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AVISO E n la Gaceta de Madrid correspondiente al d í a 8 del actual se inserta el anuncio del concurso que c e l e b r a r á esta Junta de f o r m a c i ó n del plano de ensanche de la ciudad. E n dicho concurso se conceden tres premios de 8.000 pesetas para los tres mejores anteproyectos y otro premio de 45.000 pesetas para el proyecto que resulte elegido. E l pliego de condiciones para el concurso se encuentra de manifiesto en la S e c r e t a r í a municipal para ser examinado por quien lo desee, y se facilit a r á copia del mismo al que lo solicite. L o que se hace p ú b l i c o para general conocimiento. Ceuta, diciembre de 1929. -El secretario, Alfredo Meca. aa. 755 Es nueva. Rectificado de cigüeñales y cilindros Talleres m e c á n i c o s Madariaga, P r í n c i p e Vergara, 26. ESTUFAS PARA petróleo, ÚNICAS, s i n olor y de consumo reducido. A S A D O R E S p a r a aves, gran variedad. B A TE. RIAS de cocina incomparables. Precios baratos. 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H a b i é n d o s e acordado el pago del c u p ó n n ú m e r o seis, vencimiento 1 de enero de 1930, de las Obligaciones de esta Sociedad, se pone en conocimiento de los tenedores de las mismas que el p a g o t e h a r á efectivo en los siguientes Bancos: Banco Central, Madrid; Banco de Bilbao, Madrid; -Smith Horn y Cía. Madrid y Bilbao. Madrid, 18 de. diciembre de 1929. -E l director gerente, IVais M de Fa acio. CEÍEÜT 0 S COSÍOS, 8, A. 104 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 101 tenecía el emir Aben- Shariar. Su Alteza el Bey de Túnez estaba fieramente indignado; no le bastaba haberse apoderado de los bienes, de las naves, de los tesoros, de la esposa, de los hijos, de la familia, de todo cuanto era de Afaen- Shariár, sino que r u gía como tigre hambriento porque no podía apoderarse de l a cabeza del emir, para que sirviese de escarmiento a los traidores, clavada en lo más alto del alminar de la gran mezquita. Los crímenes de Aben- Shariar eran, en efecto, terribles para el Bey. Aben- Shariar había protegido abiertamente a un Rey cristiano; había llevado el traje y había v i v i do en las costumbres de los cristianos; había servido a Venecia, la eterna enemiga de los piratas de la costa occidental de África sobre el Mediterráneo, hasta el punto de formar parte del Consejo de los Diez de aquella aborrecida República y, por último, había ayudado a una galera de V e necia contra un corsario. Su Alteza, pues, declaró traidor a Aben- Shariar, se apoderó de su hacienda y vendió como esclavos a su familia. Cuando Aben- Shariar supo esto, volvió los ojos al cielo, desesperado. N o podía acontecerle otra cosa ni peor ni m á s terrible. Su pobre familia esclava le hizo llorar llanto de fuego, y vendió lo único que le quedaba: la Bella Genovesa, con su rico cargamento de miercancías venecianas. Y como a Su A l teza el Bey le importaba mucho más el dinero que la desesperación del emir, la esposa de Aben- Shariar, l a hermana de madre, de Sayda M i r i a n F a t i matu 1- Noemi y sus cuatro hijos, fueron entregados a la República de Venecia, que anduvo en el trato, y Aben- Shariar tuvo al fin el consuelo de saber que si todo lo había perdido, su; esposa y sus hijos no eran esclavos y estaban en tierra de cristianos, bajo el generoso amparo de Venecia. Y el puesto de Aben- Shariar en el Consejo de los Diez no se había ocupado aún, porque a ú n no había sido juzgado monseñor Pietro Mastta. E l Consejo de los Diez nada tenía ya que temer de, su miembro ausente. Aben- Shariar, que lo veía perdido todo, se veía obligado a servir lealmente a la República. P o r lo tanto, monseñor Pietro Mastta: recibió en P a r í s un decreto del Consejo de los Diez roe de extrañas y sangrientas aventuras. L a Bella Genovesa había aportado al puerto de Marsella, y desde allí Gabriel de Espinosa se había trasladado a París, buscando el amparo de Enrique I V Se habían tenido conferencias entre este Rey, Gabriel de Espinosa, el duque de Vendóme y Antonio Pérez, que, como secretario que había sido- tantos años de Felipe I I y tan de su confianza, era una persona de cuyos consejos no se podía prescindir, tratándose de un asunto tan importante. Pero Enrique I V no era muy espléndido ni muy aficionado a tener junto a sí huéspedes tan peligrosos como aquel Rey resucitado, propietario de un reino del cual tenía la posesión un Rey tal como Felipe II. Enrique I V contemporizaba cuanto podía, evitaba cuanto podía las guerras, cuando. no las tenía, y cuando las tenía excusaba toda complicación. Ique pudiera dilatar el día de una paz honrosa y conveniente para la Francia. Por lo mismo, d i o muy buenas esperanzas a G a briel de Espinosa, porque Enrique I V si no era pródigo de dinero, no escaseaba las palabras; le dio alguna cantidad, que no pudo buenamente excusarse de darle; algunos regalillos indispensables, y le puso fuera de su reino, logrando con su buena política que Gabriel de Espinosa le creyese su amigo y dispuesto a hacer por él todo lo que pudiese, y que Gabriel de Espinosa tuvfcse tanta ansia de salir de Francia para comenzar su empresa como Enrique I V de verle fuera de ella y librarse de. un compromiso, que, sin haberlo podido él evitar, se le había v e n i do encima. E n la familia de Gabriel de Espinosa habían: acontecido cosas harto graves durante su permanen- cia en P a r í s L a reacción que se había operado en Gabriel de Espinosa respecto a Sayda Mirian por los trágicos acontecimientos de Venecia había desaparecido. Sayda M i r i a n que una vez en su vida se había creído amada, comprendió con dolor que Gabriel de Espinosa no la había amado nunca; lo que era peor aún, que no podía amaria. Gabriel de Espinosa era uff ser impresionable, que se engañaba y engañaba mientras duraba la fuerza de la impre-