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r ¿ü C M A R T E S 17 D E DICIEMBRE D E 1929. E D I C I Ó N DJ A N D A L U C Í A PAG. 7 d ¡e tres meses de inmortalidad. E r a en la tri- -obra anterior. E n jos artículos que hice sobuna y en la Prensa u n polemista cáustico y bre Primavera en España dije que no era i n violento, con cierta vis cómica, que sé des- sinuación malévola contra nosotros, sino moleía preferentemente en el sarcasmo. L o que dalidad de visión, que en Les inocents, en le señala a nuestra admiración fué su pa- Jesús la Caille, en L homme traque, l a visión triotismo de acero, que es el metal con que de París y provincias era acorde a la de debiera ser fundida su estatua... Madrid, Sevilla o Barcelona, es decir, que no usaba u n lente cóncavo para ellos y conMANUEL B U E N O vexo para nosotros, sino el mismo cristal París, diciembre, 1929. siempre. D e todos los novelistas actuales, el que me W fl 1 recuerda más a Jean Lorraine es Francis Careo. LOS LIBROS F R A N C E- T a l vez si lee esto se indignará conmigo Algunos se preguntan: ¿Cuál habría sido el destino de Clemenceau sin la guerra? E l el interesantísimo escritor francés. InjustaSES A C T U A L E S del viento en el mar libre: levantar tempesmente, Jean Lorraine no gustó a la generatades. P e r o sobrevino el acontecimiento terrición actual. Y o lo encuentro interesantísimo, ble, y aquel hombre se reveló todo entero. libros admirable, como la L o pintoresco, el patriotismo y y alguno de sus donde están los antecedenEl viento ya no desató su furia sobre el Maison Philibert, océano desierto. Encontró por delante el vetes de Les inocents y, sobre todo, de Images el españolismo lamen de una nave que iba a naufragar, y caches. E s el mismo género, la misma cru- esa nave era Francia. Todos, hasta sus ad- Aunque por la enunciación parezca, hasta deza, claro que hecho con l a mayor libertad versarios más tenaces, reconocen que salvó cierto punto, cosa múltiple y ecléctica el que hay ahora para describir ciertos medios, la Patria. Aquel anciano de setenta y tres contenido de este artículo, la verdad es que e incluso la mayor tranquilidad para estuaños, a quien se veía casi a diario pasear se refiere a una sola manifestación literaria, diarlos. impasible por las trincheras de primera lí- digámoslo a s í la del españolismo y sus i n Dice el autor, hablando de ciertas clases de nea, no añadió un adarme al heroísmo fran- terpretaciones. gentes: E s e a modo de candor me acercó cés, que estaba a la vista. L o que hizo fué Ante las necias y mal intencionadas, a siempre a ese extraño mundo, donde, a poco imponer silencio a la duda, que es el peor veces, evocaciones de España, fué este que se piense, no son mujerzuelas y adocorrosivo de la voluntad. Clemenceau decre- A B C, tan patriota siempre, quien, sin men- lescentes perversos lo que pulula, sino extó imperativamente que la vacilación era un gua de la ecuanimidad correspondiente a traños muestrarios de una pobre humanidad delito de lesa patria. Ese fué un gran acierto. un gran diario, primero acometió, lanza en turbada y sin defensa, que frecuentemente se L a democracia, que es un régimen de tenores ristre, contra as necias fantasías propaladas nos presenta en su degradación Así penparlamentarios, no hubiera salvado a la na- con reincidencia sospechosa. Dentro de m i saba Jean de Lorraine, y así he pensado mución. Se necesitaba el hombre parco de pala- habitual actuación, de los primeros fui yo chas veces y o Todos esos trucos de las cábras, en quien la idea y la acción apareciesen en protestar, demostrando la falsedad de per- maras extrañas que huelen a éter- y rosas, fundidas en un solo impulso. Y o que viví niciosas exageraciones, aunque aclarando, de los venenos sabios y los vicios misterioaquellos días en París, recuerdo cuál era el eso sí, que precisábase comenzar por señalar sos, son buenos... para pobres provincianos estado de espíritu más extendido. E n el fren- hondas diferencias entre los artículos infor- alocados o niñas turbadas por lecturas malte se batían los soldados con el. valor tranqui- mativos, las películas (forzosamente exage- sanas pero l a moral verdadera es decir crulo propio del francés de todos los tiempos, radas y convencionales) y los libros, pues- damente que el vicio no es sino miseria y pero sin esperanza, y en la retaguardia la estos últimos no podían mirarse simplemente degeneración, que el vicio es cosa de pobres gente empezaba a pensar en una paz blanca. como una información o guía, sino había gentes. L a superioridad de Clemenceau estuvo en que ver también la parte artística, conocer D e todos los novelistas perversos franceoponer a esos. dos estados morales una acti- la obra anterior del autor y los ambientes en ses actuales, es Careo el más real, y en eso el tud espartana. A l regresar del frente, al día que gustaba de documentarse. que más se parece a Jean Lorraine en la cusiguiente del revés del Camino de las D a Así, es necesario, primero, echar a un lado riosidad comprensiva. Wilde fué otra cosa; mas, dijo a varias personas: con un gesto despectivo, limitándonos a cali- valió más, pero fué afectado y convencio- -Y o fui allá con la casi certidumbre de ficarlo de insigne tontería, artículos infor- nal, muy mundano. Como era genial, halló no volver. S i las cosas no se hubiesen en- mativos y escritos técnicos sobre usos y la filosofía de las cosas, y la enunció en mendado, me hubiese dejado matar en las costumbres de España, como los de cierta máximas amables. escritora (creo coleccionados ya en un libro) primeras trincheras. Proust, además de pesadísimo, nos contó Ese era el hombre. ¿Qué hubiera sido sin que narra con detalles una corrida de con mucho talento chismorrerías mundanas; toros. Así la suerte de picas: E l hombre la guerra? H e ahí una pregunta desnuda de Michel George Michel, elegante, de buen lógica. L a aparición de la personalidad ex- consigue casi siempre escapar a ¡la a- ometi- gusto, leve, ingrávido, es frivolo; W i l l y las traordinaria ha coincidido siempre con el da del toro; no así el pobre caballo, que; si contó con una gracia más grosera, de cocheacontecimiento que lo reclamaba. S i n la Re- no muere, es, arrastrado por: ¿oí chulos sic) r o Rachilde hizo libros perversos estudiando volución francesa, ¿qué habría sido Napo- que lo cosen y vuelven a presentarlo ante la colecciones de estampas- v Colette, como se león Bonaparte? L o que ocurre- -decía Re- bestia feroz, que concluye de destrozarlo observa a sí misma, no tiene tiempo de obnán- -no es obra del azar, sino de causas en- Esto solamente puede inspirar, con un enco- servar a los demás; sólo Careo, como L o r gendradas en un pasado cercano o remoto. gimiento de hombros, una sonrisa despecti- rain, es desgarrado, crudo, cruel, y parece Los acontecimientos moldean a los hombres. va mucho más si tenemos en cuenta que tal obsesionado, hautée, por cuadros de vicio y Sin la decadencia de la ópera, 0 surge W a g- vez sucediera hace muchos, años, pero que horror. ner a regenerarla. E l hecho y el hombre que ahora, no sólo no sucede, sino que congos, Este libro, Images caches, si tiene algún lo domina no son elementos independientes. petos hay pocos pencos difuntos, y esos se Constituyen un bloque. Había, cuando Cle- cubren en seguida a la vista del público. defecto es... que es viejo. Nos cuenta cosas menceau asumió el supremo poder, dos F r a n- Después de descartar eso, anal- izar lo que que, aunque son de ayer, de hace un año o elas una, desengañada y dispuesta a capitu- realmente vale la pena, como. algunos libros, dos, son casi tan viejas como las de la S 11 bwrra romana o las de Pomtpeya y Herculalar dignamente, y otra, que no quería. sucum- es lo único que puede hacerse. Tres muy bellos e interesantes me inspi- no; cosas para uso, más aún, para explotar bir vencida o humillada. E l destino ordenó que eu aquellas horas angustiosas apareciese raron aquellos artículos, pues que fueron- dos, a los extranjeros. U n personaje del mismo el hombre que encarnaba l a segunda de las y 110 uno solo, los publicados. ¡Bravo- torol. autor lo dice: Porquevsi. es por los extrandos Francias, y su obra fué tal, que, al cabo La nueva Riviera; de las fiestas del Lido a, jeros... ¿qué opinión quieres que tengan los de pocos meses, la Francia vacilante y l a las fiestas de Sevilla, de Michel Georges Mi- extranjeros de nosotros? Algo de eso debe Francia intrépida se fundieron en una sola, chel, -y Primavera en España, de Francis haber pensado el Gobierno, pues que. respetando la libertad, las cosas absurdas de apres postura de heroísmo. Ese milagro lo hizo Careo. un hombre, a una edad en que otros de sus De. estos libros, el más virulento, crudo y- í gverre han desaparecido. años hubiesen estado sahumándose los- bron- desgarrado. era el de Careo, -a que Anato e Confiesa el autor: H e aquí acontecimienquios en la vecindad de una chimenea domés- France empeñábase en ignorar, aunque tiene, tto viejos apenas de dos años que aumentatica, entre bufandas y jarabes. ¡E r a mucho un real valor. ¡Bravo toro! encierra mucho rán, la leyenda del París nocturno. Bastante Clemenceau! ¿E l pensador? ¿El. orador? ¿E l de artístico, y en cuanto al libro: de Michel es y a que estos hechos se funden en cosa i escritor? Con esos simples títulos no parece Georges Michel, es un encanto. Tiene el barrocas y monstruosas. Pero que corran probable que el Tigre hubiera escalado las autor una visión luminosa, alegre, un goco como verdades en el público y adquieran con cimas escarpadas de la gloria. Su filosofía falsa, pero- elegantísima, de muy buen gtgto, las gentes honradas la fascinación que ¡a no ra superado la varonil y desesperada i n- de todas las cosas. hace amables, éso no podemos admitirlo credulidad de un Lucrecio, n i sus discursos E n Francis Carc se nota, aún más lo que Conforme en absoluto en eso con Careo. y sus. páginas escritas le dan derecho a más al principio dije, la necesidad de conocer la París no es eso, París vale mucho más. v vez asesinado por la masonería, que es la que manda ahora en Francia, y la que está adulterando los frutos de la victoria. Librepensador, Clemenceau iera demasiado altivo para dejarse guiar por las logias; pero su racionalismo agresivo le hubiera granjeado las simpatías de todas las izquierdas, y como el puebio le adoraba, porque el viejo luchador era la síntesis viva de sus cualidades y de sus defectos, tal vez hubiera podido realizar algo más ventajoso para la Patria que lo que han hecho los que fueron siempre sus rivales y sus críticos.