Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
V i s t a s de París. UNA NOCHE EN EL PANTEÓN noveva sería en adelante el sepulcro de los grandes hombres; A s í esta basílica- -escribía Camilo Desmoulins- ¡podría reunir a todos los hombres en su religión. París rindió a l célebre orador los funerales más grandiosos que se recuerdan. París entero estaba en pie. Asistieron más de 400.000 personas escribía en sus Memorias el barón de Thieboult. Se llamó entonces al monumento el Panteón francés Tres años más tarde, a instancias de José Chénier, la Convención declara que no puede haber grandes hombres sin v i r t u d y en consecuencia se ordena que. salgan los restos de M i r a b e a u y entren, en cambio, los de M a r a t y así se hizo durante una noche fúnebre, en silencio. L o que quedara de los restos de M i r a b e a u se habrá deshecho ya en los rincones del trágico cementerio de Clamart, donde fueron a r r o j a das las víctimas de septiembre. Entró, pues, Marat, pero a los tres meses fué sacado, y sus restos (no se sabe a punto fijo) debieron ser tirados a la fosa común del cementerio de Saint- Etienne- duMont. Luego llegaron V o l t a i r e y Juan Jacobo Rousseau... L a conducción del cadáver del primero, imponente por el entusiasmo y- e l número de los que formaban él cortejo, ¡E l Panteón! ¿Quién al llegar a París no visita el célebre monumento? Hace vanos años, a fines de un verano, desde San Sebastián, cogí el tren, llegué a París, me paseé por el Bosque de Bolonia, v i por fuera y por dentro el Museo del L o u v r e y una tarde, en unión de García Sanchiz, entré en la antigua iglesia de Santa Genoveva. ¿T e acuerdas, Federico? T ú vivías en un elegante mechinal de Passy, que parecía un fumadero de opio, por la abundancia de camas turcas, cojines, estampas y grabados japoneses... Allí, pluma en ristre, te sorprendí una tarde, preparando un artículo para Informaciones. Y o no conocía P a rís más que a través de la literatura más o menos romántica, y te prestaste a ser m i guía, desbordante y cordial en tu charla lírica... ¿T ú creías que había olvidado aquello? Y a ves cómo hoy te lo agradezco desde la más alta y popular tribuna pública... Y desde aquella tarde surgió en mí l a idea que no se realizó hasta ayer. ¡Acabo de pasar una noche en el Panteón de P a r í s H a y ideas y caprichos que sólo podemos desecharlos de una f o r m a realizando os. ¡Y o no volveré a pasar otra noche- ¡interminable! -en tan célebre sitio! Pero antes de que cuente, brevísimamente, cómo he pasado en el Panteón una noche de verano, oculto, sin que nadie se entere, hablemos un poco del Panteón... 1 i L o que son las cosas! A lo mejor, de la simple picadura de u n mosquito se decide una guerra... Así, por ejemplo, si una noche en Metz, el Rey L u i s X V a l a sazón enfermo, no se agrava, el Panteón no existiría. Bueno, el Panteón no es el Panteón, si para estas cosas deben respetarse las intenciones de los fundadores. E l Rey L u i s X V creyendo morir, ofreció, si se salvaba, construir una iglesia grandiosa, sin escatimar nada. E l Rey no murió, e inmediatamente el arquitecto Soufflot recibió el encargo de trazar los planos... Soufflot era un arquitecto muy influido por el arte antiguo, que había estudiado a fondo en Roma, y presentó su trabajo ante la admiración y el entusiasmo del Rey. Treinta y seis años después de la promesa ÍReal, el 6 de septiembre de 1764, asistía L u i s X V acompañado del Delfín, a colocar la primera piedra. A los catorce años de este acontecimiento murió Soufflot, dejando a su discípulo Rindolet- -que le había ayudado en muchos trabajos- -la dirección de la gigantesca empresa. Y apenas acabada la iglesia, comenzaron para el grandioso edificio las alternativas: el culto religioso y el culto c i v i l E n abrí de 1791, a la muerte del gran tribuno Mirabeau, la Asamblea Constituyente decreta que la iglesia de Santa Ge- R V- -S 3 S 1 01 i tí? sí- i- 4 ¡ra PARÍS, E L P A N T E Ó N Y SUS A L R E D E D O R E S A V I S T A D E PAJARO, (FOTO COMPAGNIE A E K I E N N E FRAKCAISE)
 // Cambio Nodo4-Sevilla