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A B C. M A R T E S 17 D E D I C I E M B R E D E igag. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. añadií nada nuevo a cuanto y a se ha dicho riscos, agrupándose las rocas, puliéndose las acerca de l a fantástica Sierra, confieso mi aristas de sus cumbies. Todo fué aquí obra emoción a las cuartillas. de transformaciones colosales, de tremendas destrucciones y nuevos alzamientos de soE s algo arriscado el camino; pero, si lo berbia. L a Belleza se alió con la I r a el fuese mucho más, aún recompensarían con Agua, con el Fuego; los Siglos, con el V i e n exceso, los rigores de la jornada las niara to. Y el eterno Poder, rigiendo los impulsos villas de piedra que Dios ofrece al hombre de las fuerzas entrañables de la Tierra, asinen E l Torcal antequerano. tió al horrible concierto de las contrarias Genios de las más varias categorías han energías un segundo de su Edad Infinita; no errado sus miradas atónitas por estos l u- más fué el tiempo incalculable de las congares grandiosos, para los cuales todo elo- vulsiones que plasmaron E l T o r c a l de A n gio es pobre y toda voz mezquina. L o s más tequera. vibrantes ecos, los versos más sonoros, las Suspendidas las absurdas alianzas, huyé, A N T O N I O D E H O Y O S Y V I N E N T armonías más audaces, si se refieren al TorParís, diciembre, 1929. cal, resultan débiles expresiones del senti- ronse! os monstruos de la Naturaleza espanmiento. Sólo el fervor humilde y el mur- tados de sus arbitrarias actuaciones. Y quemullo del alma hecho asombro pueden, fren- dó bajo el cielo andaluz esta ciudad en desorden, tan bella, tan M A R A V I L L A S D E A N- te a estas gallardas. moles gigantescas, tra- magnífica soledad, eninmensamente bella, en brava desolación, en ducir a tono conveniente las emociones. artísticas ruinas. N o podrá el hombre imaDALUCÍA Es cierto que E l Torcal ha sugerido magginar nunca nada construido que sea comníficas páginas de arte que fueron deleite E J f a m o s o T o r c a! d e A n t e q u e r a de nuestro espíritu y noble evocación de Jas parable con esta destrucción extraña: destrucción contenida, destrucción que perduFué en mí, desde niño, una gran obse- famosas torcas; mas, para conceder magni- ra, destrucción maravillosa; puesto que todo, sión visitar E l Torcal. Conocí sus encantos tud a tales reflejos de belleza, hubimos de dentro de ella, se m a n t o i e hasta los equipor fotografías y relatos más o menos poé- estar a distancia. de la realidad inspiradora. librios pétreos más inverosímiles. ticos, y sentí, durante mucho tiempo, el- ar- E n ésta, aquéllos, se nos aparecen atenuados E l hombre no concibe sino la destrucción diente desea; dé. contemplar los raros parajes por la majestad milenaria y el silencio infique despertaron con tan tenaz apremio mi nito de dioses, que señorea densamente el progresiva. Por lo mismo, ésta del Torcal, vasto roquedal, y se amplifica y reparte por que permanece estacionaria, le adarva, porcuriosidad infantil. Después de logrado tai ingenuo anhelo, la sierra, metiéndose en ios más encovados que es lo imposible realizado. experimento, la misma sensación que cuando rincones, penetrando la dura materia para E n E l Torcal hay calles. E n E l Torcal hay simas. E n E l Torcal hay seres: seres hube de recorrer los balconcillos de E l Cho- preñarla de misterio. rro, en otra jira, también memorable: una E l Torcal es un dédalo de espíritus fuer- inmortales de piedra. sensación ¿e debilidad para describir lo mu- tes y burlones; ciudad encantada, que el De pronto, un agora nos sorprende, y en cho v muy intensarnente admirado. tiempo labró con, paciencia a golpes de ca- nuestra fantasía surgen m i l reminiscencias Ahora, como entonces, á pesar de mi re- taclismos. de nuestro escaso acervo cultural. L a H i s conocida pequenez, la audacia de la pluma) Las construcciones de esta ciudad son sus toria nos acuna- en sus brazos con deleite; y, se resiste a dejar inéditas mis precarias im- propias. ruinas. E n el cHirsofjjde tes mile- cuando más embebecidos nos hallamos, un presiones. Y aun- a: -sabiendas- tíe no poder I nios friéronse derrumbando sus ingentes detalle nos arrebata del tierno embeleso para 1 Pero, entonces, ¿por qué ver en España cosas que en España sí que no existen, ni para uso de extranjeros que buscan lances raros. Y a que los demás, cuando les llega el turno, protestan, ¿por qué no clamar los españoles muy alto que son sobrios, castos, fuertes, abnegados, generosos, desinteresados? Hombre! por una vez, ya que los demás tienen buen cuidado de sacudirse el sambenito, aunque les produzca dineto, ¿por qué no sacudírnoslo nosotros, cuando es injusto y no nos produce nada? v 3 S F r T O K r L, C- THDAO 1 W C A V T A O A O U E K L T I E M P O T- ATVRO C O N P A C I E N C I A A GOLPES K CATACLISMOS