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Cortes Cortes Cortes Cortes Cortes Cortes Cortes Cortes Cortes crep satén, por pesetas 20,25 panas inglesas, por S, 50 crespones de seda, por 15,75 panas estampadas, por 25,2 popelín de seda, por 10,50 crep georgette por 29,70 encaje de seda, por 26,70 glasé, colores lisos, por 11,70 charmelain de seda, por 10,50 Etcétera, etc. INMENSAS COLECCIONES D E SEDAS PARA ABRIGOS Terciopelos: chiffon de seda 2 0 05, Felpa lana, 16,50. Por 3,90, rasos de seda estampados, y por 4,50, brochados de seda. ARDIPAQ Estilos ingleses, doble faz, corte, 31,25, y EIÍIIViw 59 de gamuza Australia, por 18,25, etc. etc. 2 OCASIONES EN ALMACENES PUERTA DEL SOL vestidos vestidos vestidos vestidos vestidos vestidos vestidos vestidos vestidos de de de de de de de de de Los mejores fruíales Mum las más selectas Grandes existencias Pida catálogos: El Cultivador Moderno Trafalgar, 76. Apart. 625. BARCELONA 15, PUERTA DEL SOL, 15 i P s CI l s Legitimo JEAN- PARÍS Doblado, 125 hoír í nueva. Ptas. 755 Estuche, 75 Puro hilo, siempre ei mejor Bloc escudo. í... Marca n. 1.074, registrada en España. El JEAN más antiguo y el sólo registr y reconocido como legítimo en la Oficina internacional de Berna. E l JEAN p ¿meramente conocido y acreditado en España y en todo el mundo, y, consecuen temente, el único que ha sido imitado. De calidad, combustibilidad y engomad) nunca igualados. ¡s más sólida que cualquier reconstruida y val menos. Millones de personas la usan, in representantes conocedores del ramo. GA. -Caballero de Gracia, 24. MADRID. Espinosa. Vajillas Espinosa, Lámparas. Precios de fábrica. Establecispinosa. Alcalá, 35, y Caballero Gracia, 18, 30 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ JERO D E M A D R I G A L to eres capaz de hacer por m í dudo, vacilo; a punto de decidir mi destino, y no quiero du ni vacilar. -Rompamos por todo, Estéfana- -dijo Malatesta- yo estoy amenazado por el Consejo de los Diez, obligado a casarme con Elena Conti, empeñado mi orgullo, que mi amor no, por la mujer de ese Rey sin reino y sin corona; de una parte tengo amenazada la vida; de la otra, empeñado mi orgullo en un duelo a muerte; pues bien, Estéfana, mi alma está bebiendo por mis ojos ei alma tuya que arde en tu mirada; el fuego de tu ser se trasmite a mi ser por tu hermosa mano que tiembla entre mi mano; tu hermoso seno se agita cerca del mío, y oigo los latidos violentos de tu corazón; tú me amas, E s t é f a n a t ú no sabías que me amabas hasta que ha llegado el momento de consagrarte, de entregarte a otro hombre; t ú has necesitado saber cuánto era mi amor hacia ti y me has citado; nos hemos encontrado, t ú próxima a unirte a ese extranjero, yo faltando a la hora y al lugar donde, obligado por la República, debía unirme con Elena Conti; pero esto ha sido un sueño; una terrible pesadilla que nos ha envuelto a los dos, E s t é f a n a pero hemos nacido el uno para el otro; no hay poder ni destino que puedan separarnos; viéndote, oyéndote, adorándote, nada existe para mí en el mundo más que t ú toda la hermosura junta de todas las mujeres que me han amado, desaparece, se borra de mi memoria, por uña sola mirada de tus ojos; ¡qué importa lo que haya de suceder! ¡Qué importa que me despedace el Consejo de los Diez por inobediencia, si he gozado en uñ solo momenttr una eternidad de gloria contigo! ¡A h! ¡Ñ o me engañes, Estéfana! ¡Y o temo que todo el amoí, toda la turbación, toda ia alegría que veo en que me embriaga en tu aliento abrasado, sean! Pero no, -no; tú no mientes ahora, ¿no es T ú no mientes ahora corno me has mentido éces; pero, ¡insensato de m í! a qué dudar, si ser me está diciendo ¡yo te amo! Sí- -contestó Estéfana, lanzando aquel sí envuelto en un suspiro- ¡yo estoy loca! E l infierno te ha dado sin duda todo su poder; mi. cabeza se pierde; no me acuerdo a qué he venido aquí; ¡ah, sí! -exclamó E s téfana con un acento en que se revelaban el miedo y el horror- había venido a matarte. 1 su felicidad, el ardiente destino de su vida. L o repetimos: Gabriel de Espinosa no podía ser más desgraciado. -E l tiempo se pasa- -dijo Estéfana- -y yo también tengo miedo; el Rey don Sebastián es terrible, y comprendo que sería insensato decirle lo que había pensado decirle; ese hombre está loco, César; ese hombre tiene la locura de la grandeza y del, orgullo; ese hombre me despreciaría y te buscaría a ti. -Me ahorraría la mitad del pamino, porque yo voy a buscarle; porque ese hombre ha oído palabras de amor de tu boca y necesito que me pague con su vida la felicidad de haberlas oído; él y yo no. Cabemos juntos en la tierra; és necesario que el uno sea arrojado en la tumba por el otro. -T ú mé has dicho que serás mi esclavo- -dijo, pálida de terror Estéfana- y si yo no te veo dócil a mi voluntad, creeré que no me amas y seré horriblemente desgraciada; tú harás lo que yo te mande, ¿no es verdad? ¿Y qué te importa la vida de ese hombre? M i r a no crea que aún queda en tu alma para él un resto de amor. ¿L o creerías así, César? -dijo solemnemente seria Estéfana, ¿Por qué cruzarse entre las espadas de dos hombres que deben aborrecerse? -exclamó con acento amenazador Malatesta. ¡P o r t i! ¡Porque temo por tu vida ¡O por la suya, E s t é f a n a! í- ¡Dios m í o! T ú no puedes decir eso; yo venís a matarte y, en vez de matarte, te he dado mi alma entera, porque ha sido necesario que yo arrostre esta situación terrible para que conociera que te amaba. ¡O h! ¡I n s e n s a t o d e mí! -exclamó Malatesta- A h o r a lo comprendo todo. Satanás te ha dado el arte del engaño. Qué dices, César? -Sí, es verdad; t ú no estás acostumbrada v matar; te habías creído bastante fuerte para cometer el crimen y, al verle de cerca, al tocarle, has retrocedido espantada. ¡N o he comprendido que te amaba! A á