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FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL 6 t Cdrfú, aunque parece griego por el traje que viste, y el otro hombre, que parece, un espectro, es J o s é Kaivár, a quien llaman el Resucitado. ¿Y por qué se ponen esos hombres sobre nuestra vía? -dijo Gabriel de Espinosa. -N o lo s é lo que sé es que ayer a esta misma hora, cuando vos y vuestra esposa y vuestra hija entrabais en la góndola que os condujo a la Bella Génbvjsa, vi adelantar apresurados, sombríos, hacía el palacio Sforzia, a Manuel K a r u k y a José K a i v a r que cuando os vieron entrar en la góndola con el secretario del Consejo que nos acompañaba se detuvieron y entraron en otra góndola, en la cual. nos siguieron Hasta el puerto y observaron nuestra entrada en la Bella Qenovesá, después de lo cual se gerdier oñ entre los barcos anclados. -Repito, que no sé que interés pueda tener en salirhos- al encuentro ese, corsario. -Si la San Marcos apresa, como- es- probable, a l a galera de Manuel Karuk y ló coje vivo, lo que es muy fácil, sabremos por qué nos busca. -E l e n c u e n t r o hubiera sido un poco fastidioso si no nos convoyara la San Marcos, o si no tuviéramos ya casi a la voz. la valiente Leona- -dijo G a briel de Espinosa, y. se- volvió a mirar, el buque que se veía a sotavento. Estaba ya cerca, y. Gabriel de Espinosa pudo ver distintamente, con el anteojo, hasta las pestañas áfs un hombre- que estaba apoyado en la banda de estribor de La Leona y tenía el portavoz, en la mano. Id a buscar vuestro portavoz, Yezid- -dijo G a briel de Espinosa- estoy viendo, a. nuestro hermano Aben- Shariar que se prepara a hablarnos. Yezid entró en el. alcázar, y apareció a poco con un norme portavoz dorado. A h de la Bella Genovesa! -sonó entonces, partiendo de La Leona, que ya estaba cerca- Aguantad a la capa, que voy a arriar la- chalupa. Gabriel de Espinosa tomó la bocina, y contestó: -Bien venido seas, hermano. Y luego dijo a Y e z i d -Y a lo o í s es necesario capear. Id, y mandad la maniobra. A ú n no había pasado media hora, cuando atracaba una chalupa al costado de babor de la Bella Geno- trataba de vos y de nosotros; lo que quiere decir que se sabe que existís, lo que pretendéis y lo que por vos hacemos nosotros. S i hubierais sido m á s paciente si hubierais conservado rigurosamente el incógnito que se os encargó; si por vuestra impaciente ansiedad no hubierais cometido las imprudencias que han causado lamentables desgracias, promoviendo el escándalo en Venecia, nosotros os hubiéramos facilitado el camino, y antes de mucho hubierais pisado como Rey las playas de vuestro reino de Portugal, sublevado ya contra vuestro tío el Rey don Felipe. Pero habéis obrado como un mancebo loco, os habéis olvidado de las canas que blanquean vuestra cabeza, y en vanó Venecia se esforzaría por llevar a feliz, término vuestros negocios; antes que por vos, nuestra lealtad y nuestro amor a l a Patria nos obliga a mirar por Venecia; y cumpliendo con nuestra obligación, os mandamos salir de ella sin la demora de un solo instante. Pero la República, que conoce vuestra situación, no os pone en apuro; en l a Bella Genovesa encontraréis una fuerte cantidad de oro. E n cuanto a vuestra mujer y a vuestra hija, sea cualquiera vuestra suerte, nada t e m á i s están bajo la protección de la República de Venecia, a quien todo el mundo respeta. -Gracias, señor Giacomo Barba. rigo- -dijo, profundamente conmovido, Gabriel de Espinosa- Comprendo que la República no se atreva a desafiar por mí la cóiera del Rey don Felipe: nunca lo había yo pretendido; no lo pretenderé ahora; sea cualquiera el destino que Dios me tenga reservado, estoy dispuesto a arrostrarlo. Por lo demás, olvidaré lo que por mí ha hecho Venecia y la protección generosa que otorga a mi mujer y a m i h i j a y si alguna vez mis proyectos llegan a feliz término, Portugal, mientras yo le rija, será inalterable amigo de Y mecía. -Quiera Dios, señor Rey de Portugal, que pronto Venecia os cuente por su amigo y su aliado. Adiós, señor; graves asuntos me obligan a apresurar m i despedida de vos. Hola, señor Rugiero Maftei: preparaos a- cumplir inmediatamente- -dijo Barbarigo al joven- secretario, que se había presentado en la puerta- -otra comisión cerno la que habéis cumplido llevando a Civitavecchia a las dos personas que se os ha encargado, Vais a conducir a este caballero y a su