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T e m p l o s españoles. LA CATEDRAL DEL DE JAÉN, OBRA MAESTRA RENACIMIENTO Q U Í mismo, en España, no es el santo reino tan conocido ni tan estimado como se merece. Se habla y escribe mucho de sus tierras oleaginosas, de sus o l i vos, ejércitos simbólicos de la paz que se extienden por el campo y penetran en las cañadas angostas y suben por las montañas, y más allá de donde alcanza la vista siguen en correcta formación para inundar la provincia de Córdoba mientras que las vanguardias exploradoras penetran por la de Málaga para asomarse al mar. Sí, Jaén es la principal región olivarera del mundo; pero cuenta, además, con c i u dades como Baeza, archivo nobiliario; (Jbeda, la monumental; Linares, la progresiva; Marios, la opulenta; Andújar, la bella, y. sobre todos estos valores positivos, esa historia de exaltado amor patriótico que escribió el heroísmo de sus hijos. Avanzada de Castilla en la Reconquista, flujo y reflujo de combatientes que se disputaban con la posesión de Jaén la llave de Andalucía, no tiene su capital esos monumentos árabes de que tan justamente se enorgullecen Córdoba y G r a n a d a pero tiene una Catedral poema de piedra que parece recién acabado y está cantando desde hace cuatro siglos las más bellas estrofas del Renacimiento. N i memoria queda de cómo era la aljama, emplazada en eí mismo itio donde hoy se alza la hermosa basílica, que, después de varios intentos desgraciados e infruc uosos, comenzó a levantarse en el año de 1500, siendo obispo benemérito de Jaén el muy magnífico Sr. D Alonso Suárez de 1? Fuente del Sauce, el cual fizo a su costa esta capilla, y ansimismó fizo a su costa la puente que se llama del Obispo, que es entre las ciudades de Jaén y Baeza, sobre el río Guadalquivir, el paso de l a cual dejó y es libre, sin pagar tributo alguno orno reza su epitafio. De dicha capilla, que había de ser custodia de la Santa Faz de nuestro D i v i n o R e dentor y piadoso sepulcro de los restos mortales de D Alonso Suárez, no subsisten hoy más que los recios muros, a lo largo de los cuales se ven guirnaldas A FACHADA PRINCIPAL D E LA CATEDRAL DE JAÉN y curiosos adornos del estilo gótico decadente. Fué en el año de 1530, siendo obispo de Jaén el cardenal M e r i n o cuando se d i o i m pulso a las obras, encargando su traza y ejecución al célebre maestro Pedro xle V a l de! vira, a quien sucedió su hijo Andrés, natural de A l c a r a z en cuyo tiempo se h i cieron l a sala capitular y ta gran sacristía, de la que afirma el historiador X i m e n o y Jurado que es una de las mejores obras de Europa Iglesia llena de luz, no se siente en ella esa unción, ese piadoso recogimiento de las viejas catedrales góticas, cuyas torres, a i cielo alzadas, parecen oraciones petrificadas; DETALLE DE UN CAPITEL pero sus cuatro filas de columnas corintias y sus bóvedas donde yá comienza a iniciarse la florescencia que culminó en Churrigue- ra, son de tanta esbeltez y producen tal armonía de conjunto, que bien podemos diputarlas como una maravilla del Renacimiento español en Andalucía, sin la sequedad de Juan de H e r r e r a ni el estrecho rigorismo grecorromano. T o d a la Catedral, con su fachada primorosa que al ser herida por los últimos rayos del sol poniente toma la augusta tonalidad de los marfiles antiguos, con sus torres gemelas y la espléndida teoría de sus columnas majestuosas, no es más que el digno relicario del Santo Rostro, uno de los dobleces del paño con que la mujer Verónica enjugó el sudor y sangre de nuestro adorable Redentor en la calle de la A m a r g u r a reliquia insigne entre todas, cuya posesión d i o a Jaén el título de Santo Reino. L a historia de esta preciada reliquia es como un hilo de luz tejido en la tradición cristiana desde los primeros tiempos de l a Iglesia; se hace mérito de ella en la crónica
 // Cambio Nodo4-Sevilla