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V I S T A D E U N O D E LOS PABELLONES D E C HOSPITAL D E EPILÉPTICOS, REGIDO POR LOS H E R MANOS D E S A N J U A N D E DIOS U N A G A L E R Í A DEL BENÉFICO ESTABLECIMIENTO cual construyó, en el plazo de cuatro años, un edificio modelo, de gran elegancia arquitectónica, con nueve amplios pabellones, que tienen sesenta metros de largo por doce de ancho y la correspondiente altura, capaces de contener cada uno cuarenta enfermos. Se crearon además dependencias auxiliares, como farmacia, laboratorio, sala de hidroterapia, etc. E l atrio o pórtico de entrada es de una severidad augusta, limpio di líneas y de gran suntuosidad. L a inauguración oficial de este Hospital de Epilépticos se celebró el 20 de iulio de 1899, en cuya fecha, con motivo de nuestro desastre colonial, el maraués de Vallejo ofreció, y fué aceptado por el Gobierno, su i n comparable institución para albergar por su cuenta doscientos soldados de los que en es- tado casi cadavérico volvían de Cuba. D a dos de alta los soldados, se empezaron a recibir los enfermos para quienes se había creado el Instituto. P a r a que l a obra del marqués de V a l l e j o tuviese siempre una trascendencia histórica, las circunstancias hicieron que su bautismo profesional, las primeras curas practicadas y los primeros dolores allí calmados lo fuesen en condiciones de tan alto patriotismo como las de atender los repatriados de nuestras guerras colonia es. E l personal facultativo estuvo formado de la siguiente f o r m a director, doctor Calleja médicos de número, doctores Fernández Robina y Cutanda Salazar. A l fallecer el doctor Calleja, quedó de director el que actualmente desempeña el cargo, doctor Rebina. Treinta años han transcurrido desde que el marqués ele Vallejo fundó el Hospital de Epilépticos, dedicado a una de las páginas más tristes de los dolores humanos. Parece algo así como si el infortunio que pesa sobre estos enfermos se transmitiese a todo lo que les ¡rodea, pues mientras otras instituciones hospitalarias adquieren popularidad, divulgan, su labor y tienen imitaciones, el Hospital de Epilépticos sigue siendo el único de España y de Europa, y en un rincón de Carabanchel. entre bosques de pinos y c i preses funerarios, permanecen olvidados del mundo y de los habitantes de la ciudad los enfermos que padecen epilepsia. E l número de camas está siempre completo. L o s aspirantes forman siempre una lista extensa. Lástima grande que sólo exista un hospital para esta dolenóia, ípues si éstos se extendiesen en forma conveniente, la c r i m i nalidad disminuiría y harían falta menos cárceles y manicomios. Como principio- de asistencia social hay que señalar el siguiente el epiléptico es, de todos los enfermos de sistema nervioso, el que más urgenci- i requiere en su aislamiento y el oue necesita ser asistido más directamente, no sólo en los ataques, sino en el intermedio de dios. Seguramente no h? v centro benéfico de tan alto sentido de humanidad como el establecido- en Carabanchel por el marqués de V a llejo. que puede presentarse como ejerimlo de institución científica y caritativa. DR. T. ALVAREZ- SIER- RA
 // Cambio Nodo4-Sevilla