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A B C M I É R C O L E S 18 D E D I C I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 6 r 3 f sigan sus violentas campañas en L Aciion Franqaise contra Malvy y Caillaux, para desenmascararlos. Después, ante el asombra general, se atreve a- desterrar a uno v a encarcelar a otro. ¡E s da Dictadura! claman, aterrados, los demás, políticos. Desde luego, pero ana Dictadura de legítima estirpe republicana: la que han aceptado Grecia v Roma en los momentos de peligro nacional; la de un Danton o un Robespierre en las horas culminantes de la Revolución francesa. Aunque ¡hayan querido tacharle de reaccionario por sus métodos de gobierno, Clemenceau. corriendo al frente y reanimando a los soldados con su iiatriotismo fervoroso, no es sino uno de aquellos jacobinos que con el cfército revolucionario supieron, en una oleada de entusiasmo, vencer al invasor en Valmv v en Temmapes. Su misma mano dura contra los patriotas tibios, su sistema inquisitorial de represión, están en perfecta concordancia con el del Comité de salud pública del 03. Tenga usted mucho cuidado -advierte a un político eminente, que en JOS pasillos del Parlamento siembra el pesimismo y la desconfianza- oorque voy a hacerle á Usted arrestar, y hasta fusilar, Si es preciso. Y el político palidece, pues sabe que en boca del Tigre aquello no es una vaga amenaza. Bien es cierto que él es el primero en dar muestras de valor y de energía ante el enemigo. Una ocasión, entre tantas, revela el temple del gran patriota. Y es aquella en que el Ejército alemán hunde LEjército inglés. del general Gough, quiebra el frente francés, obligándole a replegarse; amenaza Amiens y abre una brecha entre los aliados, dejando de nuevo libre el camino de París. En la capital la emoción la Providencia- que supo salvar a Francia. es enorme y la inquietud general. En el Fué el luchador que luchó por. el pueblo y Parlamento los pasillos se ven invadidos por el Ejército, al par que él verdadero dictauna muchedumbre exaltada, que vocifera, dor que se impuso al Parlamento. Tuvo in ¡Esta vez es el fin! ¡Hay que destituir a tuiciones geniales: la de conseguir para Foch Foch! Hay que juzgar a los responsables! el mando supremo de los Ejércitos aliados; ¿Y el Gobierno? ¿Qué va a hacer el Gobier- la de restablecer en su puesto al general no? ¡Los alemanes marchan ya sobre París! Mangin, inutilizado por intrigas políticas, la Rodeado por sus adversarios, que en vano de otorgarle su parte de gloria a los jefes, ocultan su satisfacción, Clemenceau mantie- suprimiendo el anónimo de la censura oficial. ne su firme propósito de sostener en su pues- Por una ironía del destino, este antiguo antito al general Foch, de resistir el choque, de militarista resultó ser el sostén del Ejército rehacer el frente. On liendra jusqu au íoui francés, el caudillo civil de los soldados, que le aclamaban en las trincheras y le pusieron Exasperados, le gritan: Pero i y si el enemigo llega hasta París? el glorioso mote dé Le pére la Vicioirc... Y, en efecto, sobre las alas de la. Victoria Nos batiremos dentro de París. encabeza el viejo Tiara la marcha triunfal que ¿Y si toman París? Nos batiremos detrás de París, que no es libera la tierra de Francia, arroja al águila sino, una de tantas ciudades francesas. E l invasora y devuelve la Alsacia y la Lorena a Francia. Así entra Clemenceau en la HisGobierno se quedará en su puesto. toria, tan grande entonces como Thiers, ha Y en seguida el zarpazo del Tigre: convertido en realidad el sueño patriótico de Por de pronto, he mandado suprimir el Gambetta, de Boulanger, de Dérouléde, de tren para Burdeos. (Alusión sangrienta al Barres. Desde el armisticio hasta ¡a paz, es rápido traslado a Burdeos del presidente Poin- el ídolo del pueblo francés, cuya popularicaré y del Gobierno de Viviani en 1914. dad le eleva por encima de todos los homHe aquí la grandeza moral, la íe patrió- bres y los partidos. Las naciones aliadas le tica de Clemenceau. Cuando todo parece ce- rinden los máximos homenajes de adhesión der, la mismo el frente militar que el espí- y de respeto. Pero la carrera política del ritu ciudadano, él permanece firme como una Tigre ha terminado. E l viejo luchador, que roca. ¡Admirable anciano! ¿Cómo sorpren- logró vencer en la guerra, ahora fracasará derse que su ejemplo enardeciese los ánimos en la paz, y sus adversarios políticos, coalihasta, alcanzar la victoria? Sin Clemenceau gados, impedirán que alcance la satisfacción hubiera sido imposible el tfitmío final. En suprema de entrar en el Elíseo como presieso están de acuerdo incluso sus enenrgos. dente de la República francesa. En la hora trágica de la duda fué el hombre providencial- -aun cuando 110 creyese en ALVARO ALCALÁ G A L I A N O Anme ta en abundaneia la léele a las madre SEfiORA: lío. es cierto que está, decidida a poner de s u paite todos los cuidados para lograr que su tierno í i i j i t o s e desarrolle h a s t a l a máxima corpulencia? Los primeros cuidados deben ser procurarte una alimentación abundante y pica. Si supiera e l bien inmenso que está, haciendo a l a infancia, el ROS VIDA IWret, llevando a la madre la satisfacción de ver a su ¡hijo sobradamente satisfecho cada vez que le da el pe cilio. -Ño es más que una tiortíbata del jugo de plantas lecheras que eomen instintivamente los mamíferos cuantío tienen necesidad de iactar. EN EL. E M B A R A Z O R 0 B- V 3O A Núm. l. Combate! a albuminuria, dolores, vómitos y molestias propias del estado, desarrolla y fortifica el feto, tonifica a lá madre y predispone para u n parlo feliz y ¿eche abundante. EN LA LACTANCIA: ROB- V 1 DA N ú m S. Aumenta ta. cantidad de lecflie, ia enriquece en caseína y manteca y repara a la madre el desgaste que sufre por la lactancia. Es un preparado científico formulado a diario por ios m á s afamados especialistas. GonsúReüo a su Doctor En farmacias y en Laboratorio Miret, San Pedro de Eibas (Barcelona)
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