Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. MIÉRCOLES 4 D E D I C I E M B R E D E 1929. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G y -M á s bien parece para evitar que nadie 1 siniestros de que hay memoria. A otro? venga a agredirle. narcas se les decapitó, p- revio un simulac Trotski pasa su tiempo leyendo, escribien- de juicio. A l Zar, sin ninguna formali do, cuidándose los alifafes que le ha pro- con nocturnidad y alevosía. Sus culpas y ducido la estancia en los lugares insalubres las de la Zarina tal vez eran inmensas. R a donde sus colegas y compatriotas le tuvie- zón de más para haberlos juzgado públiron relegado. Y a la vez redacta las M e- camente. Pero las princesas y el príncipe morias que tiene vendidas a una poderosa heredero, que no había salido de la infanEmpresa editorial americana. U n gendar- cia, estaban limpios de culpa. N o podía pome turco, armado hasta los dientes, cuida nerse en tela de juicio su inocencia. ES redo que nadie pueda ofenderle. Pero el ex lato documentado hasta la saciedad, incondictador no sale casi nunca de día. Una trovertible, de la forma en que se les; mató sola vez ha estado en el muelle a despe- a tiros en un sótano, y se destruyeron sus dir a unos amigos. Los habitantes de la isla cadáveres con ácido sulfúrico, previamente no le han visto m á s que de noche. Porque, requisado, en un lugar donde los victimarios en efecto, en las noches de luna, magnífi- habían llevado las vituallas necesarias para cas en las riberas del Bosforo, suele pes- comer mientras la incineración se llevaba car un rato, sentado en las rocas, a la ori- a cabo, es, por la crueldad y la perversidad lla del agua fosforescente, mientras las l u- que revelan, cosa que le hace a uno averces de la legendaria ciudad brillan como gonzarse de pertenecer a la especie humana. una constelación difusa en el horizonte le- E n esas diligencias- -que hasta desde el punjano. Y las gentes humildes del lugar- -ba- to de vista meramente procesal constituteleros, que, al sol, recomponen sus redes; yen un excepcional, modelo para abogados, traficantes levantinos o armenios, campesi- jueces y magistrados- -se revela y se pruenos, que cuidan los huertos de rosas- -con ba, con la evidencia de las demostraciones esa propensión poética, que es la flaqueza matemáticas, la parte principal, la respony el encanto del Oriente- -ya no le llaman sabilidad directa que tuvo el Comité Central Ejecutivo, manejado por Lenin y Trotssino el pescador bajo la luna k i en el crimen. Fueron estos últimos quieLleva la vida apacible de un modesto ren- nes lo dispusieron e hicieron ejecutar, no tista retirado de los negocios. Y si no fue- con la franca brutalidad del sectario que ra por ese gendarme, cuya presencia da idea cree hacer obra de justicia, sino con la clande que algún peligro le amenaza, nadie pen- destinidad de quien comprende la magnitud saría allí que el pescador nocturno fuera del crimen que planea y temé, no ya una sanmás que un extranjero inofensivo, convale- ción inmediata y personal, sino el horror ciente de otra enfermedad y enfermo de de la posteridad cuando la verdad se desmelancolía, un poeta acaso, gustoso de dar cubra Prueba de lo que el hecho fué es a sus sueños el camino de luz que la luna que ninguno de sus dos principales autores traza sobre las ondas del Proponto. Sólo- -Trotski y Lenin- -ha confesado jamás la que, cada vez que un reportero, venciendo participación que en él tuviera. A l contralos obstáculos que impiden acercarse a él, rio la han negado reiteradamente. Sólo al logra hablarle, el romántico personaje se trabajo metódico admirable del juez Sokoquita el disfraz cotidiano y se muestra como lof- -que descubrió hasta la clave de los telo que realmente es: una inteligencia pene- legramas cifrados, en que los verdugos da- trante y ávida, una voluntad en tensión. cons- ban cuenta a Moscú de haber, cumplido las tante, un espíritu acerado y seco, vibrante órdenes recibidas y despachado a toda la de odios y de ironías, y en cuya conciencia familia -se debe el esclarecimiento de este los horrendos crímenes que le son impu- drama sombrío. Por cierto que aquí donde tables han dejado huella menos honda y tanta curiosidad parece inspirar, según la duradera que la de su anzuelo en él agua. profusión de las traducciones, todo lo que Por estos días releo las diligencias judi- concierne a la revolución rusa, no he visto ciales que para esclarecer el fin trágico de que. se haya vertido a nuestro idioma un dola Familia Imperial rusa instruyó el juez cumento tan instructivo como ese. del Tribunal de Omsk Nicolás S o k o l o f y Pero aquel crimen, minuciosamente prepahan sido publicadas en francés hace algún rado, y cuya comisión se confió a un grutiempo. F u é aquél uno de los asesinatos más po de desalmados, sin otra condición humana que la verticalidad, no fué sino el comienzo de una serie innumerable. E l mongol, que era Lenin, y el judío, que es Trotsk i cauteloso hasta en lo de haber trocado su apellido hebreo por otro de apariencia moscovita, se han vengado bien de los rusos. E l dolor que estos dos hombres han causado, ¿quién podría medirlo? Pero los tiempos han cambiado hasta la mentalidad de los regicidas. Lady Macbeth no se frotaría ahora ¡as manos para borrarse, las manchas de sangre que la hacía ver su remordimiento L o que liaría sería ponerse a escribir a máquina sus Memorias, que ie compraría a buen precio alguna Editorial americana. Y Trotski, sobre cuya- conciencia debe gravitar la muerte de las pobres criaturas, que a nadie habian hecho mal y LA ÉTNICA CALCULADORA completamente automática para todas las fueron asesinadas en ia casucha sórdida de Ekaterinenburg- -las dos princesas, que operaciones. Pedid demostraciones al concesionario para ni llorar podian, empavorecidas ante los, verdugos, y el príncipe de catorce años, tiroEspaña y Colonias: teado a quemarropa cuando se abrazaba a su padre, fusilado- ahí está en la isla r i AVENIDA PENAL VER. le. entlos. Madrid. sueña- como un burgués que ha tenido: que vender la tienda para cambiar de cuma, o SUCURSALES: Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia. Valla- como un iñte éctual que hubiera consagrado ílolid. Coruña, León, Gijón, Málaga, Zarago- su vida a puras especulaciones, meditanza. Badajo Ceuta. Meliíla. Toledo. Castellón. do, leyendo, redactando artículos y Memorias, saliendo inocente y poéticamente en las noches claras a pescar bajo la luna. no se complace nunca en descripciones eróticas, pero tampoco rehuye la más cruda realidad. A m a la libertad individual, la vida independiente sin trabas de ningún género, las bellezas de la naturaleza en aquellas tierras lejanas aún no profanadas por el progreso y la colonización. Odia cordialmente los convencionalismos sociales, la moral puritana y la vida llena de ficciones de nuestra civilización occidental. Desde este punto de vista, su novelita La Caída de Edward Bar- nard es muy característica. Edward Barnard es un joven americano activo, enérgico, muy enamorado de su novia Isabel y muy dispuesto a abrirse camino en el mundo de los negocios de Chicago. Su familia se arruina, y él decide marcharse a Tahití a trabajar. Volverá a casarse cuando haya ganado d i nero... Y no regresa ya más. A l principio, sus cartas a la novia desbordan de entusiasmo ante las bellezas de paisaje, el cielo azul y el ambiente luminoso, que contrastan con las nieblas de Chicagp. Después, silencio. N o se vuelve a saber de él. U n amigo íntimo se embarca a fin de rasgar el misterio, y, si es posible, traerle hacia los suyos. Inútil intento. E l clima sedante, la libertad de costumbres, el contacto con otra raza, han transformado radicalmente, al joven Barnard. Y a no quiere oír hablar de su novia, ni de negocios, ni de Chicago. Por nada renunciaría a su vida apacible y libre. Su amante es una indígena, y su fraternal compañero es Jackson, un antiguo estafador. T a l es la c a í d a moral y social de Edward Barnard, que contempla, horrorizado, su amigo de infancia, el cual vuelve solo a Chicago. Pero se ve que, para el autor, es una liberación individual. L a misma que i m pulsa al superhombre genial e incomprendido, al pintor Charles Strickland, de esa extraordinaria novela The Moon and Sixpence, a abandonar su familia, su patria y hasta Europa, sepultándose, vivo, en una isla donde trabaja sin cesar, obsesionado por su arte, hasta morir, al fin, solitario y leproso. E l espacio me falta para comentar la emocionante tragedia de Rain, en que la austera moral de, un pastor anglicano sucumbe bajo la influencia del clima y las tentaciones de la carne. The Outstation, en que el autor traza, cáusticamente, las inolvidables siluetas de dos blancos, de la administración colonial inglesa, cegados por fratricida rivalidad el misterio absorbente de The Letter y su sensacional desenlace, y, en fin, The Painted Veil El velo pintado) drama del adulterio y de la traición, que tiene por escenario China, durante una epidemia de cólera. Pero h a r á mal el lector en figurarse que Somerset Maugham es un escritor lúgubre o melodramático, pues su humorismo, unido al interés narrativo y a la belleza de los soberbios panoramas que descubre, nos salvan de caer en un pesimismo demasiado amargo. ALVARO A L C A L Á GALIANO EL PESCADOR BA 0 LA LUNA Cómo vive Trotski E n la isla cercana a Constantinopla, donde pasa los días de su destierro, acompañado de su familia y de sus servidores, Trotski, el ex jefe del Ejército rojo, lleva. una vida horaciana. ¿Sale mucho? -ha preguntado uri periodista americano a los naturales del país. -N o se le ve apenas. ¿Qué impresión tiene de él? -L a de un buen señor que no se mete con nadie. L o que nos extraña es lo vigilado que está. Sei á para que no se escape. MONROE Trust Mecanográflco, S. A. AMS SAN ISIDRO í raucisco Alvares. Constamina, JUAN P U J O L
 // Cambio Nodo4-Sevilla