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A B C. J U E V E S 5 D E DICIEMBRE D E 19 29. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 33. POR T I E R R A S A N D A LUZAS La triste y lamentable historia del gallo de M o r ó n En mis andanzas periodísticas por tie- rras sevillanas, he llegado a Morón y me he enterado de la. triste y lamentable historia del famoso gallo, tan popular en España como en todos los países del mundo que hablan nuestro mioma. He aquí lo sucedido, por lo que he podido averiguar: Hace mucho tiempo, cuatro, cinco siglos, quizá, debió llegar a esta simpática y populosa ciudad algún forastero, que, cual ocurre en los presentes días, quiso conocer el origen del gallo de Morón. Seguramente acudiría a un vecino del pueblo, y el diálogo, salvando los giros anacrónicos, debió ser el siguiente: -i Tiene usted la amabilidad de decirme cuál es el origen del famoso gallo de Morón? ¿Qué gallo? -preguntaría el vecino. ¡Hombre! E l gallo que se quedó sin plumas y cacareando... E l interpelado examinaría al forastero de alto abajo y pensaría: Este hombre está perturbado. Y le daría la espalda. Pero algunos días después llegaría otro desconocido, y después otro, y otro; y todos repetirían la misma pregunta. En los primeros tiempos serían soldados de los Tercios, tragineros, estudiantes de Salamanca, corredores, turistas y agentes de publicidad. Todos, sin una sola excepción, han venido insistiendo, con obstinación disculpable, en su afán por conocer e! significado de una frase popular en el mundo. En un principio los moronenses debieron indignarse. Después, durante muchos años, han venido encogiéndose de hombros. E l diálogo era siempre el mismo. -Bueno, ¿y qué me cuentan ustedes del gallo? ¿De qué gallo? ¡Porra! ¿De qué gallo? Del gallo de Morón. -i A h! No sabemos de eso ni una sola palabra... Llegaron un día a la ciudad los historiadores, esos hombres meticulosos, amarillentos y con gafas, que investigan en los archivos y que logran averiguar datos que parecen increíbles, como por ejemplo, que Colón era de Astorga. Pero regresaron fracasados a sus hogares. sin haber conseguido averiguar nada del gallo. En suma: Hora es de decirlo. E l gallo de Morón no existe; no ha existido jamás. ¿Quién lo inventó? ¿Quién pudo dibujar, con tan concretos y firmes trazos, su horrísona silueta de ave desplumada? Porque esto es lo asombroso: Si se hablara únicamente del gallo de Morón, de una manera indeterminada y vaga, podría atribuirse la especie a cualquier accidente vulgar de la vida común y corriente; pero se facilitan detalles tan fundamentales- -sin pluma y cacareando- que forzoso es admitir en el hecho una raíz histórica que algún día será descubierta. Los vecinos de Morón, después de varios siglos de angustiosa incertidumbre, se vieron obligados a pensar seriamente en el lema. Cada día eran mayores las masas de viajeros de los más apartados lugares que inquirían la historia del gallo. Y hubo que inventarla. Este es un proceso histórico frecuentemente repetido y no hemos de detenernos a analizar su desarrollo. Se lanzaron a la publicidad variadas especies, pero su misma íeetura provocará en el lector inevitable gesto de incredulidad. Se dejó a la fantasía popular la invención del mito y en esto se hizo mal. Existen, seguramente, per- H I G I E N E D E L A BOCA ¿H A TERMINADO E L SEÑOR CON E L CEPILLO DE DIENTES? NO. ¿S E P U E D E SABER POR Q U E -P O R Q U E E L D E L SEÑOR LO PERDÍ AYER, -Y ESTE M E LO H A DEJADO I A PORTERA, LO NECESITAN LOS D E L SEGUNDO. sonas especializadas que por precio módico hubieran facilitado una versión razonable y hasta matizada con nombres y datos históricos. Las tres ingenuas historias que se facilitan al forastero son las siguientes. Os ruego qué no os impacientéis ante la sencillez de los tres relatos. Se dice que en una ocasión llegó a la ciudad cierto severo corregidor, que ordenó la reclusión de todos los vecinos en sus hogares a hora temprana. Una noche, algunas personas, indignadas con la medida, apalearon al corregidor después de desnudarle, y le obligaron a jurar que se ausentaría de Morón a la mañana siguiente. He aquí, C r ó n i c a o reciente, c u r a c i ó n verdad y rápida con Tratamiento GGNOSe AJM patentado (pomada y seüos a un tiempo) Sin lavados. V. mismo puede secretamente curarse. Informes, pedidos y folletos gratis al Dr. G Zatorre. Apartado 293, Zaragoza. Venta en Farmacias BLENORRAGIA S. A G. É Selecciones Julio César pues, que el corregidor- -conocido por el Gallo- tuvo que humillarse, y por ello se dijo que se quedó sin plumas y cacareando. Versión inaceptable a todas luces. E l sobrenombre del Gallo está incrustrado en el relato, como uno de esos ripios de los poetas deplorables. Hacía falta un gallo y se inventó un corregidor. Pero no se cohoce el nombre de ese corregidor. Aunque otro dato del popularizado incidente se ha comprobado. No puede ser cierto. La frase es además inconexa con el hecho. ¿Qué plumas eran esas? No lo veo claro. Prosigamos... La segunda versión difiere poco de la anterior. Atribuye la paliza, no a un corregidor sino a un recaudador de contribuciones, lo cual es más verosímil, porque, por desgracia, no es la primera vez que ocurre. Pero las mismas razones que destruyen la fábula anterior, anulan la presente. Por último se atribuye el origen de la frase a un gallo que, en tiempo de los moros fué abandonado por los cristianos en la plaza de Morón, cuando se vieron obligados a evacuarla ante el enemigo. Este, que oía desde su campo el cacareo matinal del ave, vivió engañado muchos días, suponiendo que los cristianos permanecían en Morón dispuestos a una sorpresa; y la plaza no fué atacada. Ingenuo supuesto, que no merece ser analizado y que, en todo caso, no explica la pérdida de las plumas. No lo dudéis. E l gallo de Morón no ha existido jamás. No importa. Tampoco, es cosa probada que haya existido el Cid. Pero en realidad se impuso al cabo del tiempo. Vivió muchos años en Morón un personaje, que ahora reside en Sevilla, de quien. me han contado tales cosas, que le tengo por representación genuína de cierto carácter tradicional sevillano: el del hombre rico, dadivoso y con escasas ocupaciones. Se deduce que fué el amo de Morón. Aquí dejó amigos y enemigos, pero sus proezas- -verdaderas proezas del ambiente moderno, de la vida urbana de hoy- -quizás sean ya pasadas, quizás sean ya de ayer- son relatadas, reídas y comentadas. Un día le gastó a un amigo, presentó el Tunes, aristocrático, enen el CINE GOYA LOS TRES DESERTORES grandiosa superproducción, interpretada por WILLIAM BOYD- HOTEL COMIDA BE RITZ GAIJA D O M I N G O T E D F! MOVA 37 UNÉS, Rescrvea sus mesas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla