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ABC. SÁBADO 7 D E D I C I E M B R E D E 1929. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 día menos de alcanzarle, a su vez, la hora adversa de la fortuna. E l escándalo del Panamá, que ahoga en sus aguas cenagosas a tantos parlamentarios, a poco arrastra hasta el fondo a Clemenceau, inutilizándole para siempre. Su intimidad con el financiero Cornelius Hertz sirve de arma a sus enemigos. Viene la época del eclipse forzoso, del trabajo l i terario y periodístico, en que el Tigre, alejado de la vida pública, frecuenta a los escritores y a los artistas, y hace frases que luego corren por todo París. E s amigo de Alphonse Daudet, de Gustave Geffroy, del pintor Claude Monet y del novelista Zola. A l estallar l affaire Dreyfus como una guerra civil en Francia, Clemenceau funda L Aurore, y en su periódico publica el famoso ¡Y o acuso! de Zola, que desencadena verdaderas tempestades en la opinión. No importa. Otra vez entra el Tigre en la arena política con todos sus ímpetus de anticlerical, de antimilitarista y de jacobino. Su marcha ascendente culmina, antes de la guerra, en 1906, en que al fin alcanza el P o der, y en que, gracias a su amistad con Eduardo V I I (amistad cimentada en las charlas veraniegas de Marienbad) logra estrechar los lazos de la Entente Cordiale. Es, quizá, su único acto clarividente de político y de estadista. Cuando, tras, de una agriada discusión con Delcassé, abandona el Gobierno, con un gesto muy suyo de altivo desdén, Clemenceau ha vuelto a ser popular en Francia por su vigorosa personalidad. Sin embargo, nadie es más odiado que él en el Parlamento, a causa de sus criticas y de sus zarpazos. E l ha definido a Poincaré: E l hombre que lo sabe todo y no comprende nada Y a Briand: E l hombre que no sabe nada, pero comprende todo A este último le clava un mote sangriento, que Briand no le perdonará nunca. Hasta cuando ayuda a un amigo político, el Tigre tiene que arañarle. A l efectuarse la elección presidencial de Poincairé, Clemenceau vota por Pams. ¿Por qué ha votado usted a Pams? le preguntan. Porque, para presidente de la República, voto siempre por el más tonto. T a l es el Tigre aislado, orgulloso, sarcástico, irreconciliable, a quien separa un abismo de hostilidad de Poincaré; a quien detestan Millerand, Ribot, Delcassé, Briand, V i v i a n i como a su peor enemigo. Y hará falta nada menos que la guerra y la invasión para realizar el milagro. Él milagro de ver alzarse al viejo Tigre frente al Águila Imperial. De verlo, en fin, convertido en símbolo del patriotismo francés y en el caudillo moral de ia Victoria. ALVARO A L C A L Á v i a 1 i 1 GALIANO lemista. Es tal la vehemencia y la agresividad de su temperamento batallador, qué sigue el combate a un mismo tiempo en la tribuna parlamentaria, en el periódico, en el libro y en numerosos desafíos contra sus r i vales. E n realidad, Oemenceau siempre tiene que situarse en contra de las personas y de las situaciones. Su espíritu irreverente, cáustico y volteriano, no respeta nada ni nadie. Pero su escepticismo intelectual- -inspirado en una desoladora filosofía pesimista, respecto a los hombres que desprecia- -se hace compatible con el apasionamiento en la acción y con el rháximo ardor belicoso. E l Tigre es en todo el hombre de los extremismos, que- ignora las zonas templadas del espíritu. Audaz, autoritario e i n transigente, si bien defiende, a sus amigos o a sus leales contra viento y marea, también se ensaña con el adversario hasta la i n justicia, y ni la muerte de éste desarma nunca su odio implacable. ¡Los odios del Tigre! ¡Cuántos inútiles enemigos le han valido! ¿Y cómo suponer que un hombre que. se niega al pacto, al compromiso, al olvido sincero u oportuno de las ofensas recibidas, nueda ser nunca un buen político? N o Clemenceau, hasta la guerra, actúa únicamente de fiscal de la República. Parece entonces un antiguo convencional del Comité de Salud Pública de la Revolución francesa. Nadie o casi nadie se libra de sus acusaciones exterminadoras. E l tumbador de Ministerios en su exaltación individualista, parece identificar la República, una e indivisible, consigo mismo. Desprestigia a Gambetta, arrebatándole su popularidad; ataca rudamente a fules Ferry, a Jaurés, a Waldeck Rousseau, y lo mismo a cuantos caudillos republicanos desfilan por el GobierTÍO sin comprender que sus campañas también logran desprestigiar el régimen. N o poi CRÓNICAS Dos DE PARÍS almuerzos interesantes E l vicepresidente del Gobierno, general Martínez Anido, ha sido obsequiado durante su breve estancia en París con un almuerzo en el Cercle Interalliée, que ha servido para poner de relieve las grandes simpatías con que cuenta el ilustre colaborador del general Primo de Rivera. A l banquete asistieron, con el vicepresidente del Club, conde de Beaumont, personalidades tan importantes como el general Lasson, ayudante del presidente de la República el duque de Grammont, el barón de Vitroil, alto funcionario del ministerio de Negocio Hubo una época en que se atribuyó al producto de la aceituna extraordinario poder- medicinal. En los días que alcanzamos, de progreso y desarrollo de las ciencias médicas, no se cree ya en las virtudes del aceite de oliva, porque existen productos científicos como el Veramon, que calma con rapidez y segundad los dolores de cabeza, de muelas, de oído y lasmolestias propias de la mujer, sin ocasionar efectos nocivos sobre el corazón ni causar sueño o ardores. eki 6 cs be i03 2O ta 6 C.
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