Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
¿Es Ud. propenso a catarros y afecciones de nariz y garganta? Adquiera sin dudar un momento El inhalante B I R K A del D r A S U E R O Preserva y cura, f En las principales Farmacias v Droguerías. Algunos d e p o s í t a n o s Madrid, J U A N M A R T I N y E D U R A N S. en C- -Barcelona, P U J O L Y C U L L E L y D r A N D R E U E H I J O- -L o g r o ñ o J O S É L. D E ARAUJO. -Bilbao. B A R A N D I A R A N Y CÍA. R I C A R D O G A L D I Z y C E N T R O F A R M A C É U T I C O V I Z C A Í N O -B a d a j o z V I C E N T E D O M I N G O S A N C H I S -G i j ó n T- E S C A L E R A B L A N C O -J a é n C E N T R O F A R M A C É U T I C O J I E N N E N S E -S e v i l l a H I T O S D E J. G A L L E G O -V a l e n c i a A G A M l -Zaragoza, R I V E D Y CHOLIZ. -Sesrovia, P A B L O F E R N A N D E Z -S a n t a n d e r P É R E Z D E L M O L I N O S. A Jerez de la Frontera, F A R M A C I A G O N Z Á L E Z R O J A S -A l m e r í a F A R M A C I A D E L C A R M E N -A l i c a n t e D E S I D E R I O R E I G -O v i e d o F É L I X S A U C E D O -G r a n a d a J O S É M V I L L A L O B O S -M á l a g a Murcia, Salamanca, Valladolid y Vigo, J O S É E S T A L A H E R N A N I (G u i p ú z c o a) f Df Cl f Ü CrCk W V aW B B fc- 9 Uf ft s B w n e s el I N S T I T U T O R E U S P R E C I A D O S 23, M A D R I D A AHIIAN AQ P r ó x i m a convocatoria p a r a administrativos, m e c a n ó g r a f o s y periciales. P a r a p r e p a r a c i ó n e n sus clases o p o r c o r r e o p r o g r a m a s y c o n t e s t a c i o T e n e m o s i n t e r n a d o T r e s ú l t i m a s o p o s i c i o n e s o b t u v i m o s 47 p l a z a s HAZAS CON 3.000 f 1 C 7 r T g PÍAS El EL AYUNTAMIENTO 1 E NADHID V I f Í X v r el p r o g r a m a oficial, c o n t e s t a c i o n e s y p r e p a r a c i ó n e n las clases o p o r c o r r e o d i r í j a n s e a l a n t i g u o y a c r e d i t a d o I N S T I T U T O R E U S P R E C I A D O S 2 3; P U E R T A D E L S O L 13, y M A Y O R 1, M A D R I D R e g a l a m o s p r o s p e c t o d e t a l l a d o T e n e m o s R e s i d e n c i a- I n t e r n a d o f V E l 70 p o r 100 de los i n g r e s a d o s e n j u n i o y s e p t i e m b r e h a n s i d o C r l I M V a r I K X J L- -p r e p a r a d o s e n esta A c a d e m i a F e r n a n d o V I 19. H a y i n t e r n a d o 5 -j Vengada. ¡E s decir, que creéis que yo no he venido también a tomar venganza de vos! ¡O h! Ya es tarde; dentro de poco os veréis dominada por un dulce enlanguidecimiento; el sueño pesará sobre vuestros ojos, y os dormiréis para des. pertar en la eternidad. ¡A h -exclamó Estéf ana- ¡Vos sois la dueña, la moradora maldita de ese palacio en que dicen vive el diablo! Y Estéfana dio un paso hacia Elena. Y aquellas dos mujeres quedaron mirándose frente a frente sombrías, convulsas, lívidas, desfiguradas, espantosas. Durante algún tiempo, ninguna de ellas ha. bló una sola palabra. Elena, Karuk dio a su vez un paso hacia Estéfana. Casi se tocaban ya. Escucha! -dijo Elena Karuk con voz sorda y, concentrada- Yo adoraba a César desde hace mucho tiempo; era mi amante; nos unía un lazo terrible, un lazo de crimen, un lazo que en vano pretendía romper; pero yo no podía dominarle; yo no podía obligarle a que partiese conmigo su nombre, a que fuese mi esposo. Había una mujer- -y el acento de Elena se hizo más sordo v más concentrado- una mujer hermosa que irritaba al mismo tiempo el deseo y la soberbia de César; una mujer funesta, que estaba colocada entre él y vo. Esa mujer eres tú. ¡Tú, a vquien hace mucho tiempo aborrezco yo con toda mi alma! ¡Tú, a quien yo no he exterminado porque he tenido miedo al aborrecimiento de César! ¡Tú, que habiendo causado la muerte de César, me ha? llevado al colmo de la desesperación y de la rabia, y me has enloquecido en furor de venganza! ¡Yo te desprecio! -contestó Estéfana con una altivez y un desdén insoportables. Elena lanzó una carcajada. ¡Pobre mujer! -dijo con un desprecio superior al de Estéfana- Insensata, que me desprecia! ¡I m bécil, que no sabe cuánto abrasa la sangre tártara que corre por mis venas! ¡Que me aborrece como yo la aborrezco a ella, y no ha buscado la ocasión de perecer conmigo como la he buscado yo! ¡A h! ¿T ú crees que yo podía ni aun acordarme de ti? ¡Qué me importabas t ú! ¡Quién eres tú, más que una manceba despreciada por é l! ¡Una mujer 1 Y FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L P A S T E L E R O D E M A D R I G A L 7 j entre los árboles Gabriel de Espinosa y ya cinco o seis esbirros, que no se sabía de dónde habían salido, se dirigieron a Brachioforte tocó un silbato y todos aquellos esbirros se detuvieron y vinieron alrededor de Brachioforte. -Nadie prenda a ese hombre- -dijo Brachioforte- de orden del Consejo de los Diez. Levantad a esa dama, llevadla al pabellón y que sea socorrida; quedaos dos de vosotros junto a ese cadáver y que nadie lo toque. Después de esto Brachioforte partió, atravesó el Laberinto a buen aso, salió de los jardines de Apolo, entró en una góndola y dijo al gondolero: -A l palacio Conti. Brachioforte había cumplido con. su deber dejando libre a Gabriel de Espinosa. La orden que le había dado el secretario del Consejo de los Diez, Rugiero Maffei, decía lo siguiente: Que ningún dependiente de la República prenda al extranjero Gabriel de Espinosa, sea cualquiera el delito oue cometiese. Pero que se dé parte inmediatamente de lo que hubiese hecho al Consejo de los Diez. CAPITULO V L Consejo de los Diez había encontrado ya demasiado lo que sucedía, y había decidido librarse de la carga de aquel protegido que comprometía a la República obrando de una manera tan, imprudente. No era la muerte de César Malatesta, causada en un lugar público y concurrido, lo único que había tenido lugar. Se hablaba con hondo escándalo y con grande conmoción de la desgracia que había acontecido en una de las primeras hosterías de Venecia. E n ella, dos damas de la alta nobleza veneciana, Estéfana Barbarigo y Elena Conti, habían causado uno de esos sucesos que no pueden oírse sin estremecimiento. Aquellas dos damas habían llegado, la una después de la otra, una noche, ya tarde, a la hostería del Gato Azul, y la primera, al tomar la. habitación, había dicho al hostelero: i -Cuando venga una dama preguntando por otra E