglesia. -Decís bien, monseñor- -contestó el cardenal M o n talto- no oiréis de m i boca m á s que palabras de verdad. Ese altar se ha levantado para celebrar delante de él el casamiento del Rey de Portugal con vuestra hija la señora Estéfana Barbarigo. Y el cardenal acentuó de una manera intencionada sus últimas palabras. ¿Y cío debía celebrarse otro casamiento delante de este altar? -dijo Barbarigo. -Sí, monseñor- -contestó Montalto- el de le señ o r a Elena Conti con el señor César Malatesta. ¿I g n o r a b a i s que Gabriel de Espinosa está bajo la protección y la vigilancia de Venecia? -dijo severamente Barbarigo- ¿P o r qué no habéis dado conocimiento a la República y le habéis pedido permiso para celebrar ese casamiento? -Y o no reconozco más autoridad que la autoridad del Papa- -dijo el cardenal- y tengo órdenes terminantes de Su Santidad para celebrar por mí mismo ese casamiento. -Pues bien, monseñor; Venecia no reconoce otra autoridad que la que proviene del Estado, y estamos en Venecia; por lo mismo, voy a haceros oír el decreto cuya ejecución me ha cometido el Estado; leed, señor secretario. Rugiero sacó de debajo de su ropón un grueso papel enrollado y leyó con voz sonora y grave l o s i guiente E l Consejo de los Diez, en nombre de la República de Venecia, a monseñor Giacomo Barbarigo, senador y miembro del mismo Consejo: sabed y ejecutad el siguiente nuestro decreto: Existiendo en Venecia, secretamente aposentados en el palacio Conti, el cardenal de la Santa Iglesia Romana monseñor Jenaro de Montalto y el religioso agustino portugués fray Miguel de los Santos, y no conviniendo al servicio de la República la permanenr
 // Cambio Nodo4-Sevilla