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ITÉCNICA ida p o r D. A n t o n i o T o r r e s c o m a n d a n t e de Infantería d i p l o m a d o de E. UE HA 5 HGJE: SAOO MAS- -ÁLUM oango. co C A S A O! B A R B A PURA; se a f e i t a- m a l c o n m a q u i n i l l á p o r q u e l a hoja, es- t r e c h a- y d e l g a f l a DteTaVe el filo en seguida. La nueva navaja americana D U R H A M- DÚPLEX tiene hoja gruesa y anStl- ESADO PARA E S Í J A Ñ A r COLÓJUlAS E O L E Y K U M cha, distinta de TODAS SAN SEBASTIAN (G U I P Ú Z C O A) D A O T A O O 118 L A S D E M Á S Se fabrica d e a c e r o s u e c o d e S a n d v i k e n se s o m e t e a t r i p l e t e m p l e y t i e n e p e r f i l h u e c o E s l a hoja Ú N I C A Y V E R D A D E R A y l a navaja, sencilla y dócil en l a mano, no sólo afeita, sino pule la cara, sin i r r i t a r l a piel. P i d a d e m o s t r a c i ó n en las b u e n a s C a s a s v e n d e d o r a s de artículos de afeitar, j ry E nrique Mirgt E poy Olózaaa. I D MADR V. -ír, fi i F i g u r a s Citsítas, molinos y not iaa a movidr: r r t o r -i; no C a p í r r a) 56 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L F A S T E L E R O D E MADRIGAL) 93 1 bastían existe, que ye apod; ra de su reino d e P o r tugal, que se l o arranca de entre las manos y que la esposa del Rey de Portugal es monja profesa, la hija de don Juan de Austria, a quien él sepultó e n el claustro, después de haber sepultado a su padre en la tumba. -M e estáis envenenando el alma- -exclamó doña A n a profundamente conmovida- ¡O h y cuánto aborrecéis al Rey don Felipe! -S o y portugués; ¡veo a m i patria esclavizada, desangrada, abatida, sujeta al yugo ominoso de un tirano sombrío- y cruel; sólo- por el amor de mi p a tria esfoy. en Castilla; sólo. por. mi patria vivo hace? al- gúno. s, años, en Madrigal, porque vos, e n quien yo había puesto- los. ojos desde eLmomento en que s u p e que. e l R e y d o n Sebastián vivía en África, eráis monja en este convento; s ó l o por trataros d e C e r c a por. ganar vuestra, cc nfiapza y vuestro corazón he pretendido, ser, y lp he sido, vicario d e este c o n vento; yo sé. qué, puedo fiarme de Vuecencia; yo sé que si Vuecencia no se, atreve a tomar sobre s í l a grande empresa que l a propongo, Vuecencia guardará el más profundó; secreto. Pero las desgracias del Rey don Sebastián, la, necesidad que tiene d e vuestra, ayuda y el generoso corazón de Vuecencia, me mueven á. creer; que mis afanes durante tantos años no habrán sido inútiles; que Vuecencia comprenderá que la. justicia de Dios quiere lo que yo la propongo y accederá a ello. ¿Y sabéis vos si el Rey d o n Sebastián, querrá s e r esposo de una bastarda? -Una hija natural del señor don- Juan, d e Aús tria, reconocida por él, puede, ser esposa. del- más grande Emperador de la tierra. ¿Y consentirá él Papa; -Éste es asuntó resuelto; para fijlo sólo voy a Roma. ¿Y dónde, está el Rey don Sebastián? -E n Venecia, secretamente amparado p o r aquella Serenísima República -E n Venecia dicen que hay hermosas y nobilísimas damas- -dijo con acento d e celos y ruborizándose vivamente doña A n a -E l Rejr don Sebastián sabe ya que Vuecencia r 1 haber usado unos borceguíes moriscos que tenían entre la entretela una substancia venenosa, y que quien le había regalado aquellos borceguíes sabía que daba con ellos mucho gusto al Rey don Felipe. ¡Callad! -dijo doña A n a poniéndose mortalmente pálida- Sobre nuestra familia pesa sin duda l a maldición de Dios. -V o s lo sabéis: el Rey don Felipe encontró muy a su gusto que el 4 de agosto, de 1578 desapareciera en los campos de- Alcazarquivir su sobrino el Rey don Sebastián, y que. el i. de octubre; del. mismo año muriera en Flandes, en. el campamento, cerca de Namur, su hermano don Juan de Austria. L a fortuna le sonreía, pero le. sonreía de una manera horrible; la desgracia del Rey don: Sebastián, en África dejaba el Trono de Portugal a un hombre débil, al cardenal don Enrique, tío del Rey, a quien se creía muerto; el crimen mataba dos meses, después el, gran don Juan de Austria, que estaba próximo, a isqr. Rey de Inglaterra por su casamiento con la Reina Isabel, lo que hubiera dado grand. es disgustos al Rey don Felipe, y no es esto sólo: diez, y siete meses después, el 31 de enero de i. eSp, muere eí Rey don, Enrique de Portugal, en ocasión en que. tenía Cortes, en A l meirín para tratar. de la sucesión de la Corona; y cuando acontece esta muerte, se habla, también de veneno, a pesar de que bien pudo morir de viejo don Enrique, porque ya contaba sesenta y nueve años y era débil y enfermizo; pero esta muerte sucede cuando interesa al Rey don Felipe, cuando el estado llano de Portugal se sublevaba en las Cortes, pidiendo que la sucesión a la Corona no fuera por herencia, porque de este modo Portugal se uniría bajo Felipe I I heredero pof la sarjgre- tle ¡cardenal don Enrique, a la Corona dé Castilla; cuando el. débil enfermo y Viejo Rey se doblegaba asustado ante el tumulto del estado llano y los embajadores del Rey don Felipe protestaban enérgicamente contra toda sucesión que rio fuese por agnación rigorosa; y aún estaba caliente el cadáver del Rey, -don Enrique y los gobernadores del reino no se entendían, y don A n t o nio, prior de Ocrato, reclamaba l a corona, y P o r tugal se despedazaba en bandos, cuando el duque de Alba entró en el reino con un poderoso ejército que el Rey don Felipe enviaba para sostener, con 1