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escasean. P o r fortuna, un bandido, que depreda por el mar Caribe, se presenta en un bergantín y provee a los colonos de cuanto ítecesitan, a precio de oro. Embarca Ojeda tumbo a L a Española y deja el comando de los suyos a Francisco P i z a r r a E l pirata, a poco que han abandonado la costa, carga de hierros al conquistador, que debe su vida a una tempestad, pues tuvieron que recurrir a su pericia de marino para salvar el barco. Después de mil vicisitudes regresa a L a Española aquel hombre pequeño de estatura, de agilidad sorprendente y hábil, como ninguno, en el manejo de las armas. Es su viaje de retorno del entusiasmo y la ambición. H a descubierto muchas tierras; pero también ha descubierto la inania de los bienes mundanos. Era- -asienta un historiador- -valiente basta la temeridad, vengativo hasta la crueldad; tierno de corazón con los débiles y cortés con las damas; pendenciero y duelista; pero hondamente creyente y por extremo observador de sus deberes religiosos. Se refugia en un convento de francis- canos y se entrega a la oración y a la penitencia. Sintiéndose morir (1 15) suplica, que se le entierro en el quicio de ía iglesia para que todos le pisen al pasfcr, en castigo de tanta soberbia y tanto orgullo. Pasaron los años y el convento de San Francisco fué abandonado por ruinoso. V i nieron al suelo los techos, cayeron más tarde los muros. Por entre las losas del piso nacieron primero hierbas; luego árboles. Habían corrido cerca de cuatro siglos. U n buen día se descubrió una borrosa lápida a la entrada de lo que había sido iglesia. Con gran dificultad se leyó la inscripción latina: aquella lápida amparaba los restos de Alonso ele Ojeda. Entonces fueron trasladados al ex convento de los Dominicos, en la misma ciudad de Santo Doming O. Pero, y es por eso que hablo del castigo ele Ojeda, en vez de colocarlos a la entrada de la iglesia para que fueran perpetuamente humillados, como quería el conquistador, los entraron en el muro, a un metro del suelo. Allí he leído la modestísima lápida que los cubre, en la cual se hace constar la fecha del traslado. HORACIO B L A N C O FOMBONA D JOSÉ G A B R I E L N A V A R R O CÓNSUL G E NERAL ACABA OBRA D E L ECUADOR D E PUBLICAR LA ESCULTURA E N MADRID, QUE LA INTERESANTE E N E L ECUADOR E N LOS SIGLOS X V I A L X V I I I D. CANDIDO MARÍN, PRESIDENTE FALLECIDO DEL C E N T R O ESPAÑOL D E M O N T E V I D E O R E CIENTEMENTE De la Península llégale un sonoro título a Ojeda: Adelantado de Coquibacoa. Sus dominios, que son enormes, lindan con los de Diego de Nicuesa. Ambos acuerdan resolver la discusión de límites por medio de un duelo a muerte, que no se lleva a cabo gracias a ía oportuna intervención de Juan de la Cosa. Ojeda y los suyos comienzan a colonizar el territorio que hoy se denomina Babia Honda. Pero los indígenas responden a la agresión con la agresión y se combate diariamente con varia tortuna. Ojeda es herido por una flecha envenenada, lo cual causa el asombro le sus parciales que le creían invulnerable. L a pierna herida comienza a hincharse. E l es su propio médico, toma un hierro candente y lo aplica a las carnes, que chirrían achicharradas. L a herida cierra, pero el veneno indígena es muy activo no qaedará ya nunca más con cabal saluá. DE ESTATUA LA FIESTA DE LA RAZA D E N U E V A Y O R K E L DÍA D E CRISTÓBAL C O L O N E N E L P A R Q U E C E N T R A L 12 D E OCTUBRE Los víveres y l o s elementos d e catábate D E L P R E S E N T E AÑO
 // Cambio Nodo4-Sevilla