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Prímus- Híspanla SEÑO Sombreros fieltro e l e g a n t í s i m o s a 8 pesetas. M O J í T E L E O N 35, primero derecha, Madrid. RA S HIJOS DE HONORIO RiíSGQ, S. A, La a basé de azufre, el se cular remedio contra las enfermedades cutáneas y el poderoso enemigo de la seborrea, productora de la m á s perfecta C O C I N A p e t r ó l e o b gasolina. ÍJilíco depositario: ROGEB JORDÁN Beyes, 10, M A D R I D Accesorios y. piezas de repuesto, Reparaciones. En cumplimiento de los a r t í c u l o s 14, 15, 16 y 17 de los Estatutos de esta Sociedad, se convoca a Junta general ordinaria, que t e n d r á lugar en! Madrid, Peligros, 1, oficinas de la Sociedad, el día 27 de diciembre, a las ocho de la noche, con el siguiente O R D E N DEIJ D Í A Aprobar el balance, cuentas y Memoria del ejercicio. En caso de no haber h ú m e r o suficiente de accionen, la segunda convocatoria s e r á a las nueve de la noche del mismo d í a Madrid, 2 de diciembre de 1929. -El presidente del Consejo de A d m i n i s t r a c i ó n Honorio Riesgo. Bonitos PENDIENTES s í m i l brillantes, modernos, 50 rebaja. 15, 10, 7. 5 y 4 pesetas. Liq. Montera, 23, joyer. Depósito: IIOT e U A L U B Btliz, 18 M 9 R D MUESTRAS GRATIS A LOS SEBOSES HÉBIC 8 S LINOLEUMI INSTALACIONES DE R 1 EQO Bombas c e n t r í f u g a s y p i s t ó n instalaciones completas. Motores. Tractores. Contado, plazos. C O M P A S 1 A H E R R E R A TjO, 18, M A D R l í a precios b a r a t í s i m o s Serrano. Hortaleza, 122. INMERSIÓN D E C A P Í T A L E S A C 7 Y 8 POR CIENTO. O P E R A C I O N E S E N PRIMEA V E N I D A E D U A R D O DATQ, 6 (GRAN VIA) TEF. 16316- MADRID RA Y S E C U N D A H I P O T E C A iíjofecarios GONZÁLEZ EL 4 FERNANDEZ Y PASTELERO DÉ MADRIGAL ¡13 había sido que me defienda; yo no quiero más defensa contra ti que mi doior y mi infortunio; pero yo no podía venir sola; no puedo impedir tampoco que su lealtad íe obligue a defenderme; deja, pues, de amenazarme, Gabriel; si me aborreces, si necesitas mi sangre, yo me iré sola contigo, yo te seguiré donde puedas saciar en mí tu cólera sin que nadie lo vea, sin que nadie te pueda hacer cargo. ¿P a r a qué quiero la vida si no tengo tu amor? I Y M i r i a n se echó a llorar. Las lágrimas de M i r i a n apagaron la cólera de G a briel. N o era un malvado, sino un loco, y se conmovió. Comprendió todo lo terrible de la situación, de M i rian y sintió remordimientos. Y entonces le pareció M i r i a n tan hermosa como Estéfana y m á s pura y m á s enamorada que ella. Entonces, en un momento de reacción, comprendió toda la enormidad de, lo. que natía hecho, vio con cuanta razón estaba M i r i a n desesperada; y resuelta a todo, y el recuerdo de su pequeña hija ardió en su corazón y le dominó. -Yo estoy loco- -dijo pasándose la mano por la frente, como si hubiera querido arrancar de su Cerebro la locura. -i Sí, s i ¡E s o es! -dijo Sayda M i r i a n con ansia, aprovechándose de aquel buen momento- tú estabas loco, pero ya no lo estás, n o porque conoces tu l o cura y yo te amo, G a b r i e l y o te a m o! -a ñ a d i ó asiendo sus manos- -y t ú me amas también, ¡oh, Dios mío! t ú amas a tu hija, a nuestra hija. ¡S i t ú no podías dejar de amarme! ¡S i es que esa infame mujer te ha enloquecido! ¡T e ha engañado! ¡Si, esa mujer no, te ama, no puede amarte! ¡S i ama a otro hombre! ¡Q u e ama a otro hombre! -exclamó con la mirada vaga y el acento frío, pero colérico, Gabriel. ¡Sí, a otro hombre que ha sido su primer amante! j A otro hombre a quien en estos momentos habla sin duda enamorada, allá en el pabellón del Laberinto, en un lugar en. estos jardines que yo no conozco, porque yo nunca he venido! Pero nos lo dirán, sí, nos lo d i r á n iremos los dos y la sorprenderás en su traición. Y sin dejar a Gabriel, que contestase, M i r i a n se llegó a Yezid. -Ve- -le dijo- busca a uno de los criados, a uno de los servidores de estos jardines, y pregúntale por dónde se y á a! oabellórt del Laberinto; ve. tal modo, que no podía conocerse q e u abierta. Por esto había asistido la sultana aquella noche a los jardines de. Apolo, desde antes de que su puerta se abriese; había esperado, había reconocido, a pesar de su disfraz, a Gabriel de Espinosa; le había oído, cómo Sabemos, lo que había hablado con Gabriel y con Laureta Estéfana a la puerta de los jardines. Otra persona que hubiese oído las palabras de E s t é f a n a nada hubiera podido comprender por ellas; pero para Sayda M i r i a n fueron una alegría, porque l a permitían obrar con grandes probabilidades de buen éxitb. Así es que, apenas entró en los jardines, buscó l a laguna y ia estatua de Niobe, a alguna distancia de la- que se puso en observación con Yezid. Estéfana había aprovechado una ocasión oportuna; Be había desasido de Gabriel de Espinosa; se había perdido entre los árboles inmediatos, y Gabriel de Espinosa se había encontrado solo. Esto le había contrariado gravemente. Gabriel de Espinosa v e í a cota extrañeza, y tenía razón para extrañarlo, l a excéntrica conducta de Estéfana, su incalificable entrevista en la misma noche de su casamiento con César Malatesta, jr esto le hizo recelar y le puso en muy tóala, disposición de espíritu. V a g ó algún tiempo por los jardines, por ver si encontraba a Estéfana, y no consiguiéndolo, se fué a esperar, a cada momento m á s colérico, al lado de la laguna y a! pie de la estatua de Niobé, donde Estéfana le había dicho que volvería a buscarle. A ú n no habían pasado cinco minutos desde que esperaba, cuando se acercó a él lentamente una máscara magnífica, afectada de una manera completa en sú modo de andar, que se comprendía no era paso acostumbrado, y deslumbrantemente vestida can un ostentoso traje de patricia veneciana, y de patricia riquísima. Gabriel de Espinosa n i aun llegó a sospechar que aquella dama fuese Sayda Mirian. D é tal manera desfiguraba ésta sü paso, su actitud y h sa at su estatura, encorvándose para parecer menos a t e porque, como sabemos, Sayda M i r i a n tenía una estatura aventajada. Gabriel de Espinosa no estaba de humor de aventuras, y recibió de una muy mala manera a M i r i a n que se había detenido cerca de él. 1