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José P. de Gracia, Pi y Margal! 9, MADRID. 78 1 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL P A S T E L E R O D E M A D R I G A L fg drigal, le recordamos con amor, porque va unido a su nombre el de la ilustre Reina a quien aman todavía los españoles, a pesar, de haber transcurrido más de tres siglos y medio desde el día en que murió. He aquí, pues, lo único que tenía de notable entonces la villa de Madrigal. Hoy la hace más notable otro recuerdo el del proceso de Gabriel de Espinosa, el misterioso pastelero- rey. Había además en Madrigal una mediana iglesia gótica y dos conventos: el uno de frailes y el otro de monjas, cuyas comunidades venían a constituir, por lo menos, la tercera parte de la población de la villa. E l convento de frailes tenía la advocación de San Agustín, y el de monjas, la de Nuestra Señora de Gracia Los dos conventos eran aristocráticos y ricos por sus extensas posesiones, que constituían la mitad de la demarcación territorial de la villa. Los frailes de misa, esto es, los padres del convento masculino, eran todos, como de la orden de San Agustín, personas de campanillas como que todos eran doctores y fuertes en la argumentación y en el ergo teólogos, juristas y canonistas, y les daba suma importancia el seminario conciliar que tenía puesto a su cargo el arzobispo de ¡Valladolid, cuyo seminario traía muchos estudiantes a la villa, que aumentaban stt riqueza y su población, aunque también es cierto que esto se compensaba con ¡los continuos escándalos producidos por los traviesos escolares y por la inmoralidad que. con sus incontinentes amoríos esparcían entre las mozas del pueblo. E l otro convento, el femenino, el de monjas de ¡Nuestra Señora de Gracia, era aristocrático, no porque las madres fuesen doctoras ni supiesen leer más que de una manera lastimosa el pesado latín de su breviario, sino porque entre las madres había una que era no menos que sobrina del señor Rey don Felipe II. Esta cualidad dé la señora doña Ana de Austria, hija de don Juan de Austria, ílabía dado al convento de QMuestra Señora de Gracia cierto carácter seglar, que no era lo más conveniente ni estaba por cierto en acuerdo con la austera severidad de su regla, que era Ja de las Agustinas Descalzas. Esto consistía en, que doña Ana, como persona real, tenía servidumbre, y más que celda, casa adherida al convento, en la que entraban y salían libremente visitas, y de la cual salíatambién con frecuencia doña Ana, habiendo témpora- das que pasaba en el campo, en una casa de recreó, con traje, costumbres y libertad de seglar. Doña Luisa de Girado y doña María Nieto, herrnanas de madre, aunque de distinto padre, nías que religiosas profesas de San Agustín, eran damas de honor de doña Ana, y la acompañaban a todas partes, ya saliese en carroza, ya se trasladase alguna, temporada a su casa de campo. Era, en fin, doña Ana una casi infanta que tenía algo de monja, aunque este algo no fuese más que sus votos, y ella creía de buena fe que no faltaba a sus votos usando y abusando dé libertades que estaban en completo desacuerdo con la regla de su orden, porque al ser monja no había dejado dé ser sobrina del Rey. Pero esto había rebajado la disciplina del convento, lo cual se toj raba, en gracia a la alta categoría dé doña Ana de A g i r í a y creyendo de buena fe que cqti ésto servían de una manera leal al Rey. E l convento; pues, estaba continuamente frecuentado en la celda d é doña Ana, no sólo por los padres graves del convento de frailes, sino también por las gentes ricas del pueblo, y por las damas y caballeros que iban alguna vez, de, 3 a corte y que venían a formar la corte pequeña de lá monja- infanta. De modo quelos dos conventos influían de una manera grave en Madrigal, le daban un carácter especial. Doña Ana de Austria mantenía una pequeña corte de gentes que influían de una manera especial sobre el vecindario, y los padres agustinos una pequeña universidad, que tal podía llamarse al seminario, porque en él se enseñaban letras humanas, cánones, teología y leyes, y los estudiantes eran, como todos los estudiantes, un elemento que no podía menos de prestar a la villa parte de, su carácter particular. Si se hubieran süprimido; est, os dos conventos, o, sin suprimirse, se hubiese quitado al uno su seminario y al otro su infanta, Madrigal hubiera sido, una villa como, otra cualquiera, con. una población compuesta de labradores ricos y pobres, devorados los unos por los otros, y de algunos pobres y escasos menestrales. Pero los frailes agustinos de Madrigal y las monjas dé Nuestra Señora Gracia 110 eran frailes y, monjas vulgares. Estaban ensoberbecidos con su seminario y con su infanta, dominaban a la justicia del i pueblo, q si se quiere Ayuntamiento, y no había casa x
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