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Miss gado Olive Young, a Hol vwood la Marx Pickford china, que ha llepara trabajar en películas habladas. (Foto Marín. Willy na del primer el admirado actor alemán, en una esce film Ufaton, L a melodía del c o r a z ó n de Erich Pornmer. 1 alemanes poseen sensibilidad y sentimentalidad; pero n i su sensibilidad ni su sentimentalidad es la nuestra, la de los mediterráneos, la de los occidentales, ni siquiera 3 a de los norteños. Igual que! a visión sentimental- -unas rubias freuleins, gordas y mantecosas, devorando salchichas y bebiendo bocks de cerveza, o yendo a una granja cargadas de guirnaldas de flores y embutidos a felicitar al dueño- -no es la nuestra, su visión estética no lo es tampoco. L a película La Reina de Saba es fea, francamente fea... y desagradable. Uuizá, y confieso que es muy probable, que el viaje de Balkis y aun, aun su admiración por Salomón escondían una cuestión dinástica, el afán de encontrar en tan poderoso Monarca un valedero a sus pretensiones de recuperar el Trono que le habían arrebatado pero la verdad, ya relegado el personaje al terreno mítico, prefiero, y conmigo todos los espectadores (sus protestas, sus burlas, su impaciencia lo demuestran) que presenciaron la presentación de la cinta, la versión vulgar del gran amor y la fascinación de admiración. E l advenimiento del pueblo hebreo en la economía del mundo, su poderío, su supremacía, sus luchas con los egipcios, los persas v los babilonios: su dominio sobre pueblos más pobres y débiles, la aparición de David la realización en él de la unidad (César en Roma, Carlomagno en Francia, Isabel de Castilla, Federico el Grande) las celadas parricidas y fratricidas son cosa del mayor interés; pero, al analizar demasiado, quitan poesía, gracia, y son más propias de un libro que de una película. Sin contar con que David no fué hijo de Salomón, como nos dicen en ese film, sino, a la inversa, Salomón hijo de David. Y vamos con algo; la puesta en escena o escenografía, atrtzzo y vestuario, en el fine, de trascendentalísima importancia. Aquí diré igual: será o no será así, pero unicornios. Muías cargadas de equipajes, y mujeres cubiertas con velos amarillos. es feo. Esclavos que extendían por tierra tapices Hav salas del palacio, en especial el trono, de arquitectura asiría, probablemente multicolores. exacta, con sus leones rizados, de rostro U n elefante blanco, encapuchado con red casi humano, que no son... lo que se sueña. de oro, sacudiendo su penacho, de plumas. Además, el templo cue se nos da en el film Y sobre sus espaldas, entre cojines de es... pobre. lana azul, cruzadas las piernas, entornados Según El Libro de los Reyes, la casa que los párpados y balanceando la cabeza, una Salomón labró a Jehová tuvo 6o codos de mujer, tan espléndidamente vestida, que relarga, 20 de ancha y 30 de altura. E l pór- verbera luz en torno a sí- ¡la Reina! S u tico, de 20 codos de largo y cien de ancho. traje de brocado de oro, dividido regular Y la casa, cuando se edificó, fabricáronla mente por rayas de perlas y azabache y de de piedra, que traían ya acabadas; de tal zafiros, encierra su cuerpo en un estrecho manera, que, cuando la edificaban, ni mar- corpino, realzado por aplicaciones de colotillos ni hachas se oyeron, ni ningún otro res que representan los doce signos del instrumento. Nos cuentan las Sagradas E s- Zodíaco. Tiene patines muy altos, uno necrituras que cuando estuvo concluida cu- gro, sembrado de estrellas, con una media brió la casa con artesonados de cedro. C u- iuna; el otro, blanco, salpicado de oro v con brió las paredes con madera de cedro y el un sol. piso de haya. Vistió el oráculo de oro puSus largas mangas, adornadas de esmerísimo, y el altar de cedro. Colocó dos querubines, de diez codos de alto, con alas ex- raldas y de plumas de ave, dejan ver, destendidas revestidas de oro. Y revistió, en nudo, su brazo, adornado en el puño con fin, el piso de oro (cosa, en menos rica, una pulsera de ébano, y sus manos, cargaparecida al templo de Pachacamac en el das de sortijas, acaban en uñas tan puntiaguPerú) Pues bien, esta maravilla de oro, das que sus bordes casi semejan agujas. U n a cadena de oro pasándole bajo la piedras, cedro y oliva, llena de figuras, en barba se enrosca en espiral alrededor de el film es... ¡pobre! sus cabellos empolvados de azul, y cayendo A l g o igual pasa con trajes y cortejos. luego por su espalda viene a sujetarse al Los trajes, desde luego, no eran así, pues pecho con un escorpión de brillantes, que ni Balkis ni l a hija del Rey de Egipto, n i tiembla entre sus senos. ninguna de aquellas señoras, se vestían ni A l caminar sacude una sombrilla verde, en las modistas de Berlín ni en los atrecon mango de marfil, rodeada de cascabeles cistas de Munich. de oro. E n cuanto al cortejo quizá anduviese la Y sin poderlo remediar, entre esta v i Reina de Saba y su séquito en las muías sión encantadora y las absurdas damas gorcon literas toscas y feas, pero la prefiero, ditas, vestidas en el WMhehnstrasse, reen Flaubert, yendo a visitar a San Antonio cuerdo la diferencia de las bíblicas maraen el desierto: villas del Renacimiento, o de los Tintoreto, Tres ciballeros, montados en onagros, Veronés o Guido Remi, comparadas con vistiendo un traje verde y con un lirio en cuadros muy verdad; pero, ¡a y! muy feos. la mano. Estandartes de seda roja, con cabezas y ANTONIO D E H O Y O S Y V I N E N T
 // Cambio Nodo4-Sevilla