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MADRID- SEVILLA 30 D I C I E M B R E D E 1929. SUELTO NUMERO 10 C T S PRADO DE SAN SEBASTIAN CERCANA SUSCRIPCIONES Y SEVILLA A TETUAN, DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O V G E S 1 MOQU 1 NTO N. 8.410 ANUNCIOS: MUÑOZ 0 HKUACClüN: OLIVE, GLOSAS B E U R O N -G l o r i f i c a d o se ha ver- -o mucho me equivoco- glorificado por siglos y siglos el nombre de Beuron, lugar efe la Suabia, en el A l t o Danubio, junto a aquella parte del río limitada, arriba, por Donaueschingen, y, abajo, por Sigmaringen. M á s glorificado aún que por su Escuela de pintura religiosa, con ser ella tan interesante, por algo que abastece de idealidad l a Escuela toda, y quizá podría abastecer nuestro siglo entero. E n Beuron, en Maria- Laach, en Seckau y en el de San José, cerca de Coesfeld. monasterios de la Orden de San Benito, ha resucitado, en efecto, el espíritu litúrgico; y, probablemente, ha nacido la metafísica de la Liturgia. Porque las instituciones de ésta vienen casi todas del. pasado- -y se autorizan en la integridad y en la pureza de este mismo pasado- pero tampoco se puede negar que el momento de su aparición no era el m á s favorable para que se organizase entorno de las mismas un sistema de reflexión consciente; así como el clasicismo, en el sentido estricto de la palabra, no aparece cuando la Antigüedad, sino cuando el Renacimiento. L o que el Renacimiento significó respecto de las formas de lo profano, significa hoy exactamente, para las formas de lo sagrado católico, ésta que en Alemania se llama liturgischer Fruehling primavera litúrgica, y ha tenido por cuna la Congregación de Beuron la cual viene a ser, a la vez- -en símbolo, cuyo valor apreciará con justicia la H i s toria- la Pisa de un instintivo despertar mañanero, y la Florencia de na academia neoplatónica. O R I G I N E S -R e s u l t a r í a difícil fijar con precisión l a fecha- -y la paternidad- -de los inicios del movimiento. Y a antes de la guerra, el especial sentido religioso de las tareas cumplidas en los monasterios de la Alemania del Sur, que atraía hacia las peregrinaciones de Beuron y de María- Laach, no sólo a la clientela ordinaria e manifestaciones semejantes, sino a cierto número de miembros caracterizados de la selección intelectual y moral del país- -y hasta de países extranjeros- señala un prenuncio de esa primavera espiritual, que iba a estallar poco después del armisticio. L o señala ba, al modo de las jornadas de febrero, en que, sutilmente, ya se adivina en la luz v se respira en el aire un resplandor y un vaho primeros del áureo mayó que ha de venir. No debe olvidarse, por otro lado, que la restauración del sentido litúrgico era bandera ya levantada en la propia Roma, donde las disposiciones de los Pontífices, respecto del culto y de la vida sacramental, de la música sagrada y de l a pronunciación ritual del latín- -y aún desde antes, y en otro terreno, menos directamente adecuado, las relativas a tomismo y escolasticismo- corresponden a la misma tendencia vindicativa de la Fórmula y de la Unidad. Sería también injusto desconocer la importancia en ello del núcleo estudioso que, por aquellos días, hubo de formarse en Montecasino, especialmente atento al problpma de las relaciones entre la Iglesia y la remanencia del Cisma griego, y, con más generalidad, entre Roma y el Oriente. ¿N i cómo desconocer que un juego d e ideas, directamente interesado en vivificar el valor de cuanto, en el mundo y en la cultura, envuelve una primacía funcional de lo exterior, de lo concreto y tangible- -de la firme letra sobre el siempre resbaladizo y vago espíritu había nacido ya por entonces, y no rehusaba aplicarse a cuestiones de litúrgica devoción? Bien ha de serme lícito recordar a este propósito que, en mi propio Glosario de los años primeros, yacen páginas, no sólo reveladoras de la predilección por temas semejantes, sino generalizadoras de una teoría de lo litúrgico, que se desarrollaba en principios literalmente análogos a los que habían de encontrar expresión m á s tarde en las obras de Peter Wust o de Romano Guardini. T a n cierto es que las palpitaciones de los tiempos como las tenues sacudidas que anuncian los terremotos, pueden dejarse sentir a la vez en lugares distintos de la tierra. Y que nuestros Angeles se comunican recíprocamente nuestros pensamientos, con m á s celeridad que los libros y los artículos que escribimos y publicamos. N O M I N A -Y o ardia, el verano pasado, en deseos de acudir también a Beuron, como había ido a Dornach y a Montpellier y- a tantos otros santuarios místicos o intelectuales, de comunicación extra- universitaria del pensamiento superior. No he podido. Y ahora me figuro que tal vez vale más que haya acontecido así. Es probable que, en estos lugares, para el observador de paso la pura linea del movimiento de restauración litúrgica ande mezclada y perdida entre elementos- -estéticos, sobre todo- -del orden de aquella que, en Dornach. me pusieron inmediatamente en guardia contra la eficiencia del Fundador; y que, ya antes, me habían provocado a revuelta, contra un filósofo de tan simpática personalidad y autoridad como el ruso Solaview. Además- si el keyserlingismo se contiene todo entero en Keyserling, y no hay manera de que sea de otro modo, lo de Beuron desborda, desde luego, Beuron, y el c i r c u í de las Casas limítrofes. E n Colonia, en Bonn, en la Turingia. en Universidades y en Colegios, y hasta entre el mundo de. los escritores libres, y, a última hora, también en Berlín y en. su Universidad, trabajan promotores y maestros de esta restauración, tan profundos y tan activos, por lo menos, como los benedictinos de la Suabia. L a Primavera litúrgica ha progresado mucho, desde aquellas Pascuas de iqi 8, en que puede conside rar terminado el periodo inicial del movi miento y abierta su etapa de maduración. Hoy cabe va recoger sus flores y sus frutos en toda latitucí. Ildefons Herwegen vivía en Maria- Laach. y, desde allí, en la ocasión de fiesta que acabamos de recordar, la- zó su famosa colee ción Ecdcsia Orans, destinada a promover y profundizar el conocimiento y la comprensión de la liturgia. Pero, ya desde el primer número de la Colección, colaboraba en ella Romano Guardini, v publicaba su Espíritu de la Liturgia, que ahora empieza a conocerse igualmente en los pueblos latinos; y Guardini, entonces de edad de treinta y ¿res años, llevaba siete de sacerdocio, se encontraba ejerciendo su ministerio en Maguncia, ¿te donde había de pasar m á s tarde a la enseñanza de la Universidad de Bonn, y hace poco a la de Berlín. E n Rerlín desempeña hoy una cátedra de concepción católica del mundo (Katholische W eltanschauunq) E n Berlín, igualmente, y también desde hace poco, hállase K a r l nuestro colega y amigo de la reunión de Barcelona, el cual, consagrado principalmente a asuntos de Filosofía política (ahora mismo acaba de publicar un estudio, Die geisteégeschichtlkhe Lage des heutigen Parlamentaristmis, que sería bueno leyesen cuantos entre nosotros agitan la revisión de la cuestión parlamentaria) no deja de ser al mismo tiempo uno de los que más han profundizado en la situación intelectual y moral creada, en la conciencia contemporánea por el movimiento de Beuron; a la vez que denuncia como una enfermedad los daños persistentes causados a la cultura germánica por el antirromanismo, por el antiroemischer Affckf. Otros colaboradores cíe la colección de Herwegen procedían de los medios académicos de Friburgo o de Breslau. Nuevas colecciones, hasta cierto punto filiales, aparecen en Muenster. E l P. Josep Kramp y el P. A n tón Stonner, colaboradores eminentes también del movimiento litúrgico, no son benedictinos, sino jesuítas. Peter Wush es un renano. Él abate Stéphen, un silesiano. E l P. Pins Parsch, un austríaco Antón M a yer, un profesor de la Universidad de Frejsing; H e r m á n Platz, un escritor de periódicos. E N E S P A Ñ A -P e r o no es únicamente en Alemania donde se deja sentir la influencia de estas ideas, y donde su corriente es nutrida con nuevas aportaciones doctrinales e históricas. A u n dejando aparte por el momento el papel inicial de Roma, v a elevada continuidad que, desde este punto, adquiere su acción en la restauración de la vida l i túrgica, ¿cómo olvidaríamos nosotros la colaboración prestada al movimiento, por algunos centros españoles, como esta misma A b a dia de Montserrat, cuya publicación Vida Litúrgica tanto ha contribuido a crear, entre nosotros, un ambiente, cu a intensidad y cuyo alcance son todavía difíciles de calcular? Si algún reparo tuviésemos que poner a esta versión nuestra de un despertar universal, sería precisamente la de no haber sospechado, quizá- -ya que calcularlas no fuese. posible- estas esperanzas de intensidad y de extensión. Cierta timidez, cierto despego de la Filosofía, que reduce muchas veces a lo pastoral y a lo histórico- -y hasta a io estrictamente arqueológico- contribuciones literarias, en las cuales se hubiera podido desear mayor conciencia del hecho maravilloso de que hay aquí, para toda la humanidad, un bello Renacimiento y una. entera F i l o sofía; una concepción del mundo como es dicho en el título de l a cátedra de Romano Guardini. EUGENIO D O R S Lea mañana VSC