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ABC. S Á B A D O 30 D E N O V I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 6 el horrible pulpo voiante a los peores abismos, se oían crujir ya los huesos de la desventurada, castañetear sus dientes y pararse su corazón. Entonces volví a abrir el balcón, y, ya con la pistola amartillada, g r i t é Déjala, monstruo... Déjala, o te mato Disparé doce tiros al corazón del viento, como a una botella de cristal. A l irónico movimiento de. báscula que hicieron los hombros del viento, a la oscilación desaprensiva de su informe volumen y de su agilidad portentosa, sucedió en seguida un fastuoso recrudecimiento de furor criminal y de m ú sica- -los acordes atronadores y el motivo candido y sibilino- -con avalanchas poli formes que arrancaban las casas y los muelles; pero que, al ensordecer el espacio, unían en la sorda espiral de caracola cósmica un increíble trino prematuro de millares de r u i señores. E n la sombra del cataclismo y del escarnio, toda la delicada belleza de la Cote Basque debía palidecer como en un vasto circo neroniano de fieras rugidoras e i n v i sibles. ¡A h! ¡Quién hubiera sido Ursus para sujetar por los cuernos al tifón, que mugía silbante y epiléptico! Pero el vendaval desenfrenado hasta el paroxismo no era ya sino inmensa guillotina, cuyo filo sesgaba la aba noche con una velocidad fulmínea... Se estaba frente al choc inminente, en el incalcu able minuto que precede a la consumación de la catástrofe. De repente, las hélices del viento se paralizaron en un pasmo inaudito bajo las estrellas, y un silencio crispado de estupor sucedió a la descarga máxima. L a Cote Basque había dejado de s u f r i r! A la mañana siguiente, la belleza mártir e insetulta. casi recién asesinada por el viento bestial, sonreía con un delicioso descir do frente a! mar azul Dorada y viviente en el sol, fresca todavía del pavoroso baño, se ofrecía con una toilette de lana clara y ale- fhrí de los obvios turistas) repitiendo con desenfrenada alegría los peores ejemplos de las horua- j bruta. es. g ü i t o de Attla v T a merlán, o sacudiendo cielos y tierra- -polvo de estrellas y lluvia diamantina- -como una estera de colores sobre un patio de vecindad. La otra noche, desde la cama, oía vo so nar y sonar al implacable viento forastero, pero no llegaba a distinguir si cometía crímenes horrendos o ejecutaba maravillosas p a s t a l e s porque, en realidad, conmovía los espacios, como si anduviese poniendo en libertad a las propias entrañas de la música- -y despeñaba sus diamantes en bruto por la vía sonante- -pero forcejeaba también sin piedad, como si las estuviese desgajando de las cavidades viscerales del universo. A guien, a la intemperie, era tor turado v expoliado hasta las lágrimas, la glorificación o el delirio. L a crueldad del pavoroso ejecutor- -viento verdugo v viento músico- -debía ser acaso nefanda, pero no se pod a comprender si quería castigar como azote cíe Dios o raptaba y hollaba- -frenético Don Juan- -rosas delicadas y obscuras, tiernos silencios, millares de suspiros con su helado guante de hierro. Sólo me di perfecta cuenta de que. favorecido por la noche, se ensañaba con la dulce belleza geográfica de la Cote Basque, y, de seguir así, la haría un guiñapo inservible para las fiestas del verano. Creí que la arrancaba la cabellera fresca de árboles v la suave epidermis aterciopelada de sus orados de fuego. Sentí que la risueña boca en flor de las bahías se destrozaba sin remedio bajo la esmimosa mordedura incesante de olas enfurecidas. Aunnue no podía percatarme con toda sxactitud de toda la injuria salvaje, perpetrada en la obscuridad exterior v entre sinfóivcos prodigios, me imaginaba que un boreal v rubio antronófago. rodeado por una balumba de armonía, devoraba una criatura viviente, y celebraba con un y v l o cada dentellada. Otros ratos me quería consolar a mí mismo, diciéndome que el viemo crudo y armonioso, el trazado de Ogro y Satanás, ensayaba por pura diversión una de aquellas danzas de teatro, que en el viejo ballet de la Opera se denominaron tempestades o danzas violentas, v para ensayarla, elegía una bailarina ideal, elástica y ligera, hija del mar y la montaña, que se llama la Cote Basque Pero, no. Aquello era peor que un baile apache, con todo su desgarro canalla de puñal y estranguiamiento, dónde se oían bofetadas del huracán en. la tierna mejilla del paisaje, o se presentía que la linda silueta panorámica, derribada hacia atrás, desmayada, quebrada la cintura, abría a las estrellas, en los brazos del asesino, unos ojos de guillotinada. A lo lejos se oía la larga zarabanda de aves y alaridos. gritos carnales y supremos de una despavorida Cote Basque pidiendo socorro, y a la vez unos hoop interminables de barrisía de circo, especie de rítmicos aullidos con que el viento impasible llevaba el compás de sístoles y diástoles inmensas, peculiares de su cuerpo aeriforme. A poco- -trágicas varietés del homicida- -zumbaba y silbaba en el aire un vertiginoso voleo de bolas metálicas, que movía con cuerdas de seda el viento voleador, dejando adivinar por los quejidos que salpicaban la cornisa circular de rumores, cual era el juego despiadado que rnagullaba el cuerpo encantador de la pobre víctima. No pude contenerme ya, y. abriendo el balcón, grité lleno de i r a Déjala, criminal, infame, canalla. N o ves que acabarás así con su b e l l e z a ¿N o yes que mereces la horca por el asesinato v el martirio de la Cote Basque? Inútil. E l viento seguía tenacísimo su obra sacrilega. Volaban tejas y crista es. Estrujada en las garras del huracán, llevada por Lo que distingue O D O L de los demás dentífricos, es su excelente propiedad de pasar a través de las membranas que cubren las encías. Ello determina una desinfección que perdura varias horas, dando a Vd. la seguridad de que su boca se halla protegida contra posibles infecciones. El uso diario y combinado de O D O L pasta y elixir conserva los Dientes Blancos y Brillantes Precios par toda fispaía (Impuesto oomprauiídoa Laboratorio Salus- Barcelona Frasco G 25 Ptas Frasco P 2 95 Ptas. Tubo: V 70 ta
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